| Una
importante empresa de Internet confía en su honradez
Alfonso Navalón
Contábamos hace poco el calvario
de Rosa Jiménez para mantener su independencia
en medio de la una profesión de chupones y pesebreros.
Se le han cerrado las puertas por “estar en la línea
de Navalón” y mantener su criterio por encima
de otros intereses. Tuvo que marcharse de “Tribuna”
por no mezclarse con el lameculos torerista de José
Antonio del Moral y otra vez cuando llegó el impresentable
gerente José Luis Pastor que entregó las
páginas taurinas al chorizo del Prostituto Fenicio
y sus dos choricillos.
Ahora una empresa de Internet ha confiado
un puesto de responsabilidad valorando la valentía
y el servicio al lector que tanto le ha costado mantener.
Rosa, que ha escrito gratis muchas veces, tendrá
ahora un sustancioso salario de unos cuarenta mil duros
de los de antes, que aunque para ella no tengan mayor
importancia son un estímulo a su labor.
Lo malo de Rosa es que va a tener que
enfrentarse a la pringosa compañía de “La
Lirio” que también trabaja en la misma organización
con esas crónicas almibaradas y tendenciosas donde
le pierden sus arrebatos sentimentales por ciertos toreros.
La historia de Del Moral está llena de cambios
tan sospechosos como ser el mas apasionado devoto de Antonio
Ordóñez y acto seguido pasarse a las filas
de Paquirri honrado trabajador, bastote y hortera sin
la menor semejanza con el majestuoso Ordóñez.
Mal matrimonio va a hacer con la limpia
ejecutoria de Rosa. Creo que el sitio más adecuado
para “La Morala” será formando pareja
con “La Flor de Villarino” un pobre analfabeto
del periodismo que está enamorado de Javier Valverde.
La guerra puede estallar cualquier día.
Rosa no va a tragar con la cambiante ideología
de un mariquita cuando ella los tiene mejor puestos que
muchos hombres. Pero confiamos que si a Rosa le han llamado
por decente y por valiente no la van a cambiar por un
espécimen que le gustaría ir con mantilla
y peineta a la feria de Sevilla. Lo malo es que siento
calvo no puede colocarse la peineta, ¡qué
lata!
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