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"Entonces era raro ver ligar, como
mandan los cánones, tres o cuatro naturales seguidos
y ahora el que no lo hace no llega al público"
Cuestionar algo, se busque o no la verdad verdadera, es
algo que creo hemos hecho y hacemos todos los humanos.
Cuando se habla de la fiesta de toros, pocas cosas de
la misma habrá que no se cuestionen cada día
o en cada conversación. Y es que eso de buscar
de forma contradictoria la verdad es más bien tarea
detectivesca que de aficionado, si bien cada uno de los
que gustan de la fiesta taurina tiene su propio gusto,
lo vemos en las plazas, se aplauden faenas, lances o alardes,
con mayor o menor intensidad.
Decir que la fiesta de los toros es auténticamente
democrática, es decir una verdad incuestionable.
Tomar partido en la plaza por un toro o por un torero,
de oro o plata, o de la presidencia del festejo, lo vemos
cada día en los cosos taurinos. Sin llegar al insulto,
protestar, aplaudir, pitar o mantenerse indiferente es,
dentro de la corrida, moneda de curso legal, admitida
desde hace tres siglos que fuera regulada por reglamentos
de cada localidad y muchos años antes, cuando la
nobleza 'regalaba' al pueblo las corridas de toros y de
vacas para desahogo de las masas, entonces menos cultas
que hoy
El pasado jueves me encontré con
un aficionado que manifiesta no ser entendido, algo que
le honra -en esto de los toros, del fútbol o de
la pelota, todos sabemos más que los que inventores,
¿o no es así?-, pero al que le gustan los
toros, sobretodo desde la barrera. "Me gusta -decía-
estar cerca. Si no voy a barrera no disfruto tanto. Sentir
el resoplido del toro es emocionante".
Un tema planteado por Javier, que así se llama,
fue el de no estar de acuerdo con que los tiempos pasados
fueron mejores que los actuales. Su pensamiento, aplicado
a los toros, como a otros espectáculos, tiene mucho
de verdad, difícilmente se retrocede, tratamos
todos de avanzar, aunque sea cuestionable su argumentación.
Que hoy día se torea 'mejor que nunca' frase manida
por demás. Pues sí, pero y ahí está
la cuestión, el toro no es el mismo, el actual
que el de la década de los cincuenta y hasta la
de los setenta. Escribo de lo que he vivido como aficionado.
En aquellos años no salían toros, todas
las reses que mataban las figuras eran utreros, es decir
que tenían tres años; por lo tanto eran
novillos.
Ahora se matan cuatreños y en esto
tuvo mucho que ver el desaparecido Alfonso Navalón.
Pero a los toros actuales (conste que se están
moviendo más los toros en las dos últimas
temporadas) les falta la casta y bravura que tenían
la mayoría de las ganaderías punteras de
aquella época, y eso se nota mucho y se echa en
falta por el aficionado que peine canas.
Cierto que entonces era raro ver ligar,
como mandan los cánones, tres o cuatro naturales
