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Que la suerte te acompañe. Lo hemos
oído tantas veces en estas pasadas fiestas navideñas.
hemos visto en tantos anuncios publicitarios refiriéndose
a la lotería, que la frase nos es muy familiar,
así como algo nuestro y que llegas a creértelo.
Vamos, como si la suerte no fuera una quimera, algo irreal,
intangible, pero que de tanto nombrarla terminamos creyendo
en ella, cuando de verdad a eso que llamamos suerte hay
que buscarla en el trabajo diario, haciendo, o al menos
intentando, hacer las cosas cada vez mejor hasta alcanzar
la meta propuesta, que no todos consiguen.
Los aficionados a la fiesta, y no digamos
los taurinos, utilizamos eso de la ‘suerte’
casi de continuo. Los toreros, antes de iniciar el paseíllo,
se desean suerte, también se desea suerte al ganadero,
al apoderado, al empresario y los propios aficionados
paganos decimos antes de la corrida, ya desde el apartado:
«A ver si hay suerte esta tarde» . Todo en
la fiesta de toros parece que queremos hacer girar en
torno a esa utopía que llamamos suerte, pero si
nos paramos a pensar lo que probablemente puede suceder
en el ruedo en tarde de corrida, si lo hacemos considerando
el cartel de toros y toreros, no hará falta ser
ni sabios ni adivinos, considerando que los contendientes
son seres vivos y como tales están sujetos a reacciones
diversas y cambiantes pueden hacerse diagnósticos
aproximados a la realidad.
Los toros, la ganadería, tienen
una trayectoria, la que sea, mansos, bravos, manejables
o difíciles. De los toreros conocemos sus virtudes
y sus defectos; sus conocimientos demostrados a lo largo
de su carrera y su disposición en general para
buscar el triunfo. Con estos argumentos hacer la ‘quiniela’
sin llegar al pleno es bastante probable. Si partimos
de que todos los toros tienen su lidia, que a todos se
les pueden dar pases o medios pases, ya tengan más
o menos ‘recorrido’, ya tenemos la base para
juzgar al torero.
Claro que no es nada fácil saber
las posibilidades que tiene el toro. Si sabemos todos
si embiste con nobleza, si sigue el engaño hasta
donde le marca el diestro, si se queda bajo las zapatilla
tirando la cornada. Hasta ahí llegamos todos. Lo
difícil es conocer si aquello que le hace al toro
el torero es lo adecuado, si lo cita a la distancia y
en el sitio debidos, si de verdad lo lleva hasta el limite
de su embestida y es capaz de dejarlo colocado en la situación
correcta para engarzar el siguiente muletazo o muletazos.
Eso no es fácil, ni siquiera para el torero que
está delante del toro.
Si el profesional que se enfrenta al toro
tiene el oficio bien aprendido, algo casi quimérico
en estos días, no les quepa duda que será
capaz de sacarle faena al burel. Lo grave es que hay muy
pocos toreros capaces de poder al toro que no embista
como una babosa. De haberlos, eso de la ‘suerte’
no tendría vigencia y los aficionados podríamos
disfrutar cada tarde viendo al que se juega la vida sabiendo
lo que hace y lo que tiene que hacer para salir bien librado
del trance y triunfar.
Que la suerte nos acompañe en este
2005.
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