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FIN, EL TORO DE DONOSTI
Por Iñaki Etxarri
Una cosa sí que hay que reconocerle
a la empresa Chopera: Han encontrado el "toro de
Donosti". Les ha costado siete ferias, pero al fin
han dado con el tipo de animal idóneo para la plaza
de Illunbe.
Es el toro que les gusta a los empresarios, a los veterinarios,
al presidente, a los toreros y al noventa y cinco por
ciento de los espectadores que se sientan en el tendido.
Otra cosa es que eso que sale cada tarde por la puerta
de chiqueros sea el verdadero toro de lidia, el que pedimos,
día sí y día también, los
aficionados.
Y es que el "toro de Donosti"
sale, en general, sin remate, escurrido, sin morrillo,
sin badana, tullido, dando piruetas y volantines como
si la hubiera cogido de anís, con la carita lavada,
anovillado, con los pitones romos y como de mantequilla
pues se abren como brochas en cuanto rozan un capote o
el peto del caballo, cuando no se ponen a sangrar a chorros,
como sucedió alguno de los días de esta
nefasta Semana Grande del 2004.
Es el "toro de Donosti". Un
toro que, faltaría más, tampoco tiene casta,
ni fiereza, ni bravura... Es la nada absoluta. Así
que podríamos concluir que el "toro de Donosti"
es el "no toro". Enhorabuena a la empresa porque
aquí ha conseguido, con la complicidad de veterinarios
y autoridad, hacer la cuadratura del círculo, anunciar
una feria de toros sin toros. ¡Casi nada! 
De cualquier manera el desastre del toro
en San Sebastián era algo previsible cuando se
anunciaron los carteles y las ganaderías a lidiar,
con varios hierros que nunca debieron haber venido como
los de El Torero, entre los más podridos del encaste
bodeguero, ¡que ya es decir!, la torofactoría
que los Dalton llaman Alcurrucén, Ana María
Bohórquez, la segunda marca de Santiago Domecq,
o Las Ramblas, formada con vacas y sementales de deshecho
que Salvador Domecq, el propietario de El Torero, vendió
a un nuevo rico de Albacete.
No incluyo en la relación a Javier
Pérez Tabernero porque en años anteriores
había lidiado corridas medio decentes, pero ésta
es otra ganadería que tras el petardo de este año
no debe de volver en una buena temporada.
Los hierros de San Martín y Victorino,
los supuestos capítulos toristas de la feria, ¡je,
je, je!, merecen un análisis a parte. Pepe Chafik
trajo a Donosti un lote de toros de pésima presentación.
Con la excusa de que así es el toro de Santa Coloma
fueron apareciendo por la puerta de chiqueros seis animales
enanos, sin cara, astigordos...
En fin, una novillada de pueblo que los
aficionados no protestamos porque queremos este encaste,
sabemos que no puede tener la caja y romana de un parladé
y hacemos la vista gorda. Pero esto no debe de ser la
excusa, señor Chafik, para colar una gatada que
lucía, por lo demás, unos pitones extremadamente
romos y astigordos.
El capítulo del toro lo cerró, como cada
año, Victorino. El paleto de Galapagar sabe que
tras el desastre, a nada que eche un par de toros medio
decentes se erige en triunfador y así lo hizo un
año más. Trajo tres toros muy chicos. Otros
dos, el cuarto de manera escandalosa, se escobillaron
los pitones de manera altamente sospechosa, ¡Tú
también Victorino!, y, justo es decirlo, el sexto
fue por presencia y trapío, el único toro
que salió en toda la feria digno de un plaza de
primera y el único aplaudido de salida. 
Así de negro está el panorama
del toro en Donosti. Vamos, tan negro tan negro, que para
que no desentone con lo que se lidia cada tarde en el
ruedo está afeitado hasta el toro de hierro, o
lo que sea eso, del monumento que en los exteriores de
la plaza se ha erigido en memoria de Manolo Chopera. ¡Ay,
estos empresarios que en su día fueron los adalides
del toro-toro en sus plazas...
Analizando el juego de cada una de las
corridas, que bien poco hay que analizar, los de El Torero
salieron pésimamente presentados, sin remate ni
cara, tontos de baba, blandos hasta la invalidez y sin
un gramo de casta. Que no vuelvan.
Los Lozano trajeron seis liliputienses
de Alcurrucén, nobles hasta el empalago, sin fuerza,
sin casta ni bravura. Eso sí, lucieron todos unas
astifinas defensas y me dio la impresión de que
esta ha sido la primera corrida completa sin “humanizar”
que se ha lidiado en Illumbe desde su inauguración.
Los toros anunciados con el hierro de
Ana María Bohórquez fueron más de
lo mismo. Chicos y escurridos hasta la risa. Seis borregas
inválidas que además parecían haber
estado de potes por la parte vieja antes de subir a Illumbe.
Para no repetirme, diré que respecto
a los de Javier Pérez Tabernero se puede decir
lo mismo de las ganaderías anteriores. Con eso
está todo dicho.
De los dos toros de rejones de esta tarde
y de los seis del domingo ni hablo. Sólo constatar
que sus defensas, reglamentariamente mutiladas, apenas
se diferenciaban de las de muchos de los pobres animalillos
que salieron durante la semana.
Con el hierro de San Martín se
lidiaron seis animales, muy chicos y sin apenas defensas.
Exceptuando el lote de Abellán, dieron juego, aunque
todos fueron blandos y ninguno fue completo excepto el
sexto, que ayudado por la excelente lidia de Serafín
Marín y su cuadrilla, pudo demostrar su punto de
bravura y nos ofreció un precioso tercio de varas
acudiendo de largo al caballo en la segunda vara para
que los illunberos aprendieran, los aficionados ya lo
sabíamos, que ver galopar a un toro de largo hacia
el caballo de picar es, quizás, la estampa más
bella de la lidia. Sin duda, el toro más completo
de la feria, sin ser tampoco extraordinario.
De la vergüenza de la corrida de
Las Ramblas, para qué hablar. Chicos, sangrando
escandalosamente por los pitones, tontos, bobos, idiotas...
lo que quieren las figuritas. Denigrante.
Y llegó Victorino... E hizo lo
de siempre. Los dos primeros, muy chicos, fueron blandos,
muy blandos.. .
y nobles, muy nobles. Vamos como si fueran de Juan Pedro.
Para hincharse a torear. El tercero, inválido total,
al que su falta de fuerzas le hacía defenderse.
El cuarto, el que se abrió los pitones como una
flor, más serio, sin regalar las embestidas. Toro
que acabó embistiendo porque Uceda Leal le hizo
las cosas muy bien. Quinto y sexto fueron muy parecidos.
Dos toros. Encastados, que no bravos, pero muy reservones
en el último tercio. Serios, para no andar con
bromas con ellos. ¿La corrida de la feria? Pues
bueno, pues vale... Pero en el fondo no es así.
Y es que en el país de los ciegos...
Y este ha sido el paso del ¿toro?
por esta Semana Grande. Alguno todavía lo estamos
esperando. Al toro digo.
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