| Sigo
pensando que es un error llamar feria del toro a una feria
en la que, precisamente, el principal ausente es el toro.
Llevo años reivindicando un cambio denominativo
por la sencilla razón de lo incongruente que resulta
el hecho en cuestión.
He de decir que este año he vivido solo una mínima
parte de la feria, y como uno no se puede fiar ni un pelo
de lo que cuentan en los corriillos de los “aficionados”
eventuales de feria ni de las vendidas crónicas
de los medios informativos, mis afirmaciones se han nutrido
de la información de fuentes particulares que me
contaban realmente como iba la feria.
Una vez más uno se tiene que morder la lengua,
y alguna cosa más, ante los atropellos que se cometen.
Sigo diciendo que el planteamiento de la feria es erróneo
desde el momento en el que las figuras imponen sus criterios.
Mientras ellos manden la feria del toro carecerá
de toro.
Una año más la algarabía de los tendidos
ha transigido ante numerosos atropellos que parecían
no importar a nadie. Bochornosa la presentación
de muchisimos toros esta feria, nuevamente se observó
la indiscriminada humanización del ganado, especialmente
en las ganaderías que “tanto prestigio”
y “esplendor” dan a la fiesta. Resulta inadmisible
que una plaza de primera permita lidiar toros como los
de Torrestrella (con pitones escandalosamente escobillados
ya desde la mañana), Nuñez del Cuvillo,
Marqués de Domecq o Miura. Absolutamente denigrante
por falta de cuajo (que no de kilos) de remate, de integridad.......
Ahora bien, ya nada importa ni el trapío, ni la
casta, ni la bravura. Pamplona da el visto bueno a un
toro mal presentado, bobalicón, descastado, humanizado,
un toro carente de cualquier virtud propia de un toro
de verdad.
La escabechina ha sido gorda porque no ha habido ni toro
ni toreo, no ha habido donde agarrarse y tan solo dos
honrosas excepciones han demostrado, una vez más,
que la fiesta con el toro es espectáculo sin engaños.
La figuras pasaron de puntillas, los de siempre se hartaron
a dar rodillazos, triunfos ilegítimos por carencia
de toreo, por ese absurdo afán de llegar a los
tendidos de sol sin preocuparse mínimamente de
dar una pizca de toreo a la afición (cada vez más
escasa).
Las figuras no estuvieron a la altura (por mucho que banaglorien
a El Juli, a Tejela o a cualqiera de los que dicen dejaron
buen sabor de boca) y los que deberían de dejar
toda la carne en el asador por aquello de ganarse los
contratos tarde a tarde tomaron una actitud propia del
que tiene ochenta corridas firmadas y cuatro fincas bien
pagadas.
Solo se salvan de la quema un par de toros de Jandilla
(que dieron juego excelente en la muleta y que, mas o
menos, cumplieron en el resto de la lidia) y que arrebataron
injustificadamente todos los trofeos por obra y gracia
de los “aficionados” al los toros que copan
patios de cuadrillas y recibidores de hotel. No quisiera
restar importancia a la corrida, pero, realmente, me parece
bastante lamentable el servilismo generalizado en beneficio
de esa casa y la falta de tacto con una corridón
de toros como el de Cebada Gago.
Tengo la dicha de poder decir que vi la corrida de Cebada
Gago, y que quieren que les diga, cuando el toro de verdad
se hace presente, no hay nada discutible. Excelente presentación,
máxima integridad, trapío más que
suficiente sin exceso de kilos, casta, bravura desbordante
que trajo de cabeza a los matadores de la tarde del 8
de julio. Lo que debería de ser una constante se
convirtió en una novedad, por fin vimos una corrida
de toros, una de esas corridas que pueden dar el nombre
de feria del toro a un cúmulo de festejos sin rumbo.
Cuan desagradecida es la vida, que cruel es el taurino.
Eneko Andueza.
|