|
Por LUIS RUIZ GUTIÉRREZ
Nos encontramos ante una feria bastante interesante a
la vista de los carteles que se nos presentaron allí
por el mes de Agosto. Si bien la confección de
los mismos debe de ser una labor ardua y difícil,
dadas las fechas en las que se enclava el ciclo mateo,
la composición de la feria logroñesa, cayó
bien en la mayor parte de los aficionados. Hubo las lógicas
discrepancias, basadas en el "quítame"
ése, o "ponme" al otro torero.
Las novedades llegaron más por motivos coyunturales
y de fechas que por lo estrictamente taurino. La modificación
de fechas -del 20 al 25- con respecto a lo que es habitual,
y el retraso de media hora del inicio de los festejos,
dejaron claro que el empresario de La Ribera, hace
lo que quiere con su legítima propiedad privada,
sin que ninguna autoridad municipal le pueda exigir nada.
Se quedó por ello el último día festivo
en la capital riojana en un lunes sin toros, y sin sentido.
Con los problemas de la lengua azul sobre la fiesta, y
con los toros de Victorino en los corrales desde
un mes antes, se inició el serial mateo, con la
impronta de última hora de unos apartados -santo
y seña de los aficionados logroñeses- sin
presencia física de éstos, provocados por
la misma causa.
- El principio fue con una corrida de Cebada Gago,
que congregó en La Ribera a un poco más
de la mitad del aforo, en la que fue la más floja
entrada del ciclo. Seis toros bien presentados y muy parejos
de romana con seriedad y casta en conjunto, llevaron la
emoción al coso durante toda la tarde. Tarde, que
fue para aficionados, los cuales tuvieron ocasión
de sacar conclusiones. Ante los "cebadas", un
cartel de "gladiadores": Liria, Encabo y
López Chaves. Quedó en un mano a mano,
ya que el salmantino resultó herido al hacer un
quite por Chicuelo al primero de los toros de Encabo.
Pepín Liria estuvo en su línea de torero
que llega al tendido con lo más concesionista de
este arte- inicios de rodillas, toreo de cercanías,
etc.
- llegando lo más interesante de su comparecencia
cuando el drama anduvo cerca. Tras de un revolcón
que pudo ser serio, el murciano se levantó tomando
la muleta por la misma mano y sin arrugarse dio unos naturales
llenos de emoción.
Luis Miguel Encabo, estuvo correcto e importante toda
la tarde. Tuvo en frente tres toros de Cebada con movilidad
y clase. A dos de ellos -segundo y sexto aplaudidos en
el arrastre- les cortó sendos apéndices.
Sus faenas tuvieron puntuales series de calidad, si bien
nunca existió la faena redonda. Tiempos muertos
entre ellas, hicieron que el madrileño cortara
dos orejas - una más una- no abriendo la puerta
grande. Anduvo listo el Delegado Gubernativo, y se lo
impidió; cosa que parece ser no apreciaron algunos
redactores de algún medio escrito, quienes dieron
por hecho la salida triunfal.
- El día del patrón -San Mateo- fueron
los de Baltasar Ibán los que cobraron protagonismo.
Acapararon tan buena presentación como poco juego,
si exceptuamos los corridos en quinto y séptimo
lugar. Si, fueron siete los astados que ese día
aparecieron por chiqueros, ya que la baja de El Cid
fue cubierta por un bullidor A. Ferrera y el rejoneador
de la tierra, Sergio Domínguez que reforzó
el cartel.
Si empezamos por este último, diremos que tuvo
enfrente un toro de "Los Bayones" que
en ningún momento colaboró, y ante el que
Sergio estuvo dispuesto pero con escaso lucimiento. Destacó
con las cortas y falló con el de muerte. Recibió
una ovación con cierto aire de paisanaje.
Antonio Ferrera, hizo las cosas a su particular estilo.
Centró la importancia de la lidia en las banderillas
y consiguió que el delirio llegara al tendido con
el que fue quinto de la tarde. Delirio tal, que le "motivó"
a dar una vuelta al ruedo tras colocar un cuarto par de
rehiletes a un toro al que tras finalizar la feria, se
le "consideró" el más bravo de
la temporada riojana (Peletero. Nº 54. 605 kilos).
