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Por David Díez Hernández.
Publicado en el fanzine El Aficionado de la Cabaña
Brava
Se cumple un siglo desde que en 1905 uno
de los mas prestigiosos, inteligentes y preclaros ganaderos
que ha dado nuestra Tauromaquia, el conde de Santa
Coloma, formara su ganadería uniendo la rama
lesaqueña de Saltillo con la murubeña de
Ibarra. Hoy, cuando el toro "santacolomeño"
es cada día mas raro de ver en una plaza de
toros debido a su comportamiento encastado, creemos justo
el homenajear a este ganadero recordando la trayectoria
de este encaste durante sus cien primeros años
de existencia.
Hace un siglo, en 1905, nuestro protagonista,
el conde de Santa Coloma, adquiría a Manuel
Fernández Peña la mitad de la ganadería
de Eduardo Ibarra, a la que adicionaba un lote
propiedad de Rafael Rueda Osborne, marques de Saltillo.
Como es sabido ambas ramas derivaban de un mismo tronco:
el de Vistahermosa.
Así, tanto los "murubeños"
de Ibarra como los "lesaqueños"
de Saltillo procedían de un mismo tronco
común a pesar de que ya para principios del siglo
pasado presentaban diferencias sustanciales tanto en su
morfología como en su comportamiento durante la
lidia.
Los toros "lesaqueños"
eran fundamentalmente cárdenos y negros, dándose
muy poco los berrendos y castaños. Como anécdota
reseñar que un 3 de octubre de 1859 se lidiaban
en Madrid seis "saltillos" que
tomaron la nada despreciable cantidad de 79 varas, provocando
20 caídas de picadores y matando 8 caballos. Por
otra parte, también la rama "ibarreña"
atesoraba una trayectoria legendaria en la que destacó
sobremanera el toro "Marismeño",
lidiado en Ronda en 1864, que tomaba 58 varas,
matando a 9 caballos. Nuestro protagonista, el conde de
Santa Coloma, buscó desde el primer momento
el combinar las mejores características de ambas
procedencias, llegando a forjar una de las estirpes fundamentales
en la genealogía del toro bravo actual. El mismo
en persona dirigía todas las operaciones de su
ganadería que pastaba en tres cercados rebosantes
de hierba situados en la llamada Isla del Guadalquivir
(Sevilla) y denominados "Los Cesteros",
"La Compañía" y "La Cascajera".
Eran estos los mismos pastos en los que
se habían criado los "saltillos"
y los "ibarras" desde finales del siglo
XIX. Se puede afirmar que el éxito del Conde
de Santa Coloma se basó tanto en integrar la
bravura oriunda de los toros de Saltillo con la buena
clase y regularidad de las reses de procedencia Ibarra,
como en descartar o eliminar los aspectos negativos de
ambas ganaderías, que en el caso de las reses procedentes
de la antigua ganadería de Eduardo Ibarra
eran, básicamente, su tendencia a mansear y pararse
durante la lidia y el caso de los "saltillos"
su exceso de genio así como su desarrollado sentido.
Durante años, distintos tratadistas
de prestigio sostuvieron mas de una polémica acerca
de
la posibilidad de que el Conde de Santa Coloma
hubiera mantenido por separado las ramas
"ibarreñas" y "saltillo",
algo que a día de hoy parece absolutamente descartado
atendiendo a las evidentes diferencias existentes entre
las reses "santacolomeñas" y sus
hermanas derivadas
de Parladé. En todo caso, se puede afirmar
que la obra póstuma del conde consistió
en la creación de un toro extraordinariamente bravo
y encastado, que acometía de forma exhaustiva hasta
que moría, prácticamente de pie.
Era además un toro muy inteligente,
con ojos de gran vivacidad y fijeza y mirada inquietante
y agresiva, genio vivo y enorme prontitud en la embestida,
con lo que no daba mucho tiempo a pensar a los toreros.
En cuanto a su morfología señalar que la
raíz "ibarreña" aumentó
la talla general de estas reses mientras que la "asaltillada"
proporcionó un fenotipo de toro de mediano esqueleto,
degollado de papada y caras chatas con hocico afilado
("cara de rata"). Por supuesto que también
en las capas se aprecia la simiente de las dos ramas que
forjaron este encaste: inequívocamente negras la
herencia "ibarreña", cárdenas
en distintos grados las reses "asaltilladas".
Los "santacolomas" se presentaron
en Madrid el 17 de mayo de 1906 con un encastado encierro
en el que destacó sobremanera el toro de nombre
"Azafrán".
Casi desde el principio estas reses "santacolomeñas"
se ganaron un hueco en el gusto de la afición taurina
de todo el país por su comportamiento aguerrido
y vibrante, características estas que las hicieron
ser poco apetecidas por una mayoría de matadores,
los cuales, en cuanto podían, rehusaban acartelarse
con la ganadería de Santa Coloma.
Excepción significativa a este
hecho fue la de "Joselito", que fue uno
de los pocos toreros que nunca le hizo ascos a estos toros
llegando a encerrarse en Sevilla, el 30 de septiembre
de 1915, con seis "santacolomas".
