| Tercera del VI
Encuentro Mundial de Novilleros, I Memorial Manolo Chopera.
Uno, que aunque algo maniático, no es supersticioso,
ni nada que se le parezca, comienza ya a pensar en conspiraciones
raras, fruto de la brujería o de elementos extraños,
porque ya no es explicable lo que nos está sucediendo.
Resulta que la empresa pone sus medios para organizar
un serial importante de novilladas, resulta que para ello
se compran novilladas de cierta garantía y se contratan
novilleros, y el resultado es que el esfuerzo se ve traducido
en un no me da la gana o soy un incapaz por parte de ambos
protagonistas. Ver para creer.
No se quejaran los tres actuantes de ayer, pues la novillada
fue más que válida para demostrar cualidades
y ganas, pero cuando no se quiere o no se puede, sucede
lo que sucede, y ayer, cantó la gallina.
Me atrevo a decir que quizá el único defecto
de la novillada fue el exceso de nobleza, rayana con la
sosería y la bobaliconería de algún
novillo, pues el resto, con algún matiz de genio
que exigió profesionalidad, fue un cúmulo
de virtudes desaprovechadas de forma lamentable.
Santiago Manciño se encontró
con un primer novillo con movilidad, al que quizá
lo dejó algo crudo (para lo mucho que están
acostumbrados a darles), y que llegados al tercio de muleta
exhibió una extraordinaria codicia, rayana con
la incomodidad, que exigía sitio, poder y firmeza,
algo que Manciño debió dejarse olvidado
en la mesilla de la habitación. Al segundo de su
lote, bobalicón y noblote a más no poder,
lo molió a muletazos fuera de sitio y lleno de
alivios. Eso si, a ambos novillos les “regaló”
un toreo de capote lleno de brusquedades y recortes violentos.
Enganchones, tirones, una falta de temple admirable y
multitud de trapazos sin clase alguna. La primera decepción.
El tercero de la terna fue un López Usero
que se encontró con un tercer novillo
mansote que se rajó a las primeras de cambio y
al que había que dejarle la muleta muy puesta para
llevarlo luego muy toreado. Del sexto poco más
habría que destacar, pues al igual que en su primero
la desconfianza y la falta de actitud provocó que
ambas faenas fuesen vulgares a pesar de que sus novillos,
sobre todo el sexto, tuviese nobleza para haberle sacado
algo más provecho. La segunda decepción.
Caso aparte el de Julien Miletto, pero
sin duda, de juzgado de guardia, pues fue intolerable
el sainete que nos ofreció sin pudor alguno. Lo
del quinto puede ser un poco excusable, pues el novillo
a pesar de su nobleza exigió un sitio que el descolocado
Miletto no le quiso, o no supo dar ni en sueños.
Muy descolocado, como guinda, pegó otro sainete
a espadas. Pero el verdadero sainete ya nos lo había
pegado en el segundo de la tarde. El novillo dio muestras
de bravura desde el principio, evidenciadas sin duda alguna
en un tercio de varas en el que empujó y aguantó
la norma general impuesta por los novilleros en toda novillada:
un primer puyazo excesivo. En novillo tenía todas
las virtudes para formarle un taco gordo, un lío
tremendo, pero en vez de entretenerse en torear como dios
manda se permitió el intolerable lujo de dejarse
escapar una oportunidad que ya no volverá. Siempre
con la muleta retrasada, fuera de sitio, con la pierna
contraria retrasada, con todas las ventajas y precauciones
del mundo, molió a muletazos a un novillo alegre
que se murió de pena ante ese cúmulo de
despropósitos y mal toreo. Ni en sus intentos de
adornar sus vulgares tandas se fajó, pues los recortes
y remates siempre fueron acompañados por el consabido
tirón y un hueco en el que cabían el topo
y el trolebús número 28. Para colmo, se
lió a pinchar. ¿qué habremos hecho
para merecer semejante calamidad?, para un día
que hubo novillos no hubo novilleros, ¡Que desgracia
la nuestra!. Siempre se dijo que los buenos toros mandaban
a casa a los malos toreros, y ayer esto fue más
cierto que nunca, pero en cualquier caso el novillero
tuvo una virtud que nos deberá explicar llegado
el momento: ¿Cómo se puede torear tan mal
a un novillo tan bueno?.
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