LA MALDICIÓN DE LOS ISIDROS.

       El fragor de la movida madrileña, el redescubrimiento del toreo por parte de buena parte de la juventud y el fragor taurino de los ochenta trajo a la plaza de toros de Las Ventas a un tipo de espectador inhibido en la fiesta, ignorante en conocimientos y gallardo en juicios. Llegaron los isidros.

      
El isidro es una especia de pijo de oficina, de personaje semi influyente, o influyente del todo que se deja llevar por las modas, por lo chick, por esa estúpida apariencia de demostrar algo que no se es. Son Isidros, jamás serán aficionados.

       Ellos siempre son los abanderados del desencuentro con los aficionados, les fastidia que alguien con conocimientos tenga el valor de denunciarlo y pasarse por el arco del triunfo el autoritarismo de oficina que campea el resto del año en sus vidas. En la plaza de las Ventas hay un grupo de aficionados que defienden la pureza y la integridad de la fiesta, y lo hacen con fuerza, porque lo llevan dentro, y eso, a los isidros les revienta. Les revienta que exista gente que ame la fiesta de verdad y que lo muestre en público, les molesta que la gente proteste tanto atropello sin dejarse llevar por esa estúpida ley de la moda, la modernidad y el impulso de la opinión de masas.

       Reconozco que somos una minoría, un reducto breve pero intenso, un halo de afición que lucha por una fiesta digna, sin mentiras, sin imposiciones, sin trampas, sin estafas...y parece que les duele, que les duele en el alma.

       Ayer hubo un tendido que dio la cara ante tanta falsedad, ayer hubo un tendido que cantó las verdades a una figura que no dio la cara, que embaucó a los isidros a base de trampas, de inteligencia y de esa elegancia supina que convierte a la mentira en falso toreo. Se protestó una corrida de Valdefresno escogida por las figuras. Seis adefesios borrachos que permitieron que la estúpida y aborregada embestida de uno de esos mansorros hiciera la delicia de cuantos ignorantes se encontraban en la plaza.

       El 7 protestó, el 7 llevaba razón, en el 7 hay muchos y muy buenos aficionados que tuvieron que soportar los insultos y el enfrentamiento con esa tribu de niños bien que no pisan Las Ventas mas que para lucir palmito, traje, puro, señora y clavel. No se merecen ni el más mínimo respeto, isidros.

       No se merecen nuestro respeto porque van de educados, de gente bien, de elegantes señores, de demócratas empedernidos, pero lanzan sus feroces iras cuando la afición canta las verdades a un falso ídolo que les roba la cartera tarde tras tarde.
Bienaventurados los ignorantes isidros, que cuando llegan las figuras, además de robarles la cartera y reírse de ellos a la cara tienen la bendita caridad de poner la otra mejilla y sacarles la cara......pobres ignorantes.

        Me gustaría verles cualquier domingo de temporada, a pleno sol, cuando en la plaza solo hay dos mil aficionados en el 7 y tres mil japonenses, cuando las figuras huyen despavoridas tras cumplir el trámite de San Isidro, cuando los borregos dejan paso al toro y el espectáculo de los fotógrafos y las cámaras se traslada de feria en feria dejando huérfanos los tendidos que ocupan ustedes.

        Pero ahí solo aguantan los aficionados, esos que ustedes denostan, esos intransigentes del 7 que ayer dieron una lección de afición y de defensa de la fiesta.
Ustedes no dejarán de ser una anécdota amarga en la historia de la feria. Seguirán siendo esos extraños que van de entendidos y que no han visto un toro en el campo en la vida. Seguirán siendo una especie fotogénica a la que nada le importa la fiesta de los toros más allá de la apariencia, del lucimiento en el tendido, de los nombres de esas figuras que están acabando con esta fiesta de los toros.

       Ustedes son un complemento más de ese entramado que componen los poderes fácticos de la fiesta, de ese cáncer que acecha a la fiesta.
Ni voy con traje, ni me echo gomina, ni voy con mi clavel, mi puro y mi señora. Prefiero ser un incomprendido, un borde y un intransigente del tendido 7 pero seguir siendo aficionado. Ojalá que se termine la feria para poder decir de una vez por todas: adiós isidros.


Eneko Andueza.


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