A uno de estas reses, de nombre "Cantinero",
le cortaba el maestro de Gelves la primera oreja concedida
en esa plaza. Entre las reses mas conocidas de las lidiadas
por esta ganadería bajo la propiedad del Conde
podemos señalar nombres como los de "Toronjito",
"Venadito", "Pitillero", "Relámpago",
o el más famoso en esta primera época de
la ganadería: "Bravío",
lidiado y estoqueado en Madrid el 11 de mayo de
1919 por el matador "Saleri II".
Asimismo es reseñable en la formación
de este encaste el hecho de que, muy pronto, y a través
de la selección, el Conde de Santa Coloma fue limitando
la presencia de la sangre "asaltillada" en la
ganadería, primando en mayor medida la casta "ibarreña".
Las razones de esta decisión pudieran
encontrarse en la mayor irregularidad del origen "saltillo"
así como su influencia negativa en cuanto a la
morfología y el trapío de la ganadería.
Fruto de esta decisión, en 1913
el Conde cedía la parte mas "asaltillada"
de su ganadería a su hermano, el Marqués
de Albaserrada, el cual, a partir de este ganado,
daba forma a una ganadería de la que deriva el
actual encaste de igual nombre.
Finalmente, tras casi veinte años
de exitosa trayectoria ganadera, nuestro protagonista,
el Conde de Santa Coloma, enfermo y prácticamente
arruinado se ve en la obligación de desprenderse
de su tesoro ganadero, vendiéndolo en 1932 al ganadero
sevillano Joaquín Buendía, cuya familia
sigue manteniendo en la actualidad la preciada herencia
"santacolomeña" de aquél lúcido
ganadero que fue el Conde de Santa Coloma.
BUENDÍA NOBLEZA "ASALTILLADA"
La primera decisión que toma Joaquín Buendía
tras hacerse cargo, en 1932, de la ganadería de
Santa Coloma es trasladar todas las reses hasta las fincas
denominadas "Bucaré" y "El
Reboso", situadas en las localidades sevillanas
de Alcalá de Guadaira y Palma del Río.
Como es lógico el nuevo ganadero
es plenamente consciente del mal momento en que se encuentra
la ganadería, lo que le obliga a efectuar una rigurosísima
selección que hace que el número de sementales
y reproductoras de la vacada se reduzca considerablemente.
Inicialmente el nuevo ganadero se mantuvo sin lidiar prácticamente
nada durante mas de cinco años, llegando algunos
años a mandar al matadero casi cien toros. Por
fin, en 1937, reaparece en diversas plazas de escasa responsabilidad,
aunque no es hasta la mitad de los años cuarenta
cuando los resultados de su trabajo comienzan a dar un
fruto positivo.
Es en estos primeros años cuando
Joaquín Buendía comienza a modelar un tipo
de toro bastante diferente al que recibió del Conde
de Santa Coloma. Este es un punto algo polémico
pues existen aficionados que achacan a la familia Buendía
el haber reducido sustancialmente el trapío y el
peso de los toros heredados del conde. En todo caso, lo
que resulta incuestionable es que en manos de sus nuevos
propietarios la ganadería giró claramente
hacia una línea mas "asaltillada", reduciendo
considerablemente el volumen y las defensas de sus productos
y dotando a estos de una mayor nobleza y regularidad.
De todos modos, resulta evidente que este
cambio ayudó a que estos nuevos "santacolomas"
fueran aceptados por los toreros de una fiesta muy distinta,
no lo olvidemos, a la de las primeras décadas del
siglo XX. Este cambio del que estamos hablando fue edificado
bajo la influencia de un primer semental de nombre
"Rivero", herrado, todavía, con el
hierro de Santa Coloma. A partir de este otros muchos
sementales fueron los encargados de fijar los caracteres
de estos nuevos "santacolomas buendías",
entre los que podemos citar nombres como los de "Lisito",
"Olivero"
o "Calesero".
La ganadería de Joaquín
Buendía se presenta en Madrid un 27 de junio
de 1943 en un cartel en el que se acartelaban los hermanos
Pepe y Antonio Bienvenida y "El Andaluz".
Cinco de los seis toros lidiados esa tarde
resultaron ovacionados en el arrastre, destacando sobremanera
un animal llamado "Turquesito". Posteriormente,
en 1948, la ganadería de Buendía regresa
a "Las Ventas" con otra buena corrida
de toros ante la que se anuncian los diestros Martín
Vázquez, "Parrita" y "Rovira"
y en la que se lidia un gran toro de nombre "Tejas".
Finalmente, también en la monumental
madrileña se lidia un 16 de mayo de 1950 otro gran
"buendía", cárdeno de capa, de
nombre "Balconero".
A los cambios morfológicos ejecutados
por Joaquín Buendía en su ganadería
le acompañaron, casi desde el primer momento, modificaciones
sustanciales en el comportamiento de sus reses durante
la lidia. Los "buendías" siguieron siendo,
como sus antecesores, toros bravos y de respeto, serios
en su pelea en varas y muy encastados durante toda la
lidia.
Pero en manos de su nuevo propietario
ganaron en "calidad" y regularidad en su comportamiento
además de añadir la transmisión y
el "ir a mas" en sus embestidas.
