EL AMOR A LAS CATETADAS.

Siempre me resultó malsonante la palabra cateto. Por despectiva, por peyorativa, por humillante, por elitista, por insultante......

Pero hay a gente a quien la gusta la palabra en cuestión. Hay gente que la identifica con núcleos de personas y los hay que la identifican, incluso, con ciertos sectores de la afición.
Sinceramente, me sorprendieron mucho varias crónicas la tarde que se lidiaron toros de “El Ventorrillo”. Y me sorprendieron por despectivas algunas, y por lilas otras.
Es difícil que el señor C.R.V. me llegue a sorprender a estas alturas, y sin embargo dicho día lo hizo. Lo hizo porque a pesar de ser siempre tan peyorativo con la afición, en la crónica referente a dicha corrida elevó sus ímpetus hasta tal punto que no pude por mas que levantar mi indignación.
Ya está bien de apalear a la afición, ya está bien de su asquerosos servilismo a toreros y empresas, ya está bien.......

No voy a entrar a calificar semejante sarta de tonterías, porque además de soliviantarme, no iba a conseguir que semejantes personajes se pusiesen de nuestra parte. Pero, desde luego, si me gustaría conminarle a que tuviera un mínimo de respeto.

Comprendo que debe de ser muy difícil cantar verdades cuando se está al servicio de alguien, que puede vestirse de oro o firmar como sociedad anónima, pero de eso, al insulto y el desprecio a la afición, va un cacho, un cacho muy gordo.

Muy grandes deben de ser los honorarios que percibe de los poderes fácticos de la fiesta, o si me lo permite, muy altas las deferencias que con ustedes tienen semejante gente. Yo entiendo que el estómago pueda más que la razón, que el sobre tenga más poder que la verdad, pero, por lo menos, ya que osa infectar con sus opiniones el ambiente taurino, procure moderar sus ímpetus y mirarse de cuando en vez en el espejo.

Ni sus trajes de sastrería de caché, ni su moreno de solarium de ciudad, ni sus corbatas de seda, ni muchísimo menos la tonelada y media de gomina que se unta en su morena cabellera le dan motivos para despreciar a nadie con el término “cateto”.

Yo podré ser un cateto, pero digo lo que pienso. Podré ser un cateto, pero no traiciono a mis ideas ni a mi concepto del toreo. Podré ser un cateto, pero jamás me venderé a intereses tan sucios. Podré ser un cateto, pero nunca me verá adulando por delante y apuñalando por detrás......

No sé ni de donde viene, pero sé a donde quiere ir. Posiblemente usted sea tan cateto como yo, pero su inmenso complejo de inferioridad y su afán de pelotillear le convierten en un barato bufón de corte. Una lástima.

Le saluda un cateto, como usted.

Un cateto del 7.



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