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entrar en profundidad en el análisis de San Isidro
que ha concluido, espero que Iñaki y Eneko echen
la pata “alante” como en ellos es costumbre,
y lidien esta corrida para el disfrute de todos, tengo
que decir que se han ganado por parte de la afición
algunas batallas.
La primera batalla que se ha ganado es
la de la demostración palpable de que aquí
hay otra guerra tan dura y tan injusta como la de los
impresentables de Barcelona. Día tras día
hemos visto como el taurineo ha estado enfrente con todas
sus armas de los aficionados sensatos y cabales de las
Ventas, como han movido todas sus fuerzas, para desterrar
el toreo de siempre de las plazas, e implantar como norma
el destoreo la trampa y el toro carretón.
La segunda batalla que se ha ganado es
la de desenmascarar de una vez por todas, a los que a
principio de año, pretendían regenerar el
arte del Toreo, porque un vez más se ha demostrado
donde están y que regeneración quieren,
la de acabar con todos los buenos aficionados.
Los ataques que se han producido hacia
el tendido del siete, que es un puro simbolismo, ya que
en otros tendidos también hay buenos aficionados,
han sido a muerte, descalificación pura y dura,
sin tapujos y sin tregua durante toda la feria. Moviendo
peones como esos seudo aficionados que se enfrentaban
al siete, a toque de corneta, regalando orejas y ovaciones
donde no había ni el más mínimo atisbo
de toreo.
La tercera batalla es la de los toreros
que se niegan a que se les meta en el mismo saco que a
los figurines de moda, dando la cara con las corridas
de verdad, y como estos (los figurines) han pasado sin
pena ni gloria por la única plaza en la que todavía
queda algo de dignidad en los tendidos. Se ha demostrado
que no hacen falta figurines, que en el San Isidro de
este año, si algo se ha visto, es que esos que
no dan la cara ni en tardes ni con toros, sobran también,
por supuesto que no a hecho falta ni el Morante ni el
Cesar Jiménez ni tantos otros que van de plaza
en plaza de tercera, trincando y mintiendo a la gente.
Por descontado, se ha ganado la batalla
de la bravura, es decir, los que seleccionan para los
públicos y los que lo hacen para los toreros, solo
hace falta por ejemplo, ver las dos últimas corridas
del ciclo la de Adolfo y la de Victorino. No han sido
un tachado de casta y bravura, pero si han sido dos de
las mejores del ciclo sin lugar a dudas, sin contar con
algunos otros toros de ganaderías no precisamente
del encaste de los bodegueros.
Hasta en eso hemos visto la guerra declarada
a los aficionados concediendo el presidente una vuelta
al ruedo a un toro que en el caballo demostró ser
un manso, y digo en el caballo porque es ahí donde
se ve si un toro es bravo o no, lo demás son milongas
del taurineo y ganas de seguir intentando ganar la guerra
como los indultos del Finito y del Ponce a toros mansos
y sin ningún atisbo de ser bravos, eso si demostraron
que eran perritoros, que son los que quieren.
Otra batalla ganada por los aficionados
es ver lo que son dos toreros pidiendo paso para ser figura,
uno de vuelta de esto (aprende Caballero), el otro todavía
con posibilidades. Pepin Liria y Encabo han ganado la
batalla de la torería, de la responsabilidad, de
lo que es una gran figura del toreo ahora y siempre. Se
meten en el cartel de una de las ganaderías mas
duras de la feria, se ponen donde hay que ponerse, salen
cogidos y en vez de montar el numerito de la enfermería
con la correspondiente cojera y el paripé, hacen
dos faenas de autentica emoción y vergüenza
torera. Toreros ni más ni menos.
Y una de las últimas la ha ganado
también el Cid, eso es torear, pero no un bodeguero
chochón, no, un Victorino y no hablo solo por el
primero, que fue una faena con la verdad como pocas, si
no sobreponerse y hacerle otra al toro menos bueno de
su lote, con enjundia, rabia, pundonor y la suficiente
clase, como para haber salido por la puerta grande de
las Ventas, no fue así porque la afición
volvía a pecar de ingenua y ha ganar otra batalla.
A pesar de que se podía haber cubierto concediéndole
al Cid las dos orejas y posibilatarle la puerta grande,
no lo izo porque también hasta en eso son legales,
Aprendan Sres. espectadores.
Hasta Robleño una vez más
estuvo y se puso solo donde se ponen los grandes, con
los victorinos y en su sitio. Tampoco defraudo a nadie.....
olé torero.
Se ha ganado la batalla en definitiva
de muchas cosas, de demostrar que los figurines no dan
la cara, que la cabaña brava esta hecha una porquería.
Que los aficionados tenemos razón cuando denunciamos
el fraude del destoreo y del engaño, solo hay que
ver repetida la faena del Cid, y sobre todo se ha ganado
la batalla de ver y demostrar como ellos están
organizados y nosotros no.
No sé si esta batalla se ha ganado
o si la hemos perdido, ya que el taurineo habrá
podido ver que en la mayoría de las ocasiones no
hemos tenido capacidad de respuesta cuando ellos se organizan
también en la plaza. Esta es la lección
más importante que debemos sacar de este San Isidro.
Mientras no veamos que tenemos al enemigo enfrente y que
para vencerle hay que organizarse bien, en lo que hay
o en otros sitios, pero organizarse, no conseguiremos
nada, mientras el taurineo siga viendo que las peñas
más serias de la plaza están divididas y
enfrentadas no conseguiremos levantar esto. Mientras solo
no agrupemos en el simbolismo de un tendido sin cohesión
y sin criterios comunes, no hay nada que hacer.
Ellos ya se encargan tarde tras tarde
de enseñarnos lo que quieren y ahí está
Nimes, Córdoba (indultando mansos para gloria del
taurineo) y la gran plaza de Haro con corrida impresentable,
humanizada, tres Figuras del Toreo Ponce El Juli y Jiménez
(que tan solo metieron un poco mas de media plaza) saliendo
por la puerta grande mientras en Madrid se jugaban la
vida seis toreros.
Ahora nos queda tiempo para reflexionar,
pero no tanto de toros y de toreros y elucubrar encastes
y faenas, lo más importante es lo que estamos haciendo
frente al taurineo, y esa guerra es la que hay que ganar
por el bien de la Fiesta. Tristemente veremos por ejemplo,
como a todos esos que ha aprovechado San Isidro para insultar
a la afición, los seguiremos metiendo en nuestras
sedes, es decir en nuestras casas, agasajándolos
y lamiéndoles el culo por conseguir una foto, sin
tener la capacidad ni la organización suficientes
para madarlos a trincar a otro lado.
Juan Antonio Hernández.
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