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Empresa, Público, Prensa
y Autoridad.
Eneko Andueza
Si retomásemos lo que ha sido la
semana grande en esta edición del solo podríamos
calificarla con el adjetivo de fracaso absoluto.
Podríamos hacer diferentes análisis desde
muchas perspectivas, pero, desde luego, que situándonos
en el círculo que componen público-afición,
empresa, prensa y autoridad el análisis arroja
una clara evidencia: la división existente entre
el público y la afición donostiarra, con
la gestión que realizan los hermanos Oscar y Pablo
Chopera.
La Empresa: un año de rebajas.
La actitud de la empresa, en todo caso
no ha sido condescendiente con la categoría que
se le ha impuesto a una plaza de breve historia. Indudablemente
la categoría de un coso se gana con los años,
con esfuerzo, pero, ante todo y sobre todo se gana con
el espectáculo y con un respeto hacia la fiesta
y hacia el toro que en ningún caso se ha visto.
Ha sido un año de rebajas, de feria
de bajo coste, de saldo ganadero, de mínimo esfuerzo
por parte del empresario en cuanto a la confección
de una feria con una ausencia notabilísima de algo
tan fundamental como es el toro.
Sinceramente, ha resultado una feria barata en todos los
sentidos: barata en cuanto al ganado lidiado, barata en
cuanto a los toreros que han actuado (puesto que las sustituciones
han sido de lo más pobre y barato para los intereses
económicos de la empresa que nos podíamos
imaginar).
Incomprensiblemente ha habido una falta
de tacto con el público, una falta de honradez
por parte de la empresa que antes no teníamos.
¿Qué ha pasado?.
Los resultados en cuanto al espectáculo ya son
analizados por parte de mis compañeros en otros
artículos, por tanto, solo me cabría añadir,
que en ningún caso se puede tolerar semejante actitud
por parte de la empresa. Nefasta su gestión señores.
No quisiera dejar pasar por alto un hecho
evidente que ha sido la constante en esta feria: es insostenible
un espectáculo tan burdo y tan falto de todo a
tan elevado coste, y ante un fracaso tan evidente solo
nos queda exigirles responsabilidades, pues les recuerdo
que ustedes son los responsables ante nosotros por cuanto
que son ustedes los que nos ofertan y venden un espectáculo
tan pobre como el que hemos sufrido esta semana grande.
Solo espero que el cemento (que ha sido
una de las constantes de la feria) y las airadas protestas
del público hacia ustedes les hagan reflexionar
muy en serio. Esta en peligro su negocio (que, como pueden
comprender es lo que menos me importa), pero lo que es
más importante, están hipotecando a la afición
de una ciudad, y por su mero lucro están vendiendo
al diablo el futuro taurino de la plaza de toros de la
capital de Guipúzcoa.
La Prensa: un año más
en la trinchera del taurinismo.
Es lamentable que año tras año
tengamos que soportar la mentira como norma oficial de
la feria. Resulta inadmisible tener que aguantar por orden
y decreto de la prensa más oficialista las justificaciones
de algo tan injustificable como las tardes tan desastrosas
que nos han tocado vivir.
Resulta bastante doloroso abrir las páginas
del periódico más relevante de la provincia
y soportar el suplicio de un crítico reconocidamente
vendido. No es de recibo que este señor se dedique
a contar una historia inexistente, algo tan falto de objetividad
y tan puramente inmaquillable.
Eso sin tener en cuenta la falta de gusto
por las fotografías publicadas, que en ningún
caso reflejan los momentos más o menos brillantes
de la tarde, sino que son un cúmulo de enganchones,
posturas retorcidas y lances desastrosos que únicamente
demuestran la falta de interés, afición
y oficio de un medio que da la espalda de forma continua
a nuestra fiesta.
