Si tomamos el diccionario de la Real Academia de la Lengua, y nos fijamos en la acepción de la palabra feria, nos percatamos inmediatamente de que lo que ocurrió hace días en Sevilla, se ciñe fielmente a este significado.
En efecto, si feria, como dice el diccionario en la segunda de las acepciones, es el “mercado de mayor importancia que el ordinario, en paraje público y en días señalados”, en la capital hispalense, ésto no pudo cuadrar mejor. La Maestranza es un lugar público y la Feria de Abril está repleta de días señalados – particularmente los de farolillos-.
Si nos centramos en lo que significa “feria de muestras” en la misma línea, podemos leer textualmente: “lugar para mercancías diversas, con carácter de exposición o venta, organizado en algunas ciudades con el fin de favorecer el intercambio comercial”.
Pues bien, esto es fielmente lo que vimos en la pasada Feria de Abril.
Y podemos estar satisfechos de lo que el marco maestrante nos ofreció. Vimos productos que se expusieron en esa muestra, de los que sabíamos de su existencia; pero había pasado tanto tiempo desde la última vez que los catamos, que llegamos a creer que ya estaban fuera de los circuitos y mercados; pensábamos que eran éso a lo que ahora se le dice descatalogados.
Vimos lo que hasta ahora era un fugaz, efecto Talavante, en toda su dimensión.
Volvimos a presenciar el valor y la raza del colombiano Rincón.
Certificó la calidad de sus productos El Cid.
Mostró lo que queda aún de sangre brava Victorino con “Borgoñés”, y Miura expuso la impronta del ganado con personalidad.
Sacó Morante una casta torera que le dignifica y que casi nadie sabía que llevaba dentro. Esa casta con el apellido de su pellizco hacen de la faena del de La Puebla como algo para recordar.
La gama de productos expuestos en el escaparate sevillano, se amplía al ver el abanico de posibilidades con las que podemos estar expectantes en este inicio de temporada. La garra de López Chaves, el efectismo de Ferrera, la progresión de Manzanares, el oficio de El Juli, el tesón de Vilches o la quietud de Castella, certifican que hay quien vende valor en sus formas.
Con lo anterior se destapó también ese otro mosaico de quienes pasaron por Sevilla sin decir nada, porque lo suyo fue, otra vez, más de lo mismo; expusieron un producto tan visto como poco ofertable a estas alturas; es ése un producto que ya no goza del efecto propagandístico. Hace ya tiempo que algunos venden humo y el humo puede terminar por apocarlos a ellos mismos.
Para que nada faltara y todo fuera más versátil apareció el elemento jocoso y festivo, y lo hizo aunque parezca mentira, donde menos debió hacerlo, en el palco presidencial. Allí como si se tratara de charlatanes de mercadeo a la antigua usanza hubo presidentes que por el mismo precio jugaron a el… “le pongo ésta, no le cobro ésta y le regalo la otra”, cuando se trataba de dar trofeos. Hasta se sacaron los pañuelos a pares. Para estos señores, creo que es exigible…cuando menos un mayor rigor.
Pero con todo, una vez terminado el ciclo, me siento esperanzado, ya que al igual que cuando uno acude a una feria de muestras, y se sorprende por lo novedoso, en ésta última, la maestrante, se han visto cosas apetecibles de ser adquiridas para disfrutarlas en otros cosos. ¡Lástima que esto último no sea tan fácil!
Así tras lo presenciado, mi ilusión se ha visto fortalecida, con la esperanza de que por ejemplo: el embrujo de Morante no sólo tenga sentido a orillas del Guadalquivir, ni que necesite el de La Puebla, una bronca previa para deleitar concurrencias. O que el efecto Talavante no se esfume con esas series intercaladas e insulsas, que desenfocan a los públicos.
Si a todo lo comentado de Sevilla, le añadimos la tan cacareada vuelta a los ruedos de José Tomás, no me negarán que el momento taurino actual no es atractivo… y cuando menos ilusionante.
Acabada ya Sevilla, empieza Madrid, y mi deseo es que tanto en la capital como en el resto de las provincias, las ferias sigan siendo fieles a su significado. Ojala que cuando en Septiembre llegue mi feria, la matea de Logroño, mi espíritu siga intacto cómo lo está ahora; éso será señal de que alguien me sigue emocionando cuando pisa los ruedos. Mientras tanto, permanezco con ese anhelo.
LUIS RUIZ GUTIÉRREZ
Vocal del Club Taurino Logroñés
Colaborador de “Alamares”
Radio Rioja Cadena SER y
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