por IÑAKI ETXARRI
Posiblemente la faena no resista un análisis frío y objetivo; posiblemente no, seguro, esté todavía muy verde; posiblemente no, seguro, las dos orejas fueran excesivas; posiblemente no, seguro, apenas hubo toreo con la izquierda; posiblemente no seguro, hubo desajustes, enganchones y trallazos; posiblemente no, seguro, la estocada fuera defectuosa. Posiblemente, posiblemente...
Lo que sí es seguro es que a mí el otro día Talavante logró emocionarme en Las Ventas. Y eso no me ocurría hacía tiempo en una plaza de toros. Yo no sé lo que me pasó, ni lo que le pasó a la plaza, vamos, que no tengo interés alguno en pararme a analizarlo porque el toreo es emoción, sentimiento, ese no sé qué en forma de cosquilleo que te sacude la barriga cuando estas viviendo algo importante. Eso es lo que me sucedió a mí en las Ventas el domingo de resurrección cuando Alejandro Talavante enjaretaba junto a las tablas del seis un par de series de muletazos, imperfectas también, pero plenas de ligazón y emoción al manso del Puerto de San Lorenzo. Yo no sé qué ocurrió allí, pero la plaza se volvió loca... y yo también.
Salí de la plaza feliz. Emocionado. Luego, a las puertas de la monumental hablaba con algunos aficionados y a todos nos había pasado lo mismo. Allí, sobre el albero venteño había sucedido algo importante. Un joven torero, con apenas una docena de corridas de toros a sus espaldas había dicho algo. Había hecho un buen planteamiento de faena al manso y al final éste se le había entregado. Allí había verdad y eso es lo que importa.
Mucho se está hablando sobre la puerta grande del extremeño. Que si sí, que si no... Pues no sé si sí o si no, pero, espero no equivocarme, es un torero a seguir. Al que le falta mucho por pulir, mucho por aprender, pero puede llegar a ser una figura. Tiene un no sé qué que imanta, que borra del mapa a quienes actúan junto a él. Si no se tuerce...
Alguno dirá que se le fue el primer toro. Es cierto. Estuvo muy atropellado y acelerado, más enganchones que muletazos, quizás los nervios del toro de la confirmación, pero siempre quiso, se puso en el sitio, dio las ventajas al toro... En fin, la imperfección, pero...
Junto a Talavante hacían el paseíllo el Juli y Manzanares hijo. Aquél, al que casualidades de la vida, le tocaron en el sorteo los dos toros con menos pitones y más inválidos de la tarde, estuvo, pero no estuvo. Mejor dicho, estuvo a disgusto. Como ausente, desganado, como de compromiso. No sé, le ví aburrido, como de trámite. Sólo le medio salva su estocada el segundo. Manzanares tuvo el toro por el que claman los toreros: Noble hasta el empalago, con la casta y las fuerzas justas para no caerse y seguir el engaño sin lanzar un mal derrote. El alicantino no dio el paso adelante. No apostó. Casi siempre fuera de cacho, dio los dos o tres muletazos, con la izquierda, de la tarde, pero de uno en uno, sin ligar una sola serie. Se le fue un toro para haber formado un auténtico lío. Por todo ello dejó muchas dudas.
La corrida del Puerto de San Lorenzo. Pues eso. Muy desigualmente presentada, con algunos toros muy justitos para Madrid y otros muy atacados de kilos. Los cuatro primeros inválidos y con la casta muy justa en mayor o menor medida. El quinto flojo y noble y el sexto, un manso que huía hasta de su sombra en los dos primeros tercios y que luego rompió en la muleta ayudado por el buen planteamiento de faena de Talavante.
Pues eso. Talavante, posiblemente.
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