| Publicado en El Diario de la Rioja
C uando el pasado vier nes enterrábamos en San Sebastián a un amigo, un gran aficionado a la fiesta de los toros, me vino a la mente (precisamente cuando los que allí estábamos comentábamos la importancia que había tenido Miguel Prieto, lo que había trabajado para que la Bella Easo volviera a tener plaza de toros) la diferencia que puede haber, de hecho la hay, entre afición y aficionado. Cierto es que, como en todo, la afición de la que, me parece, deriva el aficionado puede entenderse en el grado, categoría o implicación en cualquier materia, y más en los toros.
Naturalmente que siempre hay categorías entre los aficionados a la fiesta de toros: aquellos que, teniendo afición, quieren ampliar conocimientos, leyendo, quizás estudiando, lo que del toro y del torero han escrito maestros de las letras por boca de los expertos en tauromaquia, los toreros, los considerados como grandes: los Pedro Romero, ‘Costillares', ‘Pepe Hillo,'Paquiro'... Otro tipo de aficionado, complementario quizás, es aquel que valora al toro en un primer término, para analizar la labor del torero en función de las pasibilidades que ofrece el morlaco. Los hay, dentro del grupo de aficionados, aquellos que valoran la estética, el llamado arte, el toreo exquisito, ante un toro que sigue borreguilmente el engaño. Seguro que este encuadre de aficionado es el que supera en número a los demás. Incluso suele darse la paradoja entre los dos últimos grupos que coinciden en la misma persona los que son partidarios del toro bravo, fiero, con fuerza y movilidad y del toreo exquisito ante la borrega boba. Sí, sí, es así; hagan una pequeña reflexión y comprobarán que se dan muchos casos.
Aunque el abanico es más amplio del descrito, considero que como muestra valen los tres casos de aficionados. Los dos primeros citados son a los que estoy apuntado: estudio y conocimiento de la fiesta y lo que representa dentro de la cultura de un pueblo. Poner por delante al toro siempre íntegro. En la defensa del toro teníamos que estar unidos todos, aficionados veteranos y viejos aficionados, como el desaparecido Miguel Prieto, presidente del Foro Taurino de San Sebastián. Son claros ejemplos a seguir para defender la pureza de la fiesta. Recuerdo con cariño el análisis que hacia de los toreros en día de triunfo. «Sí, ha cortado orejas... pero sin toro».
Me gustan los toreros de arte, también los valientes con oficio, pero ante el toro integro. Admiro a los aficionados como Miguel Prieto que, casi nonagenario, seguía defendiendo la integridad de la fiesta. Así era...
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