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les ha faltado a los juntapalabras que adulan a los toreros
en las revistas taurinas para empezar a descalificar y
a tirar por tierra los postulados de la afición.
Tiempo les ha faltado para sacar la cara sin tapujos ni
objetividad a los que les pasan el sobre tarde tras tarde.
Es tan descarada su vendida falta profesionalidad que
resulta una auténtica vergüenza leer tanta
payasada junta.
Cuando aún no hemos pasado el umbral de la primera
semana de San Isidro, y con el balance de los primeros
festejos encima de la mesa, los abanderados del más
vendido de los periodismos, que es el periodismo taurino,
se han dedicado a brindar calamitosas crónicas,
absurdos argumentos, mentiras incalificables y lo que
es peor, han sacado a la luz su mejor cara, la cara que
corresponde a todos estos mercenarios del toreo que se
dedican a comer por la patilla, a recibir sobres en los
recibidores de los hoteles y a cobrar con todo descaro
a los toreros para sacarles en portada.
Decir que los primeros festejos de San Isidro han sido
un fracaso del torismo y un palo a todos los aficionados
que defendemos a capa y espada ese tipo de corridas me
parece una blasfemia contra la razón, lo cual no
quiere decir que los juntapalabras de turno lo piensen,
porque quizá piensen como nosotros pero no tengan
la gallardía, por aquello del dinero que perderían,
en cantar las verdades del barquero.
Lo cierto es que los primeros festejos de San Isidro lanzan
al aire una respuesta inequívoca a los males de
la fiesta: hay toro, pero no hay torero, así, como
suena.
Resulta inaceptable que casi la totalidad de la crítica
taurina (por llamarla de alguna forma) de la prensa nacional
calificase como un fracaso ganadero la corrida de José
Escolar. La falta de criterio y la adulación continua
a los matadores hacen posible semejante deformación
de la realidad. No señor, la corrida del bueno
de José Escolar fue una corrida de toros con todas
las letras, así, como suena, pero les debió
resultar imposible descalificar la ineficiencia de una
terna tan necesitada de oportunidades como de cualidades
para hacer frente a tal compromiso.
Sencillamente, la corrida de José Escolar se estrelló
contra un cúmulo de errores, contra una continua
falta de profesionalidad, simplemente fue una corrida
de toros para poderla, dominarla, lidiarla y torearla,
así de claro. Pero lo más fácil es
cargar contra los toros. Este tipo de corridas deberían
de servir para que los que mandan en la fiesta (esos que
mal llaman figuras) demuestren su capacidad lidiadora,
su mente privilegiada y su saber torear ante un toro de
verdad.
La corrida de Hernández Plá supuso otra
oportunidad de descalificar para los juntapalabras. Bien
es cierto que la corrida no resultó nada lucida,
no lo puedo negar, ahora bien, que me diga alguno de los
presentes en la plaza si no es preferible ver una corrida
como aquella o soportar el baile de corrales en las tardes
con figuras. La corrida de Hernández Plá
tuvo su cosa, buena y mala, pero prefiero ver una corrida
con toros así que la absurda mentira del toro domesticado
y el torero que lo impone.
Más difícil lo tuvieron el lunes con la
novillada de La Quinta. Hasta tal punto fue el bochornoso
espectáculo ofrecido por los novilleros que ni
los pelotilleros oficiales comandados por el teniente
Molés tuvieron agallas para tapar semejante despecho.
Es intolerable que en una feria de San Isidro se desaprovechen
seis novillos de semejante calidad. Seis novillos de triunfo,
sin complicaciones, con un tranco y unas condiciones que
para sí quisieran muchos...¡y ni un solo
muletazo!.
Tener que soportar comentarios como los del señor
Emilio Muñoz son un atentado contra la fiesta de
los toros. Los años templan, enseñan, por
algo el maestro Antoñete callaba cuando el señor
Muñoz expulsaba justificaciones absurdas como el
cambio de comportamiento durante la lidia de los novillos
de encaste San Coloma o la brusquedad en su juego.
A medida que pasaba el festejo no les quedó más
remedio que claudicar y cantar la extraordinaria calidad
de una novillada que mereció tener delante muchísimo
más que tres chavales sin ambición ni conocimientos
que dejaron en evidencia el nefasto futuro de la fiesta
de los toros en cuanto a matadores.
No quisiera dejar pasar la oportunidad de expresar mi
opinión sobre otra corrida extraordinaria como
fue la del Puerto de San Lorenzo, que a pesar de su falta
de fuerza, demostró que por encima de todo se encuentra
la casta. Corrida a destacar, que salvo el sexto, tuvo
condiciones más que de sobra para decir mucho.
Corrida que estuvo muy por encima de tres toreros que,
cada uno a su manera, demostraron una absoluta incapacidad
y una actitud impropia para dichas circunstancias.
Bochornosa la actitud de un Eugenio de Mora ausente y
descaradamente inhibido, mala la actuación de un
Califa que cada día que pasa me da más razones
para seguir diciendo que no merece la pena como torero,
y aseada actuación de un Antón Cortés
que no pasó de discreto con un toro, el tercero,
para hacerle las cosas como dios manda. Faena con altibajos,
con múltiples enganchones, en muchísimas
ocasiones al hilo del pitón, retorcido en otras
muchas y desastroso con la espada, no dejó de ser
una faena con detalles buenos, pero plagada de tintes
negativos.
Para muchos juntapalabras se había descubierto
América, cuando no había llegado ni a la
isla de Santa Clara. No quieran justificar las mediocridades,
no pidan la gloria tan pronto, que si por ustedes fuera
y con lo barato que lo venden, ahora mismo venderíamos
el toreo en un mercadillo.
Eneko Andueza.
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