Los carteles de la Semana Grande

 

En esta feria, una vez más, y van ocho desde que se inauguró, falta el toro. Obviando la patochada del espectáculo de los caballitos del día ocho, por cierto el cartel es de risa, se anuncian seis ganaderías comerciales, de entre estas las más borregas además, y dos a mitad de camino, porque lo de Chafik me ofrece muchas dudas y los Victorinos de segunda que el de Galapagar acostumbra de enviar a Donosti no son, ni mucho menos de la cabeza de la camada.

Así que, como siempre, la feria que han confeccionado los "Chopera Brothers" cojea ostensiblemente en el apartado toro. Toro que como casi siempre saldrá al albero de Illunbe sin trapío para una plaza de primera, humanizado y alguno sin cumplir la edad, que ésta y no otra es la tónica que venimos padeciendo desde que se inauguró la plaza. Y ya sabemos que sin toro no hay nada. Sólo pantomima y esperpento.

Pero en la cartelería de esta Semana Grande hay un hecho sangrante y que chirría por todos los lados. La ausencia de Robleño es una injusticia que clama al cielo y suena a venganza al más puro estilo siciliano. El torero madrileño cuajó de manera extraordinaria el pasado año un toro de San Martín y cortó la oreja de más peso de la feria. En el otro de su lote dio una merecida vuelta la ruedo y en conjunto hizo el mejor y más puro toreo de toda la Semana Grande llevándose muchos premios, entre ellos el de la Unión Taurina Guipuzcoana a la mejor faena. En aquella tarde le dio sopas con onda a Enrique Ponce y ahora, los hermanísimos le premian quitándole de los carteles cuando se había ganado estar anunciado al menos una tarde, sino dos.

Pero claro, el de San Fernando de Henares rompió el invierno pasado con los Chopera después de que éstos le liquidaran una auténtica miseria tras haber toreado cincuenta tardes, todas ellas frente a las ganaderías más encastadas del campo bravo. Entonces, unos y otros dijeron que la ruptura fue amistosa. Ahora se demuestra que no es así y, como siempre, paga los platos rotos el más débil. ¡Qué injustos son los taurinos con quienes se juegan la vida limpiamente en la plaza! ¡Qué vergüenza! ¡Qué podrida está la fiesta! ¡Qué desprecio a la afición demuestran, una vez más el tal Oscar y el tal Pablo! Da asco.

De cualquier forma la afición donostiarra no dejará caer en saco roto esta tremenda injusticia y yo desde ahora mismo propongo que vayamos a al plaza con pancartas del tipo: ¡Queremos a Robleño! o ¿Dónde está Robleño?

Eso sí ahí está el tal Finito de Sabadell. ¿Qué méritos ha hecho el llamado Juan Serrano para estar anunciado en Illunbe antes que Robleño? ¿Y Salvador Vega? ¿Y "Nureyev" Conde? ¿Y Sebastián Castella? ¿Y Dávila Miura, aparte de dejarse ir uno de los toros más bravos que han saltado a la plaza de Donosti en sus ocho años de historia como fue Artillero de San Martín en el 2002?

¿Por qué tenemos que soportar, como ya es costumbre, que en la corrida del día de la virgen sólo veamos cuatro toros en lidia a pie? ¿Por qué tenemos que soportar un cartel de rejones que es de juzgado de guardia? ¿Hasta cuando soportaremos que César Jiménez, el torero más acomodado de la actualidad y el rey de las trampas, siga siendo quien más tardes toree, es un decir, a lo largo de la temporada en nuestra plaza? ¿Por qué no se le anuncia a El Cid con las figuritas? O es que estas le tiene miedo, no lo quieren ver ni en pintura y claro, los poderosos hermanísimos a tragar.

Y, en fin, ¿Hasta cuando vamos a soportar los aficionados donostiarras que ocho años después de haberse inaugurado la plaza todavía no hayan regresado los toros a nuestra ciudad? Porque ese es el principal problema, en Donosti no se anuncian toros. Sólo borregos y más borregos y figuritas y más figuritas.

Pensándolo bien, quizás es mejor que no estés anunciado, Robleño, porque tú eres un torero de una pieza y esta feria es la feria de los mercachifles, los toros tontos de baba, las figuritas de pitiminí, la corrupción y el baboseo.

IÑAKI ETXARRI


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