DIVINO SOLO HAY UNO.

 

Llevo ya tres días postrado en la cama, tres días en los que la cabeza trabaja sin cesar y en los que las reflexiones se suceden sin remedio. Por mi cabeza circulan multitud de pensamientos relacionados con el encierro, y, circunstancialmente, todos derivan en una misma conclusión: están convirtiéndolo en un show, en un show que puede morir de éxito.

No cabe duda que la repercusión mediática ha traído innumerables enfermedades sin remedio a un encierro del que solo parece importar el morbo y el protagonismo de los “divinos” *.

Hoy tampoco he fallado a mi cita con el encierro, aunque con todo el dolor de mi alma (y de mis costillas) la cita ha sido televisiva. Encierro duro, difícil de correr, tremendamente peligroso (ya veremos si los “Jandillas” derrochan tanta casta en el albero hoy por la tarde....), y lleno de percances graves que hacen que uno dé mucha más importancia al hecho de ponerse delante de un toro por simple sentimiento.

Da la casualidad que el herido más grave en el encierro de hoy ha sido el archiconocido “divino” Julen Madina, al que uno de los toros ha propinado cinco cornadas en el callejón de la plaza de toros. Momentos dramáticos que refrescan la memoria de la angustia pasada en carne propia en pasados días.

Uno ve a diario errores garrafales, temeridades e imprudencias que no parecen tener solución. Siempre he pensado que si hay un instructor extraordinario al respecto ese es un caballero que vivió con pasión su etapa como corredor y que cada mañana da auténticas lecciones de sabiduría, que cada mañana se desvive por inculcar los valores auténticos del encierro: Javier Solano.

Es una verdadera lástima que el encierro cuente únicamente para muchos medios de comunicación como un mero ornamento floklórico, como un hecho morboso donde se suceden golpes y cornadas dignas de portada de periódico o de preferencia en el informativo. Están convirtiendo el encierro en un show, en una componenda de los auténticos valores de la carrera.

Llamaba la atención la continua referencia a las “cinco cornadas sufridas por Julen Madina”, repetidas hasta la saciedad. Mi pregunta es clara: ¿Qué hubiera pasado si las cinco cornadas se las hubiese llevado cualquiera que no se llamase Julen Madina?, muy probablemente no hubiese pasado de la mera anécdota, del uso morboso de unas imágenes dramáticas, del sufrimiento de un anónimo que corre por sentimiento, no por protagonismo.

A muchos corredores nos causa un irremediable rechazo observar el protagonismo abusivo que se da a algunos corredores en los medios de comunicación. Deben comenzar a entender que el corredor no es una figura protagonista, no es un personaje con nombre y apellidos, el corredor es un anónimo, un mozo de peña, un pamplonés, un madrileño, cualquiera que corre de verdad el encierro, cualquiera que lo hace porque lo siente, porque lo vive, porque se emociona, porque expresa un sentimiento inexplicable.....

Uno sabe lo que supone correr un encierro, jugarse la vida, sufrir en sus propias carnes un percance, uno sabe lo que es sentir el encierro de verdad sin necesidad de salir en una foto, o en una entrevista. No buscamos eso, ni mucho menos.

Hoy siento lástima porque ha habido ocho heridos por asta en un encierro complicadísimo de correr. Hoy siento lástima porque compañeros míos han probado la misma medicina que probé personalmente hace unos días. Hoy siento lástima porque parecía que el mundo se acababa con esas cinco cornadas, porque daba la sensación de que había caído el falso ídolo.

Hace un año viví un momento muy triste, quizá el más triste como corredor. Hace un año, un 8 de julio del 2003, un amigo, un maestro, sufría un grave percance muy cerca de mí. Estuvo en coma, y para nuestro dolor, y sobre todo para el de su familia, falleció al poco tiempo a causa de la cogida de ese Cebada. Hace un año perdimos a Fermín Etxeberría, y solo le importó a Pamplona, a sus compañeros, a los anónimos del encierro que corren por sentimiento, no por protagonismo.

Me duele que en todo un año (salvo el homenaje de las peñas el día 7 y el de sus compañeros el día 8 en Mercaderes) no se haya echo justicia a la figura de un pamplonés de pro, a un mozo de peña, a un hombre que vivió como el que más sus fiestas de San Fermín, a un casta de pies a cabeza, a un anónimo del encierro que perdió la vida como el siempre soñó: corriendo el encierro.
Un año más tarde los medios de comunicación se ceban en el morbo que supone la cogida (lastimosa) de un “divino”, se lamentan de que alguien tan “significativo” haya podido sufrir un percance semejante. Aquí, en el encierro, nadie es más que nadie.

Solo sé que hace un año perdí a un compañero que corría junto a mi, a un anónimo más del encierro, y a nadie le importó, hoy solo importa la cogida de Julen Madina (al que deseo una pronta recuperación), por el mero echo de ser quien es. ¿Y qué más da quien sea?. Por muchos divinos que quieran bautizar, para nosotros solo hay un divino, un divino que se llama San Fermín.

*Divino: acepción pamplonesa que hacía referencia a ciertos corredores habituales que destacaban por su valentía, destreza y limpieza en sus carreras. Actualmente es un término que se ha comenzado a utilizar de forma más o menos despectiva para denominar a ciertos corredores de los tramos finales del recorrido con cierto protagonismo mediático.ivino: acepción pamplonesa que hacía referencia a ciertos corredores habituales que destacaban por su valentía, destreza y limpieza en sus carreras. Actualmente es un término que se ha comenzado a utilizar de forma más o menos despectiva para denominar a ciertos corredores de los tramos finales del recorrido con cierto protagonismo mediático.

Eneko Andueza.


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