RESUMEN FERIA DEL TORO 2004.

Sigo pensando que es un error llamar feria del toro a una feria en la que, precisamente, el principal ausente es el toro. Llevo años reivindicando un cambio denominativo por la sencilla razón de lo incongruente que resulta el hecho en cuestión.

He de decir que este año he vivido solo una mínima parte de la feria, y como uno no se puede fiar ni un pelo de lo que cuentan en los corriillos de los “aficionados” eventuales de feria ni de las vendidas crónicas de los medios informativos, mis afirmaciones se han nutrido de la información de fuentes particulares que me contaban realmente como iba la feria.

Una vez más uno se tiene que morder la lengua, y alguna cosa más, ante los atropellos que se cometen. Sigo diciendo que el planteamiento de la feria es erróneo desde el momento en el que las figuras imponen sus criterios. Mientras ellos manden la feria del toro carecerá de toro.
Una año más la algarabía de los tendidos ha transigido ante numerosos atropellos que parecían no importar a nadie. Bochornosa la presentación de muchisimos toros esta feria, nuevamente se observó la indiscriminada humanización del ganado, especialmente en las ganaderías que “tanto prestigio” y “esplendor” dan a la fiesta. Resulta inadmisible que una plaza de primera permita lidiar toros como los de Torrestrella (con pitones escandalosamente escobillados ya desde la mañana), Nuñez del Cuvillo, Marqués de Domecq o Miura. Absolutamente denigrante por falta de cuajo (que no de kilos) de remate, de integridad.......

Ahora bien, ya nada importa ni el trapío, ni la casta, ni la bravura. Pamplona da el visto bueno a un toro mal presentado, bobalicón, descastado, humanizado, un toro carente de cualquier virtud propia de un toro de verdad.

La escabechina ha sido gorda porque no ha habido ni toro ni toreo, no ha habido donde agarrarse y tan solo dos honrosas excepciones han demostrado, una vez más, que la fiesta con el toro es espectáculo sin engaños.
La figuras pasaron de puntillas, los de siempre se hartaron a dar rodillazos, triunfos ilegítimos por carencia de toreo, por ese absurdo afán de llegar a los tendidos de sol sin preocuparse mínimamente de dar una pizca de toreo a la afición (cada vez más escasa).

Las figuras no estuvieron a la altura (por mucho que banaglorien a El Juli, a Tejela o a cualqiera de los que dicen dejaron buen sabor de boca) y los que deberían de dejar toda la carne en el asador por aquello de ganarse los contratos tarde a tarde tomaron una actitud propia del que tiene ochenta corridas firmadas y cuatro fincas bien pagadas.

Solo se salvan de la quema un par de toros de Jandilla (que dieron juego excelente en la muleta y que, mas o menos, cumplieron en el resto de la lidia) y que arrebataron injustificadamente todos los trofeos por obra y gracia de los “aficionados” al los toros que copan patios de cuadrillas y recibidores de hotel. No quisiera restar importancia a la corrida, pero, realmente, me parece bastante lamentable el servilismo generalizado en beneficio de esa casa y la falta de tacto con una corridón de toros como el de Cebada Gago.

Tengo la dicha de poder decir que vi la corrida de Cebada Gago, y que quieren que les diga, cuando el toro de verdad se hace presente, no hay nada discutible. Excelente presentación, máxima integridad, trapío más que suficiente sin exceso de kilos, casta, bravura desbordante que trajo de cabeza a los matadores de la tarde del 8 de julio. Lo que debería de ser una constante se convirtió en una novedad, por fin vimos una corrida de toros, una de esas corridas que pueden dar el nombre de feria del toro a un cúmulo de festejos sin rumbo. Cuan desagradecida es la vida, que cruel es el taurino.

Eneko Andueza.


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