Los críticos taurinos y su evolución

Por Don Higinio Severino de Vega
Abogado

Dedicatoria: Al injustamente denostado por su
difícil carácter, pero para mí el mejor crítico
de la historia: «EL FARINATODE LA RAYA»
(A.N.G.).


Para poder escribir este artículo, en el que por supuesto no puedo sino dejarme muchos críticos en el tintero, he tenido que visitar más bibliotecas que durante todos mis estudios universitarios, más que nada para ver en las hemerotecas algunos artículos y elegir los críticos de los que hablaré a continuación.

Quede claro, que a diferencia de otros artículos, este es incluso más personal, por lo que espero que nadie me reproche mis cuando menos << curiosas» opiniones>>. Es a todas luces evidente que en el transcurso del siglo XX, han existido decenas de críticos, muchos de ellos con gran criterio, lo que unido a su categoría y a su extenso conocimiento del «arte de Cúchares», unían unas condiciones literarias que hacían de sus crónicas una joya abierta incluso para los ajenos a nuestra Fiesta Nacional.

Entre los referidos críticos están, entre otros, los siguientes:

• Don Gregorio Corrochano, un auténtico líder con marcada personalidad, que cuando se presentó en Madrid Cayetano Ordóñez «Niño de la Palma» (padre) tituló el acontecer del festejo, de esta forma que pasó a la historia: «Es de Ronda y se llama Cayetano».

• Don César Jalón «Clarito» que además de ser ministro de la República, lucía una prosa amena, con ciertos ribetes intelectuales que elevaban sus relatos taurinos a cuotas enormemente altas para un cronista.

• Don Antonio Díaz Cañabate, gran periodista costumbrista, quien desde las páginas de ABC, además de juzgar acertadamente a los actuantes, deleitaba con pasajes del acontecer diario de su «Madrid castizo», lo que sumado a su honestidad y humildad, le hacía no admitir ni siquiera entradas de los toreros y le gustaba pasar totalmente desapercibido, hasta el extremo de declinar educadamente invitaciones a fiestas, comidas y homenajes, donde como hoy abundaban vagos, figurantes y miserables trincones.

• Don Benjamín Bentura Sariñena «Barico» fue otro ejemplo de honestidad y desde el semanario El Ruedo demostraba su buen hacer, siempre defendiendo con orgullo y argumentos la verdad de la fiesta contra viento y marea.

En Salamanca surgieron dos críticos punteros, conocidos como El Timbalero y El Clarinero, que aunque escribían en periódicos locales de escasa tirada, sus opiniones fueron de hondo calado en la verdadera afición de toda España.

En contraste con los anteriores, en la mitad del siglo, apareció una pléyade de vergonzosos oportunistas que lo único que buscaban era lucrarse con el vil metal y comenzó a proliferar lo que se denominó el sobre, hasta el extremo de que trascendió en periódicos, tertulias, etc., como si fuese algo normal.

Consistía en que sus crónicas se basaban en la cantidad de dinero que los apoderados de los toreros les metían en un sobre por cada actuación.

Si tal sobre, no era puntualmente entregado, el torero era tratado de forma inmisericorde,
incluso aún habiendo puesto a Las Ventas en pie...

Sobre la afición al sobre, os comentaré algunas anécdotas cuando menos curiosas, ejemplo
casi gráfico de lo que estoy diciendo:
«Desde los micrófonos de una radio madrileña, un crítico taurino andaluz con genial gracejo y de “armas tomar” dado su peculiar y guasón carácter, fijaba unas tarifas a los diestros para cantar sus hazañas y al que no entraba por el «aro», le ponía verde».

Cuando se le preguntaba por su proceder se limitaba a reírse tocando su cartera con genial
desvergüenza.

