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por C. SÁNCHEZ G.
Querido Alfonso:
No puedo creer todavía que ya no estés.
Hace poco más de un mes me dejaste en el contestador:
"¡A ver cuando nos juntamos para merendar o
tomar una copa ¡COÑO!".
Últimamente no te encontrabas bien, decías
que pasabas mala noche y apenas podías dormir,
pero sacabas esa casta que tenías y te echabas
al ruedo de la vida queriéndotela comer cada día.
Tenías nuevos proyectos que ya no podrás
cumplir y éramos legión los que esperábamos
impacientes tus crónicas y coloquios, porque fuiste
sencillamente genial hasta el final.
Nadie como tú fue capaz de decir las verdades descarnadas
y eso hizo que no hubiera medias tintas. Te queríamos
muchos, te odiaban otros pero todos sabíamos lo
grande que eras.
Ibas de pantera pero nada más lejos de lo que eras
en realidad. En las distancias cortas te mostrabas tal
cual: sensible, tierno, noble y siempre tan inteligente
y sagaz.
Aunque en La Glorieta de tu amada Salamanca (y la mía,
que me ha llenado de decepción, ¡qué
triste!, como duele la ingratitud y la cobardía)
la afición que tanto defendiste y por la que dabas
la cara, aún a riesgo de que te la partieran, no
se ha acordado de ti (claro está que esa ya no
existe, la de ahora, la afición que clarea tristemente
la plaza está como pintada). En cambio, en otras
plazas como Madrid si te han dedicado un emotivo minuto
de silencio, allí, donde se sabe valorar lo bueno,
y lo mejor has sido tú. Después de Alfonso
Navalón
. la nada. ¡Cómo duele
la nostalgia de tu ausencia!.
¡Qué razón tenías siempre!
Nada más partir tú, las ratas han emergido
de las cloacas. Antes, temiendo el estilete de tu pluma
que enarbolaba ¡verdades como puños! se mantenían
agazapadas en la oscuridad de sus comportamientos. Ahora
se las ve juntas y ¿felices?, pobres frikis. Nunca,
ni en sus mejores sueños, despertaran una sola
admiración de las miles que tu sigues despertando,
¡cuánta mediocridad!. ¡Cómo
se te echa de menos!. Malas fechas escogiste para partir
y dejar este caos en que se ha convertido ¡LA FIESTA
NACIONAL!.
A los que te queríamos, en la misma medida que
te admirábamos, nos dejas un vacío indescriptible.
Por eso te emplazo para que nos deleites
con uno de tus coloquios, será en las nubes, se
escuchará de fondo el Adaggio interpretado por
el saxo de Iturralde. Habrá un aroma a jazmín,
a lo lejos divisaremos El Berrocal, cada rincón,
cada pájaro, cada manantial
Recuerda,
en la última estrella. Un día me pregustaste:
"¿A la derecha o a la izquierda?" Te
contesté como ahora: "donde tú quieras".
Hasta ese día, descansa en paz, caro Alfonso y
como decías siempre: "Hasta más ver".
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