Ante la ley

    Todos, dice la Constitución, somos iguales ante la ley. No es cierto. Todos, según la Carta Magna, tenemos los mismos derechos y las mismas obligaciones. No es cierto. Que nadie piense que me estoy refiriendo a la clase política ni a los poderosos, no lo pretendo, pero quiero hablar sobre discriminaciones, las que sufre la fiesta de los toros, que últimamente, entre radicales de la política y aquellos que dicen querer tanto a los animales, los ecologistas y verdes, nos ponen hoja de perejil a los que amamos a los animales y a los toros de lidia más, que somos ecologistas prácticos y cumplidores de las normas cívicas, respetándolas sin interferir en gustos y particularidades de los que atacan a la fiesta de los toros olvidándose, queriendo o por ignorancia, que forma parte sustancial de nuestra cultura y también de la mitología mediterránea en torno al toro.

Los aficionados formamos a lo largo y ancho de nuestra piel de toro, un colectivo importante, pero no tenemos ni estatutos ni asociación global. Si tenemos muchas asociaciones taurinas que suman miles de personas, pero como no nos manifestamos por las calles, ni ante sedes públicas, como hacen tantas asociaciones infinitamente menos numerosas pero sí más ruidosas, pues eso, que la administración central no nos hace ni repajolero caso y nos las dan por todos los lados, por todos.

La fiesta de los toros no tiene color político, lo que es muy importante, pero quizás por eso, estemos tan marginados. Aficionados de derechas, izquierdas y de centro, todos defendemos el toro integro, salvo excepciones, y la integridad, en su conjunto, de la fiesta de toros, y qué recibimos a cambio, el abandono por parte de las televisiones y medios estatales, que dicen llamarse públicos, porque se pagan con nuestros impuestos, los de todos.

La fiesta de los toros es sangrienta, cierto, pero según está regulada, no tiene que ser cruenta. ¿Pero acaso no es mucho más cruento lo que vemos cada día y durante muchos minutos en las cadenas públicas y privadas, con tantas muertes en tantas guerras entre humanos, de tantas catástrofes, de tanta hambre en el mundo que hiere la sensibilidad de cualquier ser humano y eso es día tras día, telediario a telediario y en programas especiales que parecen hechos para recrear la maldad del mundo?

Bueno, pues la mandamás del ente público dice que las corridas de toros, donde es cierto que los hombres libremente se juegan la vida ante un toro muy superior en fuerzas a las del hombre y que, además, lo hacen creando arte, no se pueden televisar por los niños en horario infantil, pero el sexo de los anuncios publicitarios, las muertes de seres humanos sí las pueden ver en horario normal. Demencial.

La fiesta tiene enemigos, siempre los ha tenido entre la clase intelectual y otros estamentos. Y son los que cuentan, mientras que son muchos más los intelectuales de verdad que la apoyan. Igual tenemos que manifestarnos, de una vez, los aficionados de izquierdas y de derechas.


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