Estimados D. Oscar y D. Pablo Martínez Labiano:

Vaya por delante que el ánimo de la presente misiva no es otro mas que el de expresar lo que, modestamente, pasa por mi cabeza.

Creo que a nadie se le escapa el hecho de que la situación taurina en San Sebastián pasa por un momento tremendamente delicado. No es cuestión baladí que un coso de tan corta historia haya pasado del más rotundo éxito a una situación tan delicada en tan poco tiempo.

A pesar de que no haya trascendido a la prensa todos hemos tenido conocimiento (con cifras variables, todo hay que decirlo) del alto número de bajas que se han producido en el abono donostiarra.

Sinceramente, como aficionado y amante de esta fiesta, me gustaría poderles expresar mi sentir (incluso con algún reproche), pero, lamentablemente conocen mis posturas a través de este portal. Su ostracismo hace posible que sus oídos no se abran al sentir de los aficionados, lo cual, por simple ética, me parece un tremendo error.

Han de reconocer que esta plaza se hizo con ilusión (la ilusión que siempre tuvieron su padre y su tío por devolver los toros a San Sebastián), pero también con dinero, ese dinero que muchos (creo que ilusos) aficionados les brindaron para poder sufragar su plaza (y digo que es suya porque ustedes son los propietarios, ustedes y nadie más) a través del abono para quince años.

Lamentablemente (y se lo digo con toda la sinceridad del mundo), hemos vuelto a vivir una semana grande con ambiente crispado, enrarecido incluso, un ambiente que demuestra que la afición tiene paciencia, pero hasta un límite. La historia ha cambiado mucho desde que iniciaron esta nueva andadura, pues se ha pasado de la satisfacción más absoluta al mayor de los desencantos.

Me imagino que sus iras hacia ciertos núcleos de la afición serán crispadas y continuas, supongo que seremos blanco de todas sus acusaciones, responsables de cualquier atisbo de desencanto entre los aficionados. Y, créanme, que me entristece.

Me entristece comprobar que más allá del bien y del mal no ha habido una cura de humildad, un reconocimiento público que demuestre su honradez, su responsabilidad como empresarios de un coso a la deriva, su “mea culpa” ante una situación tan desagradable como insostenible, ante una desastre rayano con la vergüenza más absoluta que ha supuesto esta semana grande.

Supongo que será difícil reconocer errores, sobre todo cuando te rodea un mundo tan lleno de hipocresía y “buenos amigos” que te recuerdan de forma continua lo bueno que eres a cambio de una entrada, un apartado o una merienda en Esteban Isidro. Ustedes los tienen a patadas, pero eso no es razón para darse cuenta de que más allá de la adulación existe una cosa que se llama realidad, cruda realidad, una realidad que demuestra a las claras que lo que era un proyecto de esperanza que devolvía los toros a San Sebastián se ha convertido en una guerra abierta entre aficionados y empresa.

Creo que debe una disculpa (o, cuando menos un reconocimiento público de sus errores) al público que acudió la pasada feria al coso de Illumbe. Pienso que es de justicia mantener una relación fluida con los estamentos de aficionados de la zona, un diálogo permanente basado en la sinceridad y en el beneficio de la fiesta, no en el lucro o interés de quien se te acerca para sacar provecho de su amistad.

Veo acritud en sus personas, veo rencor hacia los aficionados que lazan la voz por el mero hecho de defender lo que creen que es justo y beneficioso para la fiesta. Y si me lo permiten, veo una actitud un tanto autoritaria con respecto hacia la fiesta de los toros en general y la afición en particular.

Me gustaría que todos aquellos sentimientos que expreso en los foros se los pudiese trasmitir a la cara sin recibir el rencor o el rechazo de quien no acepta todo aquello que no le gusta. Me gustaría que me entendiesen, que me escuchasen, que tomasen como constructivas las opiniones de quienes nos movemos por el impulso de una afición, de la afición por la fiesta de los toros.

Me parece que en este mundo, en el mundo de los toros, no sobra nadie, y mucho menos los aficionados. No se si seremos terroristas, pero en cualquier caso solo defendemos la idea de una fiesta basada en la integridad de todos vista desde los ojos de quien no se gana el pan a costa de este mundo.

Esperando pronta respuesta, reciban un cordial y sincero saludo de este humilde aficionado.

Eneko Andueza.


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