El despotismo de El Palabrero

No daba golpe y maltrataba a sus colaboradores


Alfonso Navalón

Decía mi bisabuelo que en todas disputas hay que escuchar a las dos partes. Aparentemente el comportamiento de los sicarios de El Palabrero ha sido el de unos traidores desagradecidos practicando el linchamiento de su antiguo jefe cuando ya estaba destituido e indefenso. Hacerle el vacío y negarse a trabajar con él en Radio Nacional para provocar su último cese, era una ingratitud. Pero mis últimas informaciones demuestran que Fernández Román se había ganado con creces el desprecio de sus colaboradores, a los que trata despóticamente con un comportamiento prepotente y dictatorial, considerándolos como siervos.

No les dejaba más alternativa que cumplir sus órdenes, sin derecho a opinar y mostrarse sumisos y aduladores.

De fuente dignas de todo crédito acabo de enterarme que mientras El Palabrero no daba golpe, eran sus “criados” quienes le sacaban las castañas del fuego y hacían todo el trabajo llevando el peso del programa.

El Palabrero desconocía la técnica y la mecánica del trabajo. Es muy vago y bastante negado para las modernas técnicas periodísticas. No sabía ni abrir un ordenador y se lo tienen que dar todo hecho. Llegaba al despacho y no podían molestarle por nada, para dar la sensación que estaba ocupándose de cosas importantes. Resulta que se pasaba el tiempo haciendo planos de viviendas para encargos o para sus negocios particulares en la construcción. Con su fatua vanidad se limitaba a representar su papel de “estrella”, acudiendo a fiestas, comidas y sobre todo a juergas flamencas que llevaban hasta el amanecer. Mientras tanto los mal llamados “sanguijuelas” sacaban el trabajo adelante, cumpliendo inexorablemente sus órdenes.

La actitud de El Palabrero para con sus compañeros ha sido la de un señorito feudal. La única diferencia es que los criados de los terratenientes vivían en chozos y comían patatas, mientras Arnás y compañía llevaban un tren de vida en grandes hoteles y gastos a lo grande para dietas y viajes. Como ya dije, conviene escuchar a las dos partes, no es me haya puesto en contacto con Caracaballo o El Engominado pero tengo pruebas de que han tragado mucha quina y soportar todas las humillaciones imaginables.

Hace pocos días y cuando ya no tenía ningún poder su colaborador Marco Rocha se atrevió a hacerle una sugerencia para mejorar la mierda de “Clarín”, El Palabrero contestó con una sarta de insultos por atreverse a pensar por su cuenta. El chaval se echó a llorar porque lo estaba humillando delante de todos los demás.

Jugar al golf y no dar ni golpe

Gracias al apoyo de García Candau y de Piqueras ha mantenido su puesto en Radio Nacional justificando un programa tan flojito como “Clarín”. Pero lejos de darle la réplica a quienes lo echaron por inútil se ha dedicado a jugar al golf en Bilbao y Málaga con dietas de lujo, sin hacer otra cosa que mandar un breve “boletín” de la corrida. Sigue cobrando sin hacer nada. Pero lo más grande es que reservó hotel de lujo en Zaragoza para hacer la feria. ¡Y no fue! Hubo que pagar del dinero público la factura del Gran Hotel y el huésped no apareció.

Muchos millones sin justificar

Por lo visto el abogado de RN aconsejó al Palabrero que me pusiera una querella si no eran ciertas mis acusaciones. Pero el interfecto no le ha hecho caso porque sabe muy bien que tengo por norma escribir sobre hechos reales y consumados. Hace muy bien en callarse para no revolver más mierda porque, por ejemplo, puedo sacar a la luz lo que ha cobrado INDEBIDAMENTE por Vía Digital. Nos debería aclarar por qué pagó 28 millones de pesetas ¡28! por retransmitir una corrida de rejones en Sevilla cuando el presupuesto de tal corrida eran menos de la mitad. ¿Dónde fueron a parar los millones que “sobraban”?

Cuando quiera le daré también información sobre un contrato de quinientos millones, ¡500! con Méjico.

Quede claro que los cuervos que crió hacen bien ahora al desquitarse de todas las humillaciones que soportaron cuando estaban a las órdenes del inepto y prepotente Palabrero. Un jefe vago, vanidoso y de comportamiento fascista: como corresponde a su “reata” familiar.


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