En una corrida de beneficencia en Las Ventas, actuaban mano a mano, las dos máximas figuras
de aquella época: el mejicano Carlos Arruza y el cordobés Manuel Rodríguez «Manolete». Este último estuvo cumbre y salió a hombros por la puerta grande, pero como su apoderado, D. José Flores «Camará» no había,aceptado el elevado cachet del «respetable» crítico, dicho contador de las verdades de la fiesta, al hacer su «justa» crónica, no habló prácticamente nada del grandioso triunfo del hijo de Doña Angustias y solo se refirió a la parte económica, y como Manolete cobraba una muy elevada cantidad sin regalar ni un duro para el fin de la corrida, y sin embargo Arruza toreaba gratis, terminó así el relato de la corrida:
«Arruza, torero mejicano, actuó desinteresadamente. Manolete, torero cordobés cobró íntegra la cantidad contratada.
ARRUZA, Dios te lo pague. MANOLETE, Dios
te perdone».

El periodista en cuestión estaba enemistado con el apoderado y padre de una gran figura del toreo (que se autodenominaba como el número uno) por no acceder a sus pretensiones pecuniarias, hasta el punto de que cada vez que actuaba le trataba cruelmente desde la radio, hasta que un 30 de mayo en la plaza de toros de Aranjuez, los dos hermanos del diestro, que también eran matadores de toros, le dieron una soberana paliza, que propició 27 días de internamiento hospitalario.

Cuando ya estaba recuperado, se presentó de improviso en el domicilio de la familia aludida, y le abrió la puerta la madre de los toreros, que se quedó anonadada al comprobar que el visitante llevaba una pistola en la mano. Al decirla que iba a ver a sus hijos, muy asustada le pidió que esperada un momento.

De inmediato salió el cabeza de familia, quien con su habitual sorna y nervios templados, a pesar de la difícil situación, le dijo al crítico muy tranquilamente: «¿Y esto no se podría arreglar con dinero…?»

En el acto guardó la pistola y comentó: «Eso ya es otra cosa…» Y desde esa fecha ya cantó
y contó las hazañas del matador con ferviente entusiasmo.


Los críticos taurinos y su evolución. Segunda parte

En esta segunda parte sobre los Críticos Taurinos y su evolución, comenzaré hablando
de uno peculiar, José María Gaona comúnmente conocido como «El Tío Caniyitas» que desde su programa en Radio Intercontinental y con su gran, enorme amor, a la «vil moneda» hacia la inmensa mayoría de sus crónicas a precio pactado y como muestra de ello, os contaré una anécdota sobre lo ocurrido en una Semana Grande de San Sebastián.

Allí después de la corrida del día, se personó el crítico en la habitación del triunfador de la tarde, José María Martorell, y a pesar de tener ya acordada con el diestro y su apoderado una especie de iguala por actuación, le indicó a dicho apoderado, de nombre Diego Martínez, que si le daba 5.000 pesetas más, comenzaría la crónica llorando... ipso facto Diego le dio dicha cantidad, y a la hora de su programa, el Tío Caniyitas empezó así su relato: «...perdonen mis queridos radioyentes que hoy comience llorando, pero no he podido evitarlo ante la emoción indescriptible de la grandiosa actuación de José María Martorell...».

Fue una época tan adulterada, que se llegó al extremo de que muchos críticos taurinos compraban
en los periódicos y radios su espacio de actuación, bien programa de radio, o bien artículo, desde los que cobrar sus «tarifas» por lo que todo no era sino una publicidad encubierta en un falso halo de crítica taurina, cuando ni se acercaba a serlo ni merecía en ningún caso tal distinción.

Así ocurrió con el diario Pueblo (Gonzalo Carvajal), Madrid (Manolo Castañeta), Marca (Ernesto Franquet), Radio España, Radio Intercontinental, Radio Toledo y Cadena Rato (Gonzalo Cardona). Y una larga lista de etcéteras.


Como habréis podido observar me abstengo de opinar sobre los críticos actuales, pues de ellos, los lectores que me siguen o siguen a cualquiera de mis compañeros de Los Sabios del Toreo, son los mejores jueces para emitir su más que seguro justo veredicto. Pero si me gustaría mencionar solamente a dos personas de distinta vertiente y criterio, pero unidos por una honestidad acrisolada, a mi gusto y a todas luces indiscutible.


