La Solidaridad de las figuras.

 

Es indudable que hubo un tiempo en el que las figuras del toreo tenían un sello especial en forma de sensibilidad que hacía posible que muchos momentos de dificultad se viesen de forma más amable gracias a su apoyo. Sería imposible calcular la cantidad de festivales benéficos en los que las figuras del toreo de todos los tiempos prestaron su apoyo y arrimaron su hombro sin ningún interés de por medio.

Los tiempos cambian, y la mentalidad humana se ha convertido en un todo egoísta y pretencioso que solo piensa en tres cosas: en si mismo, en su interés y en su beneficio.
Se acabó la historia de la Beneficencia. Adiós a un montón de años de tradición, de gestos toreros, de solidaridad. En los últimos tiempos la palabra Beneficencia venía con la aureola del compromiso con la afición de Madrid, pero sobre todo, con el hecho de negociar algo que se presupone innegociable.

La comunidad de Madrid no tuvo agallas para cortar por lo sano cuando los matadores de toros comenzaron a percibir honorarios por una corrida de toros destinada a lo que su mismo nombre indica: beneficencia.

Sería inexplicable hace unas décadas el que un matador de toros cobrase las cantidades astronómicas que osaban a cobrar las actuales figuras. La corrida de Beneficencia era, entre otras cosas, un guiño solidario, desinteresado, y en la mayoría de los casos un gesto de torería. De aquello ya no queda ni el nombre, porque a la negativa de las figuras de torear en Madrid fuera del compromiso de San Isidro, se une la exigencia millonaria de unas figuras acostumbradas a pedir mucho para no dar nada.

LA implicación en la corrida de Beneficencia es un compromiso al que únicamente puede unirse un interés económico a cambio de la participación en el mismo. El hecho de cobrar por participar en un acto benéfico da muestras del talante no ya taurino, sino humano, de las actuales figuras del toreo. Ahora solo vale negociar, establecer tarifas, obtener beneficios, dinero, a cambio de poco, porque si bien se afanan en pedir, poco demuestras al torear.

Que nadie se engañe por la cantidad de festivales que se vienen celebrando en estas fechas, porque en casi todos hay intereses de por medio, y, en muy pocos es la solidaridad y el desinterés el que motiva el que una figura se vista de corto.

En mi pueblo se ha visto a Pepe Luis, a Marcial Lalanda, o a Manolete, sin ir más lejos, matando novillos en festivales sin picadores, o a Jaime Ostos y Paco Camino matando corridas de toros benéficas llevándose como beneficio una escopeta como recuerdo de un pueblo agradecido. Son simples ejemplos que se repitieron millones de veces en miles de sitios. ¿Qué queda de todo aquello?, poco, por no decir nada.

Festivales personalistas en los que el corporativismo gremial es la base del mismo, festivales en los que muchos aprovechan su incursión para obtener favores y beneficios personales y la “solidaridad” que reina en los profesionales que intentan llevarse un sobresueldo cuando van con la minuta de los gastos hacen que mucha gente se piense dos veces el organizar un festival pensado para los que más lo necesitan.

Puede ser cuestión de carácter, puede que el cambio social nos haga a todos más egoístas, o puede que un mundo tan viciado no conozca algo llamado solidaridad, beneficencia o no obtener beneficios por prestar una imagen.


Eneko Andueza


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