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El padre de Bertin Osborne ligaba
más
El perdedero de Paco Camino en la carretera de Galapagar
A veces me dan tentaciones de contar todo lo que he vivido
entre los personajes del mundo taurino
.fuera de
la plaza. Por ejemplo como una noche de feria, me encontré
en la cama de un hotel a Ángel Teruel con una señorita
burguesa que escribía de toros como disculpa de
tirarse a todos los toreros que se le antojaban. Ahora
la tal salida ostenta un importante cargo político
dentro del Gobierno de la Comunidad de Madrid. Podía
contaros como una noche de Bilbao, justo después
del escándalo de el Cordobés cuando intento
derribar la puerta de mi habitación, una deslumbrante
señora de Huelva, me llevo al huerto ¡pobrecito
cateto de mi! .Y cuando acabamos con la sudadera,
en la mesilla de su habitación descubrí
unos gemelos de oro de un famoso torero que había
pasado la noche anterior en la misma cama ¡Que
sorpresa! , se trataba de un hombre muy serio, muy
comedido y muy prudente que nunca había dado en
que decir. Cuando me veía en algún lío
de faldas, en vez de recriminarme preguntaba por mi mujer
y mis hijos, por si la furtiva no sabía que servidor
estaba casado. Los gemelos de oro tenían dos iniciales
grabadas en letra inglesa: S.M. ¡adivina!
Puedo contar que una vez tuve un romance con una chavala
que siempre se frenaba a la hora de la verdad. Nos pegábamos
unas fiestas apoteósicas pero no había forma
de rematar la faena. Un anochecer en un coche dentro del
Retiro me sorprendió entregándose por completo.
Al dia siguiente se metió a monja de clausura en
Toledo. Quiso hacer su especial adiós a la vida.
Me dio la noticia un novillerote que nos servia de enlace
y me llamaba por teléfono al Diario Pueblo para
dar sitio y hora de nuestras citas porque vivía
justo al lado de mi romance. Se llamaba Enrique Martín
Arranz, que luego seria cuñado de Joselito y padre
espiritual de José Tomas
Enrique Donadio y Paco Camino
Conocí a Enrique Ortiz, Conde de Donadio cuando
le compro la ganadería a la hija de Atanasio y
se la puso a nombre de su mujer Maria Teresa Osborne.
Enrique era un señor vividor y con muy buen gusto.
Disfruta de las dos fincas que compró y vendió
en pocos años. Tenia un gran sentido del arte y
convirtió un caserío de la Mancha en una
casa esplendida y en las cuadras, puso un salón
y un comedor respetando las cumbreras de madera y parte
de los pesebres, dejando un conjunto encantador. En la
otra finca de Andalucía hizo la casa nueva, se
llevo toda la yeguada y las cuadras eran el último
grito como hotel de caballos. La plaza ¡no digamos!
Tenía callejón y un palco esplendido, dando
vistas a la serranía. La inauguramos con Antonio
Bienvenida, Pepe Luís Vázquez, servidor
y el bocazas de Jaime Ostos. Nos regalo a los pocos días
un llavero de plata con las puntas de los pitones de las
vacas que habíamos toreado cada uno.
Pero vayamos al grano, Enrique estaba
muy calvo y no tenía el miedo que tiene ahora Bertin
por quedarse sin pelo. Tenía sobre todo una gran
facilidad para ligar con las mujeres mas hermosas de aquel
Madrid de los 70 y su cuartel de operaciones era un restoran
italiano en el Paseo de la Habana. Enrique Donadio donde
ponía el ojo ponía la mano y triunfaba por
igual entre las artistas, cantantes, que, entre las aristócratas
burguesas, le daba igual solteras que casadas o viudas.
Si Enrique quisiera vender su vida como los golferas de
los programas basura, dejaba en ridículo al conde
Lequio, a Dinio o a Larrañaga. Su biografía
no le tiene envidia a la del Casanova o al Tenorio. Su
paciente señora era una mujer encantadora, con
una gracia y un sentido del humor que le hacia mas llevadero
su papel de esperar la vuelta del eterno descarriado.
Vivian en la plaza de los Delfines, junto al Mesón
Mayte, en una casa moderna y magnifica, justo a la de
Paco Camino.
Una noche yo estaba metido en un grave
aprieto, le había pedido prestado el coche a Ángel
Luís de la Calle, ahora director adjunto de El
País, y quede en devolvérselo en el Mayton.
A mi mujer le dije que iba a casa de Enrique Donadio.
Las cosas se enredaron y se armo el barullo. Me fui con
una chavala a la carretera de Galapagar donde había
un perdedero muy discreto. Al terminar fui a entregar
el coche y no apareció el dueño, en vista
de lo cual lo deje en el garaje del Conde, dejándole
recado a Ángel Luís para que lo recogiera.
En casa de Donadio estaba mi mujer y ejerciendo el espionaje.
Lo arregle bien pero Enrique no aparecía y yo quede
como un marido formal mientras los chismorreos se desviaban
hacia Enrique Donadio con el "sabe Dios con que
zorra estará a estas horas"
Pero esto parece una comedia de enredo
y habrá que darle marcha atrás a la moviola.
Resulta que cuando yo estaba dentro del coche metido en
faena, unos metros más allá vi al Mercedes
de Paco Camino, también con los cristales empañados.
Fijaros la exclusiva que habría levantado si yo
fuera un reportero de las televisiones de ahora. Cuando
estaba fumando el clásico cigarro de después
del polvo, se encendieron los faros del Mercedes y Camino
se disponía a volver a Madrid y le cruce el mío
cerrándole el paso. Salio el torero malhumorado
y cuando me vio se partió de risa "Ozu
que pequeño es el mundo". También
es puta casualidad irnos a encontrar los dos con las manos
en la masa. A muchos os extrañará lo del
coche pero en aquella época no podíamos
arriesgarnos a ir a un hotel. Paco por miedo al chismorreo
y yo porque al volver a casa me miraban los bolsillos
y no podía justificar los gastos.
Pero no queda ahí la cosa del enredo.
A los pocos años se separó Camino de su
mujer y al cabo de tiempo me entero la señora vivió
un romance con el padre de Bertin Osborne, su vecinísimo.
Iba a dejar Enrique pasar la tórtola por la puerta
de su casa sin echarse la escopeta a la cara
.
En aquella época se podían
hacer todas estas cosas sin que trascendiera al público.
Ahora con Matamoros y compañía se hubiera
formado un cataclismo. Porque la chica que me acompañó
a la carretera de Galapagar era la hija de un famoso ganadero,
metido en la política y en las finanzas.
Ahora los programas de corazón
han "descubierto", un supuesto romance entre
Julio Aparicio y Leticia Sabater. Yo estaba hace quince
años en un apartamento de Santander cuando empezó
ese lío. La tenían a medias entre el torero
y el hijo mayor de Pedro Trapote. Al cabo de los años
estarían los dos aburridos y se metieron en el
túnel del tiempo. Es de tontos pensar que Julito
a estas alturas vaya a perder la cabeza con semejante
antigüedad
..
¡Si yo contara la mitad de lo que he visto!
.
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