Tras las banderillas Ferrera mostró sus carencias
muleteriles, y al de Ibán se le dejaron muchas
cosas por hacer.
Conformaba también el cartel, Antonio Barrera
-torero de la "casa"- que reapareció
tras del percance que sufriera en San Sebastián.
Anduvo fuera de sitio y desmotivado. Tomó excesivas
precauciones ante sus dos "ibanes" y por momentos
se le vio sobrepasado en la pelea.
El cartel lo remataba, Serafín Marín,
quien tras de vérselas con un inválido que
hizo tercero, fue en el que cerró plaza donde nos
mostró lo más torero de la tarde. Fue tan
sólo una serie y poco más; pero la ligazón
hizo acto de presencia y el sabor de la calidad nos dejó
buen gusto.
- Con la tercera de feria llegaron las figuras. La plaza
casi se llenó y al reclamo de estas figuras nos
encontramos con un encierro de Martelilla, bien
presentado pero huérfano de casta. El primero de
la tarde fue también el primero de la feria que
se devolvió a corrales.
Ejerció de telonero, Rivera Ordóñez,
y lo hizo de manera poco digna. Se empeñó
en enfadar al respetable y ya con el primero de la tarde
lo consiguió. Tras de machetearlo por la cara se
encaró con el público y se llevó
una sonora bronca. A su segundo lo masacró en varas
y la bronca se reprodujo. Fue faena de "olés"
de mofa, finiquitada con un mitin con la espada. Para
olvidar.
Tras de él, estuvo El Juli. Éste
demostró todo lo profesional que debe ser quien
quiera hacerse llamar torero. Con el gazapón que
tuvo en suerte dio una lección de cómo entender
los terrenos para con ello sacarle al de Martelilla todo
lo que tenía dentro. En el quinto escuchamos los
primeros "olés" verdaderos de la tarde.
Las iniciales series por la derecha y en el centro del
anillo nos hicieron augurar una gran faena; pero el toro
se paró pronto. Sufrió El Juli una voltereta,
tras de la cual, certificó el gran momento de madurez
por el que pasa. Otra vez entendió los terrenos
y cortó una oreja de las de peso, que fue la única
de esa tarde.
Cerró cartel Eduardo Gallo, que anduvo probón,
dubitativo y sin acoplamiento durante toda la tarde. Se
dejó tocar mucho las telas y mató de forma
desastrosa. Dos silencios tras sendos avisos, completaron
su ficha; señal inequívoca de que no estuvo
a gusto esa tarde en Logroño.
- En la misma línea de descastamiento transcurrió
la cuarta de feria. Los del Puerto de San Lorenzo,
fueron variados en edades -hubo utreros adelantados, cuatreños
y algún cinqueño- además de ser un
monótono y pesado encierro lleno de abulia y flojedad;
para colmo dos de ellos tuvieron que hacer el viaje inverso
a los corrales tras mostrar una notoria invalidez. Sus
recambios - de los hierros de la Ventana del Puerto
y del de ingrato recuerdo por estos lares de Loreto
Charro- no fueron sino la continuación de lo
que fueron sus titulares. La consecuencia de todo lo anterior,
una soporífera tarde repleta de silencios.
Ante ellos y como no podía ser de otra manera,
un Enrique Ponce que cumplió con su decimocuarto
compromiso con Logroño; y lo hizo sin decir
nada a nadie. Una vez más el binomio Ponce-Atanasio,
pasó de puntillas por La Rioja sin dejar más
rastro que los meramente estadísticos que, a buen
seguro, servirán a mi amigo Miguel Ángel
Martínez.
Le acompañaba en el cartel un Sebastián
Castella, que llegaba con la vitola de ser el gran
triunfador de la última feria logroñesa
-a criterio de algún jurado que vio más
virtudes en el francés que en un torero de Salteras-
Intentó hacer lo que antes llega al tendido- su
toreo vertical- pero lo que tenía delante se derrumbaba
una y otra vez, quedando todo desnaturalizado. Recurrió
a las cercanías y falló con los aceros en
sus dos toros.