En el aspecto negativo resaltar que desde
el primer momento comenzaron a aparecer en la ganadería
los clásicos "distraídos", toros
que salían de los muletazos con la cara alta, como
desorientados. En cuanto a las capas mas características
en la ganadería de Joaquín Buendía
las principales fueron las negras, en aquellas reses de
origen "ibarreño", y las cárdenas
en diversos matices en las reses de simiente "asaltillada".
Muy rara vez solían aparecer las capas tostadas
y las berrendas en cárdeno, aunque eran numerosos
los accidentales que "adornaban" a estas reses.
Entre los mas frecuentes señalar
los entrepelados, salpicados, bragados, luceros, caribellos...
LA CONSOLIDACIÓN
A partir de los años cincuenta, los "santacolomas"
de Buendía incrementan su prestigio y se ven anunciados
en las principales ferias, tanto españolas como
francesas. Su comportamiento noble y regular en un fondo
de indudable casta hace que destacadas figuras del toreo
como Luis Miguel, Girón o Pepe Luis se apunten
con frecuencia a lidiar estos toros, aunque es a principio
de la década de los sesenta cuando surge con fuerza
un nombre que para siempre quedará asociado con
el encaste "santacolomeño": el de Paco
Camino.
El gran maestro de Camas cimentó
su carrera estoqueando nada menos que 226 toros de las
ganaderías de Joaquín Buendía y Felipe
Bartolomé llegando a ser considerado un auténtico
especialista en el encaste "santacoloma", encaste
con el que consiguió sus mas importantes triunfos.
Queda para el recuerdo en la historia
de la Tauromaquia la fecha del 6 de junio de 1970, día
en el que Camino alcanza la cima de su carrera artística
en Madrid con una encerrona benéfica en la que,
entre otros, estoquea dos "buendías",
uno con el hierro titular y otro, sobrero, con el de Bartolomé.
La década de los años sesenta
y setenta pueden considerarse como las de la consolidación
de la ganadería. Muy ligados en esos años
a la casa "Chopera" los "buendías"
se hicieron indispensables en las ferias del norte de
España, siendo habitual su presencia en cosos como
los de Bilbao, Logroño, Zaragoza, Tudela...
En estos años Joaquín Buendía continuó
consolidando la línea de "toreabilidad"
de su ganadería, haciéndola del gusto, incluso,
de matadores de marcada sensibilidad artística
como es el caso, por ejemplo, de Manzanares,
"Antoñete" u otros. Otra de las consecuencias
del buen momento que atravesó esta ganadería
durante estas décadas fue que hacia ella se dirigieron
un gran número de ganaderos de todo el mundo taurino
en busca de "simiente" de calidad con la idea
de refrescar sus ganaderías o, en muchos caso,
de crear nuevas vacadas.
Por último, resaltar que en 1966
los hijos de Joaquín Buendía, los hermanos
Buendía Ramírez de Arellano, adquirían
la ganadería que le correspondiera en herencia
a Consuelo Ramos-Paul Dávila, de procedencia
"villamarta".
Con esta adquisición la familia
Buendía constituyó la ganadería denominada
"La Quinta" integrada en su totalidad por
ganado "santacolomeño" de la casa.
Durante los años en que la familia
Buendía gestionó esta ganadería,
sus productos, tanto en morfología como en comportamiento
durante la lidia, siguieron fielmente el patrón
de la ganadería matriz de Joaquín Buendía.
Finalmente, en 1988 la familia Buendía
vendía la ganadería de "La Quinta"
a Alvaro Martínez Conradi el cual conservó
tanto el ganado como el hierro, divisa y señal
de la antigua ganadería de Consuelo Ramos.
También los años ochenta
resultaron triunfales para la ganadería de Joaquín
Buendía, con abundantes triunfos como el logrado
en Madrid en 1982 con el novillo de nombre "Volador"
o con el toro de nombre "Remolón"
jugado en Bilbao en 1985.
Es en esta década cuando comienza
a observarse un cierto "agigantamiento" de los
"buendías", lo que hace que, quizás
por la exigencia de lidiar en plazas de exigencia "torista",
a partir de mitad de los ochenta no resulte infrecuente
el encontrarse en esta ganadería con reses grandes
y con bastantes pitones, aunque siempre dentro de la estructura
morfológica clásica. En todo caso, la condición
de brevilíneos de estos toros hace que el destino
natural de la mayor parte de las
camadas se destine a plazas de segunda y tercera categoría,
plazas en las que los "santacolomas" pueden
lucir mejor sus cualidades.
Finalmente, los años noventa no
resultaron del todo positivos para la ganadería
de Joaquín Buendía, que vió rota
la regularidad marcada durante mas de cincuenta años
de trayectoria ganadera. Quizás por haberle echado
mas agua al vino de lo deseado los "buendías"
comenzaron a mostrarse apagados y bajos de casta, hecho
que derivó en una importante pérdida de
cartel de la ganadería. Tanto es así que
en este periodo tan sólo merece destacarse al toro
de nombre "Callejero", galardonado con
la vuelta al ruedo en la Aste Nagusia bilbaína
de 1990.
