| por Juan
Cruz Gastón
Todo aquello que no mejora termina empeorando.
Me van a permitir que sea reiterativo, pero es que el
tema lo merece. No es otro que la ‘enfermedad’
que está padeciendo la fiesta de los toros en los
últimos lustros y la necesidad que tiene de mejorar
para seguir viva y no se convierta en reliquia de estudiosos
de la historia contemporánea, ya que su propia
historia es abundante porque han sido muchos los personajes
relevantes de la literatura, filósofos, pintores,
escultores y músicos que han dedicado mucho tiempo
a ensalzar sus valores dentro del mito y del rito en torno
al toro bravo.
La fiesta de toros, y su evolución
en los últimos trescientos años, nos ha
traído estos tiempos que vivimos. De ser el ‘opio’
del pueblo pasó a convertirse en negocio, y en
eso estamos, en que es un puro y duro negocio, un cúmulo
de intereses económicos que ha dado grandes beneficios
a unos pocos empresarios y a unos pocos toreros.
Lo malo de este caso es, como suelen hacer
algunos políticos que han hecho fortuna sin ofrecer
lo que decían o anunciaban, que se ha engañado
al pagano y se ha aprovechado el interés que despertaba
la fiesta de los toros para dar gato por liebre.
Se ha aprovechado, incluso apoyado, el
nacimiento de algunos ‘mitos’ de poca consistencia,
ídolos por tres años en una época,
como es la actual, de carencia de toreros importantes.
Con el añadido de que, pese a los pocos diestros
importantes con los que contamos en la actualidad, lo
de la competencia en los ruedos es una falacia y las ‘guerras’
las tienen los toreros, mejor dicho sus apoderados, en
los despachos, lo que no deja de ser curioso porque en
estos momentos sólo hay que juntar a tres espadas
de los de arriba del escalafón para medio llenar
un coso taurino.
Tal como están las cosas, en lo
artístico y en lo económico, llega la concesión
de la plaza de Madrid, la Monumental, y las ofertas alcanzan
cifras increíbles de las ocho empresas que la pretenden.
En torno a los mil millones de pesetas de canon fijo,
aparte de otros gastos importantes para publicidad, para
la Escuela Taurina, promoción de la fiesta....
La verdad es que, si son asombrosas las
cifras ofrecidas, más lo son las mejoras que ofrecen
las empresas. Promocionar la fiesta de toros no es solamente
colocar anuncios en los escaparates, que también
lo es. Promocionar la fiesta de toros es resaltar sus
valores culturales, su importancia en el devenir de trescientos
años. Es cantar lo ritual y mítico que tiene
el toro en la cultura Mediterránea para que esos
políticos ignorantes y extremistas catalanes sepan
que la llamada fiesta nacional (y no me gusta usar el
término de nacional) es algo más que española,
nombre que aborrecen ellos, pero que viven de él,
que es mucho más importante.
Para mejorar la fiesta tendrán
que cambiar mucho los estamentos taurinos. Los empresarios
tendrán que ofrecer toros íntegros y toreros
capaces de torearlos. Todo a precios justos. Aunque nada
parece indicar que ellos cambiarán. Ellos lo pagarán
y nosotros también.
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