Cerraba cartel Salvador Vega, a quien no vimos
en toda la tarde. Con su primero poco o nada pudo hacer,
al ser un animal que nunca humilló y que nunca
pasó la muleta. Con el de Loreto Charro, la cosa
fue aún peor; fue un toro que tuvo todo lo que
no debe tener un toro bravo. La pregunta que surgió
esa tarde fue: ¿Qué hacen un Castella y
un Vega en un cartel como este
si todo el mundo
era sabedor de la temporada que llevaba el hierro de Lorenzo
Fraile?
- Fue en la quinta de feria, cuando de nuevo el gesto
positivo volvió al rostro de los aficionados que
llenaron por completo el coso logroñés,
con un cartel muy semejante al que en Mayo sólo
congregó a la mitad del aforo. Pablo Hermoso
de nuevo puso el "no hay billetes", y otra vez
más no defraudó. El de Estella con
dos toros -en exceso despuntados- y muy colaboradores
de los Hnos. Gutiérrez Lorenzo, puso los
tendidos en pie al torear con Excalibur primero
y con Chenel después. Dio verdaderos trincherazos
con este último y rubricó las faenas con
Fósforo. A sus dos "sacristanes"
- fueron homónimos ambos- los mató de forma
rápida, si bien al que hizo cuarto lo descordó.
Pese a todo al acabar la faena de su primero, ya había
descerrajado -y esta vez a ley- la puerta grande de La
Ribera.
El complemento al cartel fueron las comparecencias de
José Mª Manzanares y Miguel Ángel
Perera. El hijo del matador alicantino del mismo apodo,
realizó dos faenas sin estrecheces y muy similares.
Sólo se arrimó de forma enroscada alrededor
de un astado de Alcurrucén, que cómo
sus hermanos lució gran arboladura. Engendró
series cortas y discontinuas falto siempre de colocación.
Perera, que comenzó entre enganchones, acabó
por darse un arrimón ante un incierto y tardo toro
de Alcurrucén. Tuvo valor seco y del que no se
ve, al no ser toreo concesionista. Entró muy de
verdad a matar y todo lo que hizo el extremeño
fue con voluntad de agradar poniéndose muy en el
sitio.
- Para acabar la feria, tras de más de un mes en
los corrales, la esperada corrida de Victorino Martín.
Resultaron ser tres de seis, los que dieron el ansiado
espectáculo. En ningún caso el acorralamiento
que padecieron los de La Moraleja pasó excesiva
factura; ya que la casta apareció, si bien en unos
más que en otros.
Padilla, que entró por El Cid, tuvo
un primer "victorino" noble. Con él muchos
nos acordamos del de Salteras. Estuvo sólo
correcto el de Jerez y recetó una gran estocada,
lo que le hizo acreedor de la última oreja que
se cortó en el ciclo. Estoqueó dos más
al ser volteado y herido Abellán en el segundo.
Con el que hizo cuarto abrevió por ser deslucido
el "victorino"; y al que cerró festejo
le costó mucho embestir además de hacerlo
siempre con la cara a media altura, por lo que no tuvo
lucimiento la faena.
Abellán se las vio con un bravo toro que peleó
bien en varas. Sabía el de Victorino, lo que se
dejaba detrás y el madrileño le plantó
cara. Inició la faena por la izquierda -lugar por
donde mejor se desplazaba el burel- pero le volteó
e hirió. Tras acabar la faena pasó a la
enfermería.
Cerró festejo y feria Diego Urdiales. Lanceó
bien de capa quedándose el de La Moraleja con buen
son para la muleta. Tuvo movilidad en la misma y el de
Arnedo dio algún muletazo de mérito,
pero falló a espadas y el triunfo se difuminó.
El último de su lote se quedó con un embestir
de protestón y cabeceante con el que Diego no logró
lucimiento para terminar matando mal.
LOGROÑO Octubre 2005
LUIS RUIZ GUTIÉRREZ Colaborador de "Alamares"
Radio Rioja Cadena SER y Burladerodos.com
|