TODO SIGUE IGUAL

Ignacio Garate


Leemos los carteles de la Semana Grande de San Sebastián y nos asalta la duda de todos los años. ¿Por qué tenemos esta feria?

Es inconcebible que una plaza de primera categoría, con capacidad para diez mil y pico espectadores, con entradas diarias que no bajan de los tres cuartos del aforo, pueda programar una feria tan vulgar, cicatera y ramplona como lo esta haciendo año tras año.

Illumbe, querámoslo o no, no llega ni de lejos a la categoría adjudicada. Una más entre las muchas que pululan la geografía peninsular. No es referencia de nada. No tiene ni ápice de personalidad ni peso especifico en la temporada taurina. Si el Chofre fue en su tiempo una de las referencias de la temporada del Norte, la cómoda, fría y superhormigonada Illumbe es intrascendente y quien de fuera se acerca por ella, son las excelencias de nuestra ciudad los motivos que le empujan pues afortunadamente en esto pocos pueden superarnos.

¿Dónde esta la tan cacareada afición donostiarra, aquella que según los cronistas había estado 25 años en el armario y que explotó en el I Año Triunfal de la II Era Chopera? Hay que buscarlos con lupa, como en todas partes ni más ni menos. Con los aficionados que hoy en día asisten a las aún más afamadas plazas de toros, léase Madrid, Bilbao, Sevilla, etc., a lo mejor se podría llegar a organizar un orfeón pero con los que acuden a Illumbe, es seguro que no pasaríamos de un ochote. Aislados, sin unión, y con nula capacidad de influencia. Un grano de arena en el desierto.

¿Y el resto de espectadores que cubren el aforo, aquellos que en su día creyeron que la afición la llevaban en los genes? Pues también como en todas partes. Los del whisky y clavel les llaman en la capital del reino, los del gin-tonic en Illumbe, y también “taurinos” en general, sin que ello deba considerarse ofensa ni menosprecio, pues pagan religiosamente su entrada como todo hijo de vecino y que aunque no sean capaces de distinguir un toro de una cabra, tienen los mismos derechos que cualquier gran aficionado que lleva el Cossio por montera. Hay que reconocer que gracias a ellos, aunque no sean conscientes de ello, continúan estos bochornosos espectáculos taurinos, a los que no podemos llamar corridas de toros.

Nuestros taurinos illumberos, a los que alguien con excelente visión empresarial les endilgó un abono para quince gloriosos años, pagaron la novatada, se montaron al carro taurino sin saber lo que era y vaya la que les ha caído. Dignos de elogio y hasta de compasión, verdaderos y únicos merecedores del monumento que pronto se va a inaugurar.

Aficionados descontentos, taurinos mosqueados y ¿la empresa?, pues mirando para otro lado y haciendo el agosto, nunca mejor dicho.

Es difícil explicar el porqué no hay toro en Illumbe, exceptuando la victorinada habitual, que cumpla las mínimas exigencias de una plaza de primera categoría, máxime cuando estos mismos empresarios organizan las Corridas Generales de Bilbao y siendo como son profundos conocedores de la cabaña brava. Es difícil de explicar el porqué cada año en las ganaderías coincidentes de las respectivas ferias, este año por cierto de siete son cuatro, los toros de Bilbao y Donosti se parecen como un huevo a una castaña.

Alguien podrá decir que todo se debe a los aforos de ambas plazas, pero las cuatro mil localidades suplementarias de Bilbao no suponen gran cosa en la recaudación global si se tiene en cuenta el precio galáctico de las entradas de Illumbe. ¿No será que los abonos “reserva 15 años” se destinan a la amortización de la inversión efectuada y la feria anual hay que rentabilizarla con el resto del aforo? ¿No será que contratando, toros y toreros, conjuntamente para Bilbao y Donosti se minimice el costo y así resulta rentable? No pasa de ser una teoría, pero no tenemos otra explicación a lo que ocurre.

En fin, una pena de feria como todos lo años y lo que es peor, sin visos de solución. En algunos lugares cuando cambia el empresario resurge la esperanza, pero aquí ni eso va a ocurrir. Seguiremos con las ganaderías de siempre y con los toreros de siempre. Todo sigue igual.


IGNACIO GARATE


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