Pero si el papel del barquero resulta
ya insultante para cualquier aficionado, debemos destacar
la reseña que día a día han ido publicando
sobre la ganadería y que era confeccionada por
los miembros de jurado para elegir la mejor de la feria
(Todos los días era contradictoria lo que ponía
el Barquero y lo que ponía el jurado, quedando
el Barquero al descubierto). Es una pena que gente honrada
como Julio y Begoña se les relegue a captar el
ambiente de la feria. Una vez más se demuestra
que no importa como se escribe si no lo que se escribe
y el papel que cumple dentro del negocio del taurineo
los mal llamados críticos.
Me gustaría destacar en este ámbito
la brillante crítica que durante toda la feria
realizó Jose Luis Merino en su columna de El País,
que siempre fue claro reflejo de lo que vimos, sentimos
y presenciamos cada tarde en el coso de Ilumbe.
Sepan que el papel de la prensa a gran
escala es fundamental no solo para representar la realidad
de la fiesta, sino para forjar nuevos y buenos aficionados.
Desde luego que por lo demostrado, no es, ni por asomo,
su principal objetivo.
La autoridad: en defensa de unos
intereses que no le corresponden.
Siento mucho decir lo que voy a decir,
más que nada porque en su día aposté
a carta cabal por el señor Tuduri. Aposté
porque pensaba que era un hombre a carta cabal, un aficionado
de verdad, una persona que podría contribuir a
la seriedad y la integridad del espectáculo en
nuestra plaza. Hoy reconozco que me confundí, que
estaba muy lejos de lo que esperaba de él. Me ha
defraudado profundamente.
El principal cometido de un presidente
es velar por la integridad del espectáculo, defender
al aficionado y ser garante del buen discurrir del festejo.
Nada más lejos. Se entretuvo en mantener un criterio
excesivamente inclinado hacia los intereses de la empresa
en los reconocimientos. Fue usted quien permitió
que se lidiasen toros que en absoluto correspondían
a la categoría y a lo exigible en un toro bravo,
permitió de forma reiterada que muchos inválidos
se mantuvieran en el ruedo, no fue, en ningún caso
quien puso orden, criterio, carácter, seriedad
e integridad en una plaza a la deriva.
Sus funciones son claras, sus responsabilidades
importantes, se debe saber aguantar una presión
y unas situaciones que en ningún caso deben de
ser fáciles, pero ahí es donde un presidente
da la talla, está a la altura y se inclina al lado
de los intereses de la empresa o de la integridad del
espectáculo.
Sus responsabilidad es directa sobre lo
ocurrido esta semana grande, y desde luego, que sus funciones
como presidente se han limitado a firmar actas y hacer
acto de presencia en el palco presidencial.
Solo le pido un favor, señor Tuduri, acuérdese
del aficionado, acuérdese de la fiesta, y corresponda
a la confianza que le dimos en su día con valor,
defienda al que paga, al aficionado, al toro, al espectáculo,
no a los intereses de los que se lucran con la fiesta.
La afición: víctima
de la fiesta.
Cemento, resignación, enfado, una
sensación absoluta de fraude..Una vez más
el público y la afición fue la auténtica
víctima de una feria en la que se notó de
forma palpable el desencanto de una plaza y de una feria
que se hunde. Un lleno en toda la feria (con billetes
en taquilla), mucho cemento, muchas bajas entre los abonados
(se habla en torno al millar) la muestra más clara
de que las cosas no se están haciendo nada bien.
A diferencia de otros años, en
la presente edición fueron más notables
las protestas, más directos los ataques del público
hacia la empresa, y una sensación de vigilancia
entre los aficionados que muestran a las claras el desencuentro
entre el público, la empresa y la autoridad.
Nosotros pagamos muy caras las entradas
en taquilla. Quien sabe si la empresa pagará también
muy cara su actitud en las próximas temporadas.
Solo sé que cada día nos llenan de más
razones para pensar que son ustedes los que verdaderamente
hacen daño a la fiesta. Nosotros, una vez más,
solo fuimos las víctimas de sus hechos. No hay
derecho.
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