Benjamín Bentura Remacha, quien en los difíciles años 60, acometió la aventura de crear y
lanzar un semanario taurino: Fiesta Española, que pronto alcanzó gran éxito y tirada, por la profesionalidad que destilaban sus páginas, y el enfoque fresco, objetivo y veraz con el que se trataba nuestra fiesta.

Sin embargo, su gran impulso y crecimiento fue frenado en un acto de inusual valentía por no querer Benjamín doblegarse a los poderes fácticos taurinos de la época.

Tan encarnizada lucha llevó al semanario a acumular un importante déficit, pero a pesar de ello Benjamín aguantó como gran caballero aragonés (de Magallón, y radicado en Ejea de los Caballeros), enseñando número tras número como se hace una revista de toros sin entrar en trinques, ni turbios manejos de aquellos que tanto daño han hecho al mundo de los toros.


Y para concluir mi artículo, no puedo dejar de hablar de Alfonso Navalón Grande, le duela a quien le duela, y le pese a quien le pese, el mejor crítico taurino del siglo XX. ¿Por qué? Para entender a Alfonso, su arte, su saber, pero sobre todo su mentalidad, hay que recordar lo que siempre se ha dicho de los grandes genios. Polémico, incomprendido, pero defensor a ultranza de sus principios y de su pensamiento.

Hoy podría dirigir alguna sección taurina como jefe, algún programa de radio o televisión. Podría ser multimillonario. Pero no lo es. Y sin embargo, en la soledad de su ausencia aún proyecta su alargada sombra en quienes lo hemos leído.

Las hemerotecas de los diarios Pueblo e Informaciones de Madrid, el Tribuna de Salamanca, el semanario Fiesta Española, e Internet donde se recopilan varios de sus más grandes artículos de los últimos tiempos, todos ellos son fieles testigos de lo que afirmo.

Desde su Fuentes de Oñoro natal, vino a Madrid en 1962, tras un paso corto y poco interesado por la Facultad de Derecho de Salamanca, y ya en sus comienzos casuales como crítico, demostró su insobornabilidad, y como genio que siempre ha sido y es, un profundo conocimiento, un inmenso saber, sobre nuestra Fiesta. Esto, sumado a su facilidad de palabra, su estilo tremendamente punzante, y su fuerza para defender la verdad, a pesar de que muchos han sido los disgustos y las «cicatrices» que en él han dejado amenazas y agresiones físicas, hacen de Alfonso, como decía antes, el mejor crítico del siglo XX.

Ni la sangre ni el dinero han podido con su espíritu indómito. Su regreso a Salamanca, debido a las presiones ejercidas sobre quienes le contrataban lo llevó al diario Tribuna, que abandonó hace un año cuando se pretendió censurar su opinión, hecho que viví de cerca, pues yo había sido invitado a colaborar con los especiales de La Glorieta, y estando ya en maquetación mis artículos, todo quedó en suspenso por no querer Navalón que se censurase su opinión. En el acto, pedí que se retirasen los míos, como posteriormente hicieron todos los que colaboraban allí. Hoy, en su finca El Berrocal se entretiene en cuidar su ganadería brava... y seguramente sueñe con aquella tarde de la feria de San Isidro en que muchos aficionados lo sacaron a hombros... y ojalá piense que sus cicatrices y situación son medallas de mérito y coraje por su defensa de la integridad del arte de Cúchares.

Hombre como decía en mi dedicatoria injustamente denostado, maltratado y apartado a la fuerza de su hábitat natural, nadie que yo haya leído ha sabido combinar el conocimiento, con el valor, la voluntad, la calidad literaria, y sobre todo el sentimiento con que bañaba cada una de sus crónicas.

El tiempo pondrá a este genio solitario en el lugar que le corresponde, y hasta su a veces excesiva agresividad literaria serán olvidadas quedando la verdad que siempre ha estado ahí al descubierto. La verdad que he pretendido bosquejar en este final de mi artículo. Alfonso Navalón Grande «El Mejor Crítico de la Historia».

Va por ti, amigo.

articulo publicado en Los Sabios del Toreo

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