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La Comunidad de Madrid se lió la manta a la cabeza
y elaboró un pliego absolutamente deleznable para
el concurso de Las Ventas. Aquello era una subasta encubierta
y la impresión es que la plaza se la iba a quedar
el mejor postor. El pliego iba además, claramente
en contra de los aficionados, a quienes nos reducían
el número de corridas de la feria de San Isidro.
Mucho se ha escrito durante este largo mes transcurrido
desde que saliera a la luz el pliego hasta que el pasado
día 30 de diciembre los chicos de Esperanza se
decidieran a adjudicar la plaza a José Antonio
Martínez Uranga.
Visto el resultado me da en la nariz que
los responsables taurinos de la Comunidad de Madrid han
cambiado totalmente sus planteamientos en el tiempo transcurrido
desde la elaboración del pliego hasta la adjudicación
de la plaza. Con semejante pliego estaba claro que buscaban,
por un lado la pasta y, por otro, un empresario innovador,
que diera un giro copernicano a la gestión de Las
Ventas. Pues bien, al final, ni una cosa ni otra. Se han
decantado por la continuidad. Y es que los "Choperitas"
son lo más parecido a los Lozano que había
entre los licitantes.
A la Comunidad de Madrid le ha entrado
el vértigo y al final ha deshecho el camino andado
y ha apostado poco menos que por dejar las cosas casi
como estaban. Y es que los experimentos con gaseosa, habrán
pensado los "Esperanza boys". Y para ello, para
darles la plaza a los taurinos donostiarras han tenido
que llevar a cabo un pucherazo de tomo y lomo. No nos
engañemos, atendiendo a la literalidad de las ofertas
y con una baremación correcta la plaza debería
haber sido para Victoriano Valencia, que fue el que más
pasta ofreció, o para Simón Casas, que había
elaborado el pliego más imaginativo, aunque también
está claro que el taurino francés tiene
más peligro que una piraña en un bidet.
Pero no, los responsables del centro de asuntos taurinos
se han pasado la baremación por el forro de sus
caprichos y la plaza se la han dado a los "Choperitas".
No digo yo que la elección sea
mala, ni mucho menos, aunque huela a "dejá
vu", pero hay que dejar las cosas claras: El pucherazo
ha sido de tomo y lomo. Pero bueno, ya tenemos empresario
para Madrid y a éste hay que empezar a pedirle
cosas. Y como no es cuestión de hacer una enorme
lista, me quedaré con una sola petición:
Que el toro vuelva a las Ventas.
En sus últimos años, los
Lozano habían bajado hasta límites inadmisibles
la presencia del toro que sale a la monumental venteña
además de, por ahorrarse unos duros, no contratar
a las ganaderías más señeras y encastadas
del campo bravo. Para demostrarlo ahí está
el ejemplo de Cebada Gago, que no lidia en Madrid desde
hace años. Y en este del toro, José Antonio
Martínez Uranga, tiene bien cerca el espejo donde
mirarse. El toro que sale en La Ventas tiene que volver
a ser el que impuso su primo, Manolo Chopera, cuando era
empresario. Ese toro que los taurinos llaman grande, enorme,
fuera de tipo (sic)... y los aficionados consideramos
el toro serio y con trapío.
Por ahí hay que empezar, por el
toro, por devolver al espectáculo la seriedad que
siempre tuvo y que nunca debió de dejar de tener.
Si sale el toro la gente volverá a la plaza durante
toda la temporada y Las Ventas volverá a ser una
verdadera plaza de temporada en la que el cemento no será
el principal protagonista de los festejos fuera de feria.
Por lo demás, todo el mundo habla
de que el nuevo empresario es una persona seria y capaz.
No lo sé. No es empresario de ninguna de las plazas
a las que normalmente voy, aunque como taurino que es,
que lleva además cincuenta años en esto,
me imagino que tendrá todos sus vicios y defectos.
Como es normal tendrá el habitual margen de confianza,
pero que tenga una cosa muy clara: Los abonados de Madrid,
al menos quienes nos sentamos en el tendido donde tengo
mi localidad, le vamos a exigir el toro. El toro de verdad,
el toro, en fin, de Madrid. Y luego, el que pueda, que
se ponga delante. Pero que tenga José Antonio Martínez
Uranga clara una cosa: la casa se empieza por los cimientos.
Y en nuestra fiesta los cimientos son los toros. Sin eso
no hay nada y la casa, la fiesta, seguirá derrumbándose.
IÑAKI ETXARRI
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