LOS ÁNGELES DE LA GUARDA.

 

Aún sonaban los ecos de las dianas en Santo Domingo, se sentía ya la angustia asfixiante del miedo, de ese miedo y esa emoción que te eriza el bello, que te hace sentir navarro de pies a cabeza y que solo puede entenderse llevándolo muy adentro. Ese sentimiento no lo podrán entender jamás ni los extranjeros ni los forasteros que se toman el encierro como algo gracioso para pasar el tiempo a primeras horas de la mañana. Ese sentimiento especial se nota en las caras, en el respeto, en la forma de caminar calle arriba, en los corros de corredores amigos que formamos un ratico antes de jugarnos la vida por todo y por nada.....

Esta vaguísima descripción de lo que sentimos “los de casa” cuando esperamos a que suene el cohete la he escrito desde la cama, desde la rabia que supone el tener que abandonar lo que has estado esperando durante todo el año casi al primer envite. Es duro verse impotente, imposibilitado para seguir haciendo lo que a uno más le gusta, y no hay ni ánimo, ni resignación, ni paciencia ni muestra de cariño que mitigue la rabia que siento ahora mismo, la rabia de verte postrado en una cama con las costillas rotas mientras cada mañana me espera una cita conmigo mismo.
Hay momentos en la vida de un corredor en los que nos tenemos que enfrentar a situaciones difíciles, a momentos malos, y este, sin ninguna duda es uno de ellos.

Hay gente que no llega a creerse esa devoción ciega, auténtica y sincera que sentimos por el “Capotico” de San Fermín, ese milagro que se produce cada mañana cuando nuestro santo hace cientos de quites providenciales a cualquiera que está en peligro. Es un auténtico ángel de la guarda, un verdadero capote salvador que te saca del apuro más difícil. El pasado día 9 me hizo un quite maravilloso, evitó que ese Núñez del Cuvillo invadiera la acera izquierda de Santo Domingo y nos llevara por delante a mi buen amigo Juan Carlos y a mi..a pesar de todo el envite me dejó tres costillas rotas y el cuerpo molido para unos cuantos días...te debo otra “morenico”, porque nos vimos por los aires sin remedio y llegaste presto para meter la puntica del capote y podernos retirar con apuros pero sin mayores percances. Sabes de sobra que en cuanto vaya por mi Pamplona te haré una visita (como siempre) para darte las gracias.

No quisiera dejar pasar esta oportunidad para rendir un sincero homenaje a un grupo de personas que aunque pocos se acuerden de ellos merecen cientos de sinceros reconocimientos: las asistencias sanitarias. Desde lo más profundo de mi corazón quiero agradecer a todos los que conformáis el equipo médico y asistencial del encierro las atenciones que recibí, lo hago extensivo a todos vosotros, ángeles de la guarda, y en especial al puesto del antiguo hospital militar de la cuesta de Santo Domingo, que fue donde fui atendido en los primeros momentos.

No sé como agradecer la atención y el cuidado recibido, se me están saltando las lágrimas mientras os estoy escribiendo, mientras recuerdo la angustia que viví mientras me sentía asfixiar, mientras no podía coger aire y vosotros me atendíais con un cariño formidable. Desde el primero momento hasta el último, desde que me quedé tendido en la acera hasta que llegué a casa no estuve ni un segundo solo, siempre hubo alguien pendiente de mí, siempre hubo palabras de alivio, de ánimo, de cariño, palabras y atenciones que jamás en la vida podré agradecer mas que con estas sencillas líneas.

Os lo habrán dicho miles de veces, pero yo os lo quiero repetir: sois unos grandísimos profesionales, pero más allá de todo eso, sois unas grandísimas personas que merecéis el sincero homenaje de todos los que corremos el encierro.

A todos los que me habéis llamado por teléfono, muchísimas gracias, de verdad. A mi familia y a Marta, mi novia, solo les puedo decir que siento en el alma el susto que os he dado, pero se que me entendéis.

Solo os puedo decir que a pesar de mis dolores y mi rabia por no poder correr ningún encierro más en estas fiestas me muero de ganas de volver a oír el eco de las dianas desde Santo Domingo, de saludar a mis amigos y de volver a pisar los adoquines para correr el encierro el próximo 7 de julio.

Eneko Andueza Lorenzo.


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