| Lo
peor, la tolerancia del público
Los comentaristas, ¡como
El Palabrero!
Alfonso Navalón
Hace un par de domingos vimos por Galavisión
la parodia de corrida que montó El Capea en colaboración
con el ganadero, los veterinarios y el presidente, formando
una auténtica banda de estafadores para ofrecer
un espectáculo que ha irritado hasta a los entusiastas
aficionados mexicanos, capaces de ovacionar cualquier
simulacro de toro y toreo.
La retrasmisión de la “corrida”
vino a confirmar lo que ya sabíamos todos a través
de los poquitos cronistas fiables y sobre todo por los
mensajes de los auténticos aficionados a través
de Internet. De nada ha servido la descarada campaña
de los deformadores de la verdad. Ni Molés, ni
Cáceres, ni los muchos cronistas que han tratado
de desviar la responsabilidad del fracaso al mal juego
de los toros, han logrado que el personal se tragara la
mentira que nos querían vender. Las imágenes
han sido tan contundentes que ha quedado clarísima
la poca vergüenza y el descaro de quienes montaron
este insulto de festejo taurino. Uno de los pelotilleros
que comentaban las imágenes en su afán de
glorificar a Capea padre, dijo que “está
con las mismas ganas y las mismas facultades que si estuviera
toreando un festival”. Eso era exactamente aquello:
Un festival con ganado sin presencia, sin pitones y sin
fuerza. En las novilladas sin picadores de los alrededores
de Madrid y del llamado Valle del Terror, los chavales
exponen mucho más que estos tres descarados que
actuaron en la Méjico en un espectáculo
que fue una burla para ese público tan predispuesto
a dar todo por bueno.
No me ha sorprendido el servilismo triunfalista
de los dos comentaristas de Galavisión. Se les
notaba que estaban en el pesebre con la misma desvergüenza
y osadía que El Palabrero Fernández cuando
sus adulaciones no correspondían con la imagen
que veíamos. Este para de ganapanes repitieron
hasta la saciedad que ni El Capea ni su hijo tenían
ninguna culpa del ganado que salió. Sabían
de sobra que El Capea y su hijo vivían en casa
del ganadero y si hubieran tenido un mínimo de
dignidad no hubieran tolerado reseñar semejante
gatada para una fecha de tanto compromiso. Ni aún
sabiendo que aquel público está propenso
a tolerar todos los fraudes del ganado y deliran ante
cualquier pase a favor de querencia o con trampas de pico
de la muleta, pierna retrasada y vaciarlos hacia fuera,
El Capea jamás debió exponerse a pensar
que iban a tolerarle todo y que esos novillotes con plátanos
tenían que enfadar al público por que admiren
a un torero. Se pasó de listo y quiso echarle un
pulso al público. La cosa fue tan descarada que
no se lo toleraron y fue víctima de su propia soberbia.
Quiso hacer una parodia “heroica”
acercándose a los pitoncillos del borrego inmóvil
y derrengado y por lo menos en España nos hemos
dado cuenta que aquello era todo falso. Es mentira que
estuviera en forma y sobrado de facultades porque en cada
pasecillo se le notaba la sofoquina del esfuerzo y cuando
llegó la hora de matar demostró lo asustado
que estaba al ser incapaz de pasar delante de aquellos
platanitos y del ridículo trapío del animalejo.
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