EL PODER

El poder bien está; pero saberlo ejercer con sabiduría, cordura y honestidad es básico para su funcionamiento. Que el dinero no lo pierda.


No sé quién escribió o dijo aquello de ‘Con la imaginación al poder’. Ni siquiera sé si la cita es textual, pero en política, con buenas o malas artes, se busca el poder para ser más fuertes que los otros. En el mundo de los toros hay cantidad de empresarios de distinta entidad. Los hay poderosos, muy pocos, están los que aspiran a serlo, que llevan varias plazas segundonas y aquellos, que, bien por accidente o por afición sin grandes aspiraciones, o por necesidad de potenciar a sus pupilos, se hacen empresarios taurinos ocasionales aunque no tengan verdadera vocación de invertir en la fiesta.

Todos los empresarios taurinos nos merecen, a priori, el mayor de los respetos. Todos los que van por derecho. Todos los que no les piden dinero por torear a los que empiezan, a tantos novilleros que tienen que contar con un ‘mirlo’ blanco para poder torear. Este tipo de empresarios no nos merecen el menor de los respetos y difícilmente llegarán algún día a ser grandes empresarios taurinos.

La fiesta de los toros, me lo decía un buen aficionado aragonés, abogado en ejercicio, me comentaba que el dicho que la fiesta se acaba viene de muy lejos, desde que prácticamente se es-
cribe de toros con cierta asiduidad, finales del siglo XIX hasta nuestros días. Me decía Julio:
«Ahora va de verdad. La generación siguiente a la nuestra no va a los toros, apenas conoce nuestra fiesta, no tiene ninguna inquietud, además una entrada cuesta mucho dinero. Esto se acaba».

Realismo o pesimismo, el comentario de este buen aficionado tiene un perfil que choca con las ansias de poder de los empresarios taurinos. Visto está en la cifra astronómica que han ofertado ocho empresarios taurinos por la plaza más importante del orbe taurino, la Monumental de las Ventas de la capital del reino de España, Madrid. Quiero pensar que ofrecer más de mil millones de las antiguas pesetas por el coso madrileño ha tenido que contar con un minucioso estudio de mercado, con un análisis en profundidad para hacer rentable el gran desembolso económico.

Una de las causas que pueden motivar la oferta, algunas son similares, es el Poder con mayúsculas. Dicen en círculos taurinos que el que tiene la Monumental de Madrid tiene la llave de la fiesta. Cierto y mentira a la vez, porque si detrás no hay una base sólida, si la oferta para los aficionados que haga la empresa no es buena, si por el dinero pagado hay que recortar hasta límites poco recomendables el dinero a toreros y ganaderos, la mejor plaza del mundo puede convertirse en poco tiempo en una plaza pueblerina.

El poder, bien está, pero hay que saberlo ejercer con sabiduría, cordura y honestidad, algo básico para su buen funcionamiento. Nada es verdad ni mentira, decía el poeta, todo es del color del cristal con que se mira. La Monumental es admirada y querida, un bastión para el aficionado. Que por el dinero no se pierda para siempre. Sería el fin de la fiesta y de su cultura.

    

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