| Un
tentadero retrasado media hora por hacer entrevistas
Alfonso Navalón
Durante años los trincones y los
cronistas de la mediocridad me acusaban de “protagonismo”
porque el público me dedicaba más atención
que a muchos toreros. Pero jamás se me ocurrió
hacer una entrevista en el callejón o paralizar
un acto taurino, con menosprecio del público. En
el moderno ¿periodismo? estos zascandiles se convierten
en protagonistas acaparando el tiempo de los toreros que
deben estar concentrados en complacer al público
que paga o en el riesgo de las dos horas de la corrida.
Ahora llegan estos pelagatos con una estúpida
prepotencia a meterle el micrófono en los morros
de los toreros cuando llegan hasta las trancas al patio
de cuadrillas. Estos pelagatos no saben lo que pasan los
toreros hasta que se abre la puerta de chiqueros y se
ponen a preguntarle las tonterías de costumbre.
Estos pelagatos, al terminar la faena asaltan al torero
cuando se está lavando y muchas veces retrasan
la entrega de orejas mientras el alguacilillo y el público
ven interrumpido el espectáculo por culpa de estos
espontáneos inconscientes, cuya “actuación”
no consta en los carteles, ni va incluida en el precio
de la entrada.
No hablamos ya de los últimos abusos
cuando El Prostituto Fenicio los secuestraba al terminar
la corrida y los tenía una hora vestidos de torero
con barro y sudores por hacer una “mesa redonda”
de la corrida. O profanar la intimidad de los miedos del
torero colocándole un marcador de pulsaciones,
durante la faena como hicieron con Valverde en San Isidro.
Pero el colmo de la insensatez de estos
metepatas lo presencié hace unos días, donde
se retrasó más de mediadora el comienzo
de un tentadero porque se les ocurrió acaparar
el torero para hacerle “entrevistas”. Se celebraba
la fiesta anual de la Peña de Juan Diego, y el
torero llegó con mucho retraso por tener que asistir
al entierro de un amigo. En este tiempo las tardes son
muy cortas y el personal estaba impaciente porque el sol
se iba ya sin tiempo para disfrutar de la tienta.
Cuando llegó Juan Diego pidiendo
disculpas y caminando deprisa para llegar al burladero,
lo paró el “Mamapollas de Villarino”
para hacerle una entrevista que se publicaría justamente
ocho días después en un suplemento dedicado
a la coba, la vaselina y la adulación. El cronista
mariconzuelo, también conocido como “La Flor
de las Arribes” llevaba escritas las preguntas en
un cuaderno y luego graba las respuestas. A todo esto
el torero nervioso y el público hasta los cojones
por este retraso injustificable, porque le sobraba tiempo
para hacerle entrevistas y echarle flores porque la cena
estaba anunciada cuatro horas más tarde.
El caso es que el horripilante enano mariposón
se convirtió en el protagonista del cabreo de los
visitantes. Cuando acabó el pelmazo, para más
recochineo abordaron al torero los de “Canal 4”
y le hicieron ¡otra entrevista! Hace ya un mes que
el torero ha terminado su temporada y a estos pobres zascandiles
no se les ocurre abordarlo más que para molestar
a sus amigos y admiradores.
No me imagino a Ordóñez,
“El Viti” o Luis Miguel y mucho menos a Curro
Romero, retrasar un tentadero por “atender”
a estos mindunguis sin prestigioy sin audiencia. Juan
Diego debió de mandarlos a tomar por el culo. Pero
eso sería todavía peor porque a uno de los
atrevidos “reporteros” le encantaría
que le hicieran cosquillas en las almorranas en vista
de que no es capaz de llevarse a la cama a Javier Valverde,
el hombre de sus sueños…
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