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El futuro de la plaza de toros de Las
Ventas ha sumido en un periodo de reflexión a todos
los estamentos taurinos. No es cuestión baladí
tratándose de la primera plaza del mundo.
Es indudable que los resultados que han arrojado los diferentes
periodos empresariales en las últimas décadas,
unos mejores, otros peores, no dejan de ser un cúmulo
de argumentos de nulo contenido artístico que han
basado su “éxito” en un balance económico.
Personalmente no tengo ninguna duda al afirmar que ha
llegado la hora de pedir el cambio, el cambio organizativo,
el cambio sistemático de una plaza de extrema relevancia,
del cambio en los pilares fundamentales de la gestión
taurina vista desde el estricto punto de vista del espectáculo.
La plaza de toros de Las Ventas se ha convertido en un
gueto económico avalado institucionalmente por
la Comunidad de Madrid, se ha convertido en un negocio
más de una administración a la que nada
importa la satisfacción del usuario (en este caso
el aficionado a través del espectáculo)
sino el haber del dinero en cuenta corriente.
La apuesta es clara por parte de todos los aficionados
y de la Unión de Criadores de toros de lidia: es
la hora del cambio, la apuesta está en la autogestión.
¿Porqué una alternativa
basada en la autogestión?
Creo que nadie pondrá en duda la
necesidad de un halo de profunda independencia en la gestión
taurina de cualquier plaza de toros.
Bajo mi punto de vista el hecho de poner en marcha un
proyecto que autogestione una plaza de semejante relevancia
supondría un extraordinario golpe de efecto en
pos de la dignidad de la fiesta.
Seamos sinceros, hace falta independencia, afición,
seriedad, interés, y mucha, mucha dignidad para
poder elevar a la máxima categoría a una
plaza de toros con el rumbo absolutamente perdido.
A Madrid le hace falta un margen de maniobra suficiente
para ofrecer una temporada de auténtico interés.
Hay que dejar de lado la política puramente taurina,
la imposición del empresariado, la visión
de este arte como un mercado donde fenicios y persas intentan
vender su producto lo más caro posible aúna
sabiendas de que no es de calidad.
La situación que atraviesa la fiesta puede levantarse
cogiendo como base el ejemplo de plazas con un sistema
de autogestión PURA, que delimiten su actuación
a la mera preservación de la pureza y la integridad
del espectáculo, ni más ni menos.
No me vale Bilbao, pero me vale Vic o Ceret, por poner
un par de ejemplos clarificantes.
El político como responsable,
el público como beneficiario.
Una cosa está muy clara: la plaza
de toros de Las Ventas dependa única y exclusivamente
de la Comunidad de Madrid, de sus dirigentes, de la clase
política que gobierna en la comunidad. Por eso,
y solo por eso ellos deben de ser los máximos y
directos responsables de la organización y gestión
de los espectáculos, con el control y juicio
de la afición, que, en definitiva somos
los únicos que defendemos la dignidad de una fiesta
que carece del respeto de quien se lucra a costa de este
espectáculo.
Por tanto, está claro que la transparencia
pasa por una gestión absolutamente independiente
del taurinismo, extremadamente dependiente de la afición
y directamente responsable de la actuación de los
políticos.
Se trata de aunar esfuerzos, de romper con el sistema,
de ofrecer una alternativa que obligue al taurinismo a
obrar con dignidad, con limpieza, que les obligue a ofrecer
lo que pide el aficionado, no su bolsillo. Es la hora
de poner en jaque a todo un sistema que basa sus resultados
en lo económico a costa de vejar, vulnerar y aplastar
la dignidad de un espectáculo, a costa de imponer
el fraude como norma.
No se tarta de vulnerar ningún derecho a ninguna
empresa, se trata de devolver a la fiesta a su sitio,
de demostrar que la fiesta puede vivir sin el aliento
de todo el entramado taurino.
Sus términos nos hablan de dinero, de derechos
empresariales, nuestra propuestas hablan de resultados,
de dignidad, de transparencia en la gestión, de
independencia, pero sobre todo habla de luchar por la
fiesta, por el toro y por un rumbo perdido por obra y
gracia de su avaricia.
La afición no cejará en el empeño
de luchar por sus principios, solo falta que los políticos
asuman sus responsabilidades y se olviden del lenguaje
de los beneficios del dinero. Ahí está la
propuesta, ahora, Madrid decide.
Eneko Andueza.
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