EL FUTURO
En 1996 Joaquín Buendía decide repartir
la ganadería entre sus trece hijos. Para ello divide
la vacada en tres lotes en cada uno de los cuales incluye
doscientas reproductoras y un tercio de los sementales
de su ganadería. De este modo, el hierro de Santa
Coloma y la finca "La Amarguilla" pasaron
a manos de María Luisa, José Luis y Joaquín
Buendía quedando este último como titular
de la ganadería ante la Unión de Criadores
(U.C.T.L.) bajo la denominación de "La
Amarguilla". Posteriormente, en 2002, los derechos,
divisa y señal de esta ganadería pasan a
propiedad de la sociedad Perinal S.L. quién
cambia la denominación por la de Ganadería
San Miguel sustituyendo el ganado por otro de procedencia
"nuñez".
Otra de las partes de la ganadería
de Joaquín Buendía, junto con la finca denominada
"San José de Bucaré", fue
a parar a manos de Carmen, Elena, Concha, Pilar, Rocío
y Javier Buendía, que es quién actúa
como responsable de este tercio de "buendías"
herrados bajo la denominación de "Bucaré".
Se trata de la parte mas activa de las tres en que se
dividió la vacada matriz de Joaquín Buendía
pues al poco de formarse atesora ya resultados mas que
esperanzadores.
En este sentido podemos destacar, por
haberlas vivido en primera persona, las dos interesantes
novilladas lidiadas por esta ganadería en nuestra
plaza de toros de "La Misericordia" de
Zaragoza durante las temporadas 2001 y 2002. La
primera de ellas, lidiada el 1 de julio de 2000, y estoqueada
por "Paulita", Ricardo Torresy Rafael de
Julia resultó, en conjunto, la mejor de la
temporada zaragozana de aquel año tanto por presentación
como por juego. Con un peso medio de 521'33 Kg. y con
dos utreros aplaudidos de salida, la novillada sorprendió
por su corpulencia y altura, a pesar de lucir una cómodas
cabezas.
En cuanto a su juego se puede resaltar
que cumplió mas que sobradamente en varas, viniéndose
arriba en banderillas y embistiendo con franqueza en la
muleta. La segunda cita en Zaragoza la cumplimentaba la
ganadería de "Bucaré" en la Feria
del Pilar de 2001, concretamente un cinco de octubre.
Sin alcanzar el buen nivel del año anterior la
novillada también dejó un buen sabor de
boca entre los aficionados pues disfrutamos con el juego
de un lote de utreros grande -¡dos fueron desechados
en el reconocimiento previo por pesar, nada menos, que
597 y 618 Kg!- con edad, parejo de hechuras y cómodo
de cabezas que a la postre desarrolló un juego
entretenido aunque con cierta tendencia a la sosería
y la mansedumbre. Por otra parte, también el pasado
año 2004 resultaba positivo para la vacada de "Bucaré"
al lidiar con resultados positivos dos serios lotes de
utreros en las ferias de Algeciras y Arganda del Rey.
La tercera y última de las partes
en que se dividió la ganadería de Joaquín
Buendía, junto a la finca "La Rehuelga",
pasaba amanos de Mari Cruz, Luis Felipe Juan Carlosy
Rafael Buendía, quedando este último
como representante de la ganadería denominada "Rehuelga".
Esta parte de "buendías" está
prácticamente inédita hasta el momento por
lo que no se puede aventurar cual puede ser su trayectoria
en un inmediato futuro.
Este es el legado de un siglo de casta
heredado de la locura ganadera de un genial y romántico
amante del toro bravo como fue el Conde de Santa Coloma.
Por desgracia, y salvo que se produzca un milagro, el
toro "santacolomeño" parece inexorablemente
abocado a desaparecer de las plazas de toros españolas
debido a su casta e incomodidad para el toreo moderno.
Hoy, lo que hace treinta años era un amplio y diverso
panorama de ganaderías oriundas de cualquiera de
las diversas ramas derivadas del tronco común de
la vieja ganadería del Conde de Santa Coloma,
ha quedado reducido prácticamente a la nada perdurando
como exponente de esta legendaria sangre únicamente
un pequeño ramillete de hierros.
LOS OTROS "SANTACOLOMAS"
A continuación trataré de diseccionar la
desigual trayectoria de las distintas ramas ganaderas
originadas a partir del legado inicial del Conde de Santa
Coloma.
Uno de los valores fundamentales en el
encaste "santacolomeño" ha sido, y es,
su gran diversidad. Nada menos que hasta en cincoramas
diferentes -Albaserrada, Coquilla, Graciliano, Pérez
de la Concha y Buendía- se desarrolla actualmente
el legado ganadero creado hace un siglo por ese gran romántico
que fue el Conde de Santa Coloma. Eso sí, con tristeza
se puede afirmar que de estas cinco "partes",
actualmente tan sólo dos -las originarias de las
numerosas ventas de machos y reproductoras efectuadas
por la familia Buendía desde que se hizo cargo
de la ganadería de Santa Coloma y la de Albaserrada-
tiene garantizado el futuro con mas o menos seguridad.
El resto, sino extinguidas, si resultan prácticamente
marginales en la actual cabaña de bravo española.
A continuación trataré de
analizar el origen y realidad presente de cada una de
ellas:
MARQUES DE ALBASERRADA (1912)
Como he señalado anteriormente el Conde de Santa
Coloma "fusionó" reses de las ganaderías
de Ibarra y Saltillo para dar así forma a su ganadería.
Inicialmente, el toro de Santa Coloma recibió una
influencia negativa de la parte de Saltillo, un toro que
era mas fino, pero que resultaba de peor conformación
e inferior trapío. Queriendo limitar esta influencia
negativa el Conde de Santa Coloma vende, en 1912, la mayor
parte de su vacada de origen "saltillo" a su
hermano, el Marqués de Albaserrada. Este
la mantiene en su poder hasta su fallecimiento en 1920,
pasando después a manos de la familia Bueno-
Calvo de quién pasa a sus hijos, los hermanos
Escudero Calvo, los cuáles la mantienen
en propiedad hasta 1961, año en que ante las serias
dificultades que encontraban para poder colocar en el
mercado sus "albaserradas" venden la ganadería
a quién, tan sólo unos pocos años
después, sería considerado como el ganadero
mas importante del siglo XX: Victorino Martín
Andrés.
Mucho más espacio que todo el reservado
a este artículo me ocuparía el analizar
la importancia de Victorino Martín como ganadero
y comunicador en la Tauromaquia de finales del siglo XX
y principios del XXI. En todo caso si que como aficionado
es de recibo agradecerle a esta ganadería las grandes
tardes de toros que nos ha brindado en las cuatro últimas
décadas, reconociéndole,
asimismo, el servicio prestado a la Fiesta con la crianza
de un toro de lidia íntegro y encastado. Pero volviendo
a los orígenes señalar que tras adquirir
Victorino, en 1961, el primer lote de la ganadería
de los hermanos Calvo -concretamente el correspondiente
a Florentinapoco a poco se fue haciendo con los lotes
del resto de hermanos - Josefina y Antonio- completando
en 1965 la compra con la adquisición del viejo
hierro y divisa del Marqués de Albaserrada.
De la ganadería de Victorino Martín,
portadora en su sangre del legado histórico de
los "albaserradas", se han producido dos escisiones
a lo largo de estos últimos cuarenta años.
La primera, acontecida en 1976, se consuma al adquirir
un íntimo amigo de Victorino, Leopoldo Picazo,
un pequeño lote de 35 vacas y un semental. Este
lote, tras pasar brevemente por varias manos -Fernández
Duran, Vergara y Felino Fernández-, llega en
1981 a poder del ganadero madrileño José
Escolar, cuya familia lo mantiene en la actualidad,
eso sí, tras haber
refrescado la ganadería con ganado de origen "santacolomeño"
propiedad de Paco Camino.
La otra escisión -partición
habría que llamarla con mas propiedad- es de origen
familiar al decidir, en 1991, Adolfo Martín
Andrés -hermano de Victorino separarse
de su hermano en la gestión de la ganadería
de la "A coronada", que hasta entonces habían
llevado prácticamente al unísono. A Adolfo
Martín, le correspondieron en la partición
ciento quince vacas de puro origen "albaserrada",
así como la cesión por tres temporadas de
dos sementales de entre los mejores de la ganadería.
Actualmente la vacada de Adolfo Martín se encuentra
plenamente consolidada y a pesar de ciertas irregularidades,
compite con la de Victorino Martín en las principales
ferias de la temporada taurina.
Morfológicamente, como es lógico,
el encaste "albaserrada" tira mucho mas hacia
la línea de Saltillo que hacia la de Ibarra, aunque
sobre todo en la vacada de Victorino Martín los
toros están alcanzando últimamente una talla
media superior al prototipo "asaltillado". Son
estas reses de origen "albaserrada" animales
serios de pitones, de cuerna veleta, lomo recto y morrillo
poco prominente. El pelo que predomina en estos "albaserradas"
es el cárdeno, dándose en
menor proporción el negro.
Son, por tanto, estas tres ganaderías
-Victorino Martín, José Escolar y Adolfo
Martín- las que en la actualidad albergan la
herencia de la legendaria ganadería del Marqués
de Albaserrada.
Señalar, que al contrario que otras
ramas de Santa Coloma, la de los "albaserradas"
se encuentra plenamente consolidada y goza del prestigio
y respeto de los aficionados, que esperamos con pasión
las diversas comparecencias de estas ganaderías.
COQUILLA (1916)
Francisco Sánchez, conocido
como Paco Coquilla, fue un ganadero inteligente
que supo anticiparse a sus colegas salmantinos e intuir
que tanto el toro como el toreo de su época -primer
cuarto del siglo XX- sufrirían toda una revolución
con el triunfo del "belmontismo".
Consciente de ello, Paco Coquilla
buscó en Sevilla un tipo de toro que le
permitiera situarse en primera línea de los ganaderos
del momento. Este toro lo encontró, a través
del Marqués de Albaserrada, en la ganadería
del Conde de Santa Coloma quién, en 1916, le vendía
un importante lote de reses de ambos hierros. De entre
este gran número de reses destacó sobremanera
el semental de nombre "Jabato", sobre
cuya regularidad se cimentó el éxito inmediato
de la ganadería.
La selección efectuada por Paco
Coquilla en su nueva ganadería, junto con las muy
diferentes condiciones de aclimatación al campo
"charro", influyeron en que el toro de Coquilla
fuese un toro marcadamente "ibarreño",
a pesar de la contradicción que suponía
que buena parte del ganado que adquirió el ganadero
salmantino perteneciese a la línea mas "asaltillada"
de Santa Coloma.
Este hecho se explica por el poco tiempo
transcurrido desde el cruce efectuado por el Conde de
Santa Coloma, hecho que impedía que ambas líneas
-Saltillo e Ibarra- hubieran fijado sus caracteres con
claridad. Con esta clarividencia, propia de los grandes
ganaderos, colocó en muy poco tiempo Paco Coquilla
su vacada en primer lugar entre las preferencias de las
figuras de su época, las cuáles -especialmente
Marcial Lalanda- supieron apreciar la perfecta
combinación de nobleza y casta lograda por el ganadero
charro.
Desgraciadamente y por motivos económicos,
Paco Coquilla tuvo que desprenderse muy rápidamente
de su ganadería, enajenándola en 1935 en
cinco lotes distintos que fueron a parar a los siguientes
ganaderos: José María López, Hermanos
Villagodio, Santiago Ubago, Alfredo Corrochano y Justo
Sánchez. De estos cinco lotes, tan sólo
uno, el de Justo Sánchez, se salvo con el
tiempo de la extinción. De este lote, que Justo
anunció a nombre de sus hijos, los hermanos Sánchez-
Fabrés, se desgajó, en 1944, un pequeño
lote compuesto por 85 vacas y tres sementales que pasó
a manos de Jesús Sánchez Arjona de
quién, después de su fallecimiento, lo heredan
sus hijos, los hermanos Sánchez Arjona, siendo
actualmente dirigida esta pequeña ganadería
por Javier Sánchez Arjona y su hijo bajo
la denominación de "Coquilla de Sánchez
Arjona".
Del tronco inicial de la familia Sánchez
Fabrés nada queda en la actualidad, pues parte
fue trasladado a Brasil y México y otra
parte fue enajenada a los ganaderos mexicanos Chafik
y Miaja para su "experimento" ganadero de
"San Martín".
Finalmente, otro de los lotes en que se
dividía la vacada de los hermanos Sánchez-
Fabrés, el de Dolores Sánchez-Fabrés,
fue adquirido, en 1952, por otro de los más genuinos
representantes del campo charro ganadero: José
Matías Bernardos, "Raboso", quién
supo mantener a sus "coquillas" en primera línea
durante mas de 30 años. Durante este tiempo, "Raboso"
construyó un toro sustancialmente más grande
y "comercial" que sus ascendientes, algo que
aprovecharon las "figuras" de este tiempo para
anunciarse con ellos en las principales ferias.
Morfológicamente hablando el toro
de "coquilla" es, en la actualidad, bastante
parecido al que creara Paco Coquilla hace casi noventa
años. Así, los "coquillas" siguen
siendo animales bajos de agujas, degollados y bastante
corpulentos, hecho este que les permite alcanzar sin problemas
los 500 Kg. De peso incluso en novilladas, como hemos
comprobado en las frecuentes y exitosas comparecencias
de la ganadería de "Coquilla de Sánchez
Arjona" en Zaragoza. Lógicamente, por su estirpe
"ibarreña", el pelo predominante es estos
toros es el negro, dándose en ocasiones algún
ejemplar listón o chorreado. En cuanto a su comportamiento
durante la lidia señalar que se trata de reses
fundamentalmente encastadas, cuya nobleza presenta la
característica de ir a mas durante la lidia. Son
animales muy propicios para el triunfo de sus matadores
siempre, eso sí, que se encuentren con lidiadores
suficientemente preparados para hacerles frente.
Esta es, por tanto, la genealogía
de un encaste incomprensiblemente marginal en la cabaña
de bravo actual. Tristemente, hoy tan sólo la vacada
de "Coquilla de Sánchez Arjona" mantiene
esta legendaria sangre en pureza, a pesar de que poco
a poco y por las exigencias del mercado ha ido reduciendo
su producción hasta apenas una novillada anual.
Por ultimo, señalar que también encontramos
sangre "coquilla", aunque mezclada con otras
líneas "santacolomeñas", en las
vacadas de "San Martín", "Saltillo",
Adolfo Rodríguezy "Los Tohales" entre
otras.
GRACILIANO PÉREZ TABERNERO (1920)
En 1920, después de varios años tratando
de encontrar una línea ganadera con reses de distintas
procedencias, Graciliano Pérez Tabernero
compra al Conde de Santa Coloma un lote de 130 vacas junto
a dos erales elegidos en tienta -Cristalino y Mesonero-
eliminando, al mismo tiempo, todo el ganado que mantenía
de origen Veragua y Miura. La mayoría de
hembras, así como los dos machos, adquiridos por
Graciliano Pérez Tabernero pertenecían a
la rama "ibarreña" de la ganadería
de Santa Coloma, rama sobre la que se edificó el
desarrollo posterior de este encaste. De los dos sementales
que construyeron la ganadería destacó sobremanera
el llamado "Mesonero" el cual, en sus
18 años de vida -murió en agosto de 1936-,engendró
nada menos que 1150 crías, influyendo decisivamente
en la consolidación de la ganadería.
De esta consolidación, da constancia
el gran número de toros importantes que en muy
pocos años lidió la ganadería de
Graciliano Pérez Tabernero.
Entre muchos otros merecen destacarse
los llamados "Segador" -que tomaba seis
varas en 1926 en Madrid-, "Ligero" -
premiado con la vuelta al ruedo en la misma plaza en 1925-,
"Gorrión" -premiado, también,
con la vuelta al ruedo en San Sebastián
en 1929- o "Perdigón" -ganador
en 1938 del premio a la bravura en la temporada mexicana-.
Por el contrario, en la lista negra de toros de Graciliano
Pérez Tabernero destaca el llamado "Fandanguero",
autor en 1931 de la muerte de "Gitanillo de Triana".
Al finalizar la contienda civil, en 1939,
Graciliano Pérez Tabernero vende la mayor parte
de su ganadería al sevillano José Escobar
Barrilaro -cuyos descendientes la mantienen en la
actualidad en la mítica finca de Isla Mínima-,
reservándose únicamente para si mismo 25
vacas y un semental así como el hierro y la divisa
originales, comenzando de este modo a configurar una nueva
ganadería. Los primeros ejemplares de esta nueva
vacada saltaron al ruedo en 1943 en la corrida de la
Asociación de la Prensa de San Sebastián.
De este modo, y esta vez poco a poco, vuelve por segunda
vez a situar Graciliano Pérez Tabernero su vacada
en cabeza de las preferencias de la afición taurina
de la época.
Tras su muerte, en 1957, su ganadería
es dividida en cinco lotes, uno de los cuáles queda
en propiedad de su viuda -Trinidad Nogales- mientras
que los cuatro restantes van a parar a sus cuatro hijos.
Tras sucesivas cesiones - Sánchez Ferrero, Germán
Pimentel y Matías Sanromán el lote de Trinidad
Nogales pasa, en 1973, a manos de Juan Luis Fraile,
cuyos descendientes la mantienen actualmente en toda su
pureza.
El resto de lotes en que se dividió
la ganadería de Graciliano Pérez Tabernero,
los correspondientes a sus hijos -Casimiro, Fernando,
Graciliano y Guillermo- corrieron distinta suerte,
siendo el lote de Graciliano (hijo) el único
que pervive actualmente, aunque sea mínimamente,
en la ganadería de Palomo Linares. El resto
de los lotes que configuraban la ganadería de Graciliano
Pérez Tabernero se extinguieron después
de pasar por distintas manos.
Partiendo, por tanto, de una inequívoca
impronta "ibarreña" se puede describir
al toro prototipo de "graciliano" en la actualidad
como un toro mayoritariamente negro -con algunos ejemplares
bragados, meanos o entrepelados -y de talla mayor a la
de otras ramas de Santa Coloma.
Así mismo las encornaduras presentan
también un mayor desarrollo en este "encaste"
que en sus hermanos, siendo reses bien armadas y astifinas,
hecho este que ha servido para acrecentar el "temor"
de los toreros a estos toros. En cuanto a su comportamiento
durante la lidia destacar que hablamos de toros con "gasolina",
de gran bravura en la suerte de varas y con las complicaciones
propias de la casta. Quizás, como defecto más
evidente se pueda evidenciar una aparente desigualdad
en el comportamiento de estos toros, actitud esta inherente
a la casta que poseen.
Por lo tanto, y por desgracia, estamos
ante un encaste prácticamente extinguido que solo
se mantiene en pureza en un puñado de ganaderías
que encuentran múltiples dificultades para poder
vender sus productos. Entre estas ganaderías destacaría
la de Escobar, Palomo Linares y, sobre todo, la de Juan
Luis Fraile.
Tristemente estas vacadas no se encuentran
en su mejor momento y son muy pocos los festejos que lidian
al cabo del año, generalmente en plazas de menor
responsabilidad.
PÉREZ DE LA CONCHA (1925)
La ganadería de Pérez de la Concha
puede ser considerada como uno de los patrimonios vivos
más valioso de la cabaña de bravo mundial.
Fundada en 1825 por Joaquín de la Concha y Sierra
con ganado de origen "vazqueño" del
sevillano Curro Blanco, esta ganadería es
una de las que atesora mas antigüedad de las existentes
en la actualidad.
En 1923, después de varias generaciones
de éxitos ganaderos, la vacada pasa a manos de
Joaquín y Enrique Pérez de la Concha, los
cuáles entendieron desde el primer momento la necesidad
de sustituir la vieja sangre "vazqueña"
por otra mas adecuada para los nuevos "aires"
que comenzaban a soplar en la Fiesta. De este modo los
hermanos Pérez de la Concha volvieron la
mirada hacia la ganadería de Santa Coloma de la
que adquirían en 1925 un lote de vacas y un semental.
En un primer momento los hermanos Pérez de la Concha
se centran en lidiar novilladas para poder así
ir conociendo mejor la evolución de la ganadería.
Con el paso de los años y poco
a poco la ganadería vuelve a primer plano de protagonismo
y durante la década de los años treinta
es demandada por figuras de la talla de Marcial Lalanda
o Villalta, entre otros. Posteriormente y pasada la contienda
civil los hermanos Pérez de la Concha refuerzan
con distintas adquisiciones la línea "santacolomeña"
de una ganadería que continua siendo reclamada
por los principales matadores de la época, tales
como Arruza o Domingo Ortega. Finalmente y tras el fallecimiento,
en 1975, de Enrique Pérez de la Concha la ganadería
pasa a manos de su viuda Carmen Martínez de
la Concha, momento que coincide con la práctica
desaparición de la ganadería del circuito
de novilladas que frecuentaba en los últimos años.
Desde entonces y hasta la actualidad en que la ganadería
acaba de pasar a manos de Ignacio Huelva -propietario
asimismo de la vacada de "Hernández Plá"
y parte de la de "San Martín"- los
"perezdelaconcha" han permanecido prácticamente
"hibernados" alejados de cualquier cruce o mezcla
que pudiera diluir su pureza "santacolmeña".
Este hecho, sin duda, les confiere un atractivo único,
haciendo apasionante la esperanza de poder disfrutar en
breve con su presencia en los ruedos.
En cuanto a su morfología señalar
que estas reses guardan cierto parecido con la línea
mas asaltillada del encaste "santacolomeño",
aunque aparentan estar muy poco evolucionadas al haber
permanecido prácticamente "vírgenes"
durante treinta años. En todo caso son reses mas
altas de agujas, con caras más alargadas y de pobres
encornaduras.
Por todo lo dicho anteriormente hablar
de comportamiento en esta ganadería resulta prácticamente
imposible, si bien se presupone que se trata de reses
muy encastadas, quizás algo dificultosas para la
práctica del toreo moderno. Confiemos que el nuevo
propietario de esta ganadería pueda devolverla
al lugar que ocupó durante muchos años y
que además mantenga la tradición de marcar
el hierro en el costillar y el número en la parte
superior del anca trasera de las reses.
BUENDÍA (1932)
Anteriormente daba cumplida explicación de los
detalles de la adquisición, en 1932, de la vacada
de Santa Coloma por parte del ganadero sevillano Joaquín
Buendía, en poder de cuya familia se mantiene todavía
el legado ganadero del Conde de Santa Coloma. Como es
bien conocido, la mano de la familia Buendía modeló
de manera magistral un "santacoloma" acorde
con la fiesta de la época que les tocó vivir
consiguiendo, de esta manera, mantenerse en primera línea
durante mas de cincuenta años. Lógicamente,
este hecho despertó el interés de múltiples
criadores de bravo de todo el mundo taurino que volvieron
su mirada hacia la casa Buendía en busca de casta
nueva para sus ganaderías. Así, a partir
de la década de los sesenta son mas de cincuenta
las vacadas que bien se forman nuevas o bien son renovadas
total o parcialmente con reproductoras y sementales originarios
de la ganadería de Buendía.
Desgraciadamente, y por similares motivos
a los arriba expuestos para otras ramas de Santa Coloma,
de la importante cantidad de ganaderías poseedoras
entre las décadas de los sesenta y los ochenta
-auténtica "edad de oro" del "buendía"
en nuestro país- de reses de esta procedencia hoy
tan sólo quedan un puñado de ellas, habiendo
cedido el resto ante la imposibilidad de poder comercializar
dignamente sus productos.
De entre estas últimas merecen
destacarse por su importancias las de Guadaria
-renovada con "jandillas"-, Auxilio Holgado
-desaparecida-, "La Guadamilla" -ha incorporado
ganado de origen Domecq-, María Lourdes Martín
- renovada con reses de origen "atanasio"-,
Martínez Elizondo -extinguida-, Sotillo
Gutiérrez - ha incorporado inválidos
de Dome cq-
o, entre otras muchas, la de José Vázquez.
Entre las que todavía aguantan
el tipo se pueden destacar, por su importancia, las de
Ana Romero -casi la única que medio aceptan
las "figuras"-, Flores Albarrán, Germán
Gervás, Hernández Plá -ganadería
de gran prestigio entre la afición más "torista"-,
"La Fresneda", "Los Camino" -vacada
propiedad del maestro Paco Camino-, Alipio Pérez
Tabernero, "Hoyo de la Gitana", Hnos. Clemares,
"Río Grande" y "Terrubias".
Estas, junto a un puñado mas de ganaderías,
son la herencia actual de la simiente sembrada por la
familia Buendía durante mas de setenta años
de trayectoria ganadera.
Ojalá, por el bien de la Fiesta,
sigamos disfrutando por muchos años de la presencia
en los ruedos de los toros y novillos del encaste que
hace cien años creara ese romántico que
fue el Conde de Santa Coloma
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