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Ahora piden "solidaridad"
para salvar el dinero de la temporada
El descaste, el afeitado y la suerte
de varas son un peligro mayor
Alfonso Navalón
La situación es mucho más
grave de lo que parece y con las nuevas normas de impedir
el regreso de los sobreros a las fincas o del plazo máximo
de 70 horas para permanecer los toros en los corrales,
pone muy difícil la celebración de la próxima
temporada, donde se mueven la friolera de casi 20.000
festejos populares y 2000 espectáculos mayores
donde se juegan miles de millones.
Hasta ahora los responsables del negocio
taurino habían permanecido indiferentes ante la
grave crisis del toreo. Empiezan a reconocer que esto
va muy mal, que el público ha vuelto la espalda,
que cada vez es mayor el cerco de los enemigos y que el
espectáculo tiene poco interés. Pero no
mueve un dedo por evitar el desastre que se avecina en
cuanto al futuro y el claro rechazo de los jóvenes.
Eso es mucho más grave que el mosquito
ese de la lengua azul. Saben de sobra que si continúa
el afeitado a mansalva, si los toros embisten sin emoción
sin fuerza y si encima en poco más de un minuto
los picadores asesinan al toro que llega moribundo a la
muleta, el final del espectáculo está mucho
más cerca de lo que imaginan. Pero mientras tanto
siguen ordeñando la vaca de las taquillas. Como
hay menos dinero, se paga poco a los ganaderos y muy poco
a los toreros , para que sus ganancias sigan intocables.
Pero nadie pasó por acabar con las estafas y los
atropellos que están dejando las plazas vacías.
Ahora piden solidaridad y cerrar filas
para que la temporada pueda darse con normalidad. Para
que no pongan en peligro los millones que ganan todos
los años. Pero ninguno ha dado la voz de alarma
para ofrecer algo más digno y menos falso. En Francia
cortan por lo sano y plantan guerra al afeitado, inhabilitando
a los chorizos del serrucho. Aquí el afeitado se
da por hecho y no hay ni la menor intención de
desterrarlo. Se afeitan hasta las corridas de toreros
de segunda fila que jamás gozaron de tal privilegio.
Lo de las figuras ya se da por sentado y todos tienen
contratado un afeitador fijo en su cuadrilla.
Ante semejante desvergüenza nadie
se escandaliza ni da un paso para darle al público
pagano una fiesta más decente y auténtica.
Han vivido y siguen viviendo del fraude.
Ahora cuando apareció el mosquito
de la lengua azul y la autoridad ha marcado normas tajantes
todos se echan a temblar porque se les acaba el momio.
Ahora piden solidaridad. Es cierto que las medidas sin
desproporcionadas y que se van a apuntillar innecesariamente
toros aptos para el espectáculo. Para salvarse
han empezado ya a imponer otra trampa con la complicidad
de los veterinarios: En Castellón se dieron por
válidos toros de Álvaro Domecq que no podía
pasar el reconocimiento. Ni por presencia ni por pitones.
Se aprobaron toros rechazables para burlar la obligación
de apuntillar los que volvieran a la finca. Se engañó
al público. Pero el negocio estaba salvado.
Sólo merecen desprecio
Han esperado a lo irremediable. Hace tiempo
que se conocían estas normas a todas luces exageradas
e innecesarias. Leyes dictadas por burócratas desconocedores
de la vida y las enfermedades del toro. Pero los vividores
del toro han tenido tiempo de invalidarlas y abrirle los
ojos a la Administración del Estado de la ruina
que se avecina.
Sólo se han movido ante hechos
consumados y cuando ya están programadas las primeras
ferias, sin tiempo de dar marcha atrás.
Ahora piden ¡solidaridad! Y nos
la piden al público, a las peñas de aficionados.
A los mismos que llevan estafando tantos años con
la bestialidad del afeitado, de la carnicería de
los puyazos, de las trampas de un toreo ventajista, de
la vergüenza de los periodistas vendidos y engañadores
y de toda esa banda de sinvergüenzas que han vivido
de robar al público. Piden ahora solidaridad y
el apoyo de las víctimas de su egoísmo.
¡Ayúdanos para seguirte engañando!
Cuando seáis capaces de ofrecer
corridas de verdad como las que tiene derecho a ver el
que paga la entrada, entonces y sólo entonces os
ayudaremos a defender vuestro negocio. Mientras sigáis
destrozando la integridad del toro y la decencia del espectáculo
sólo merecíais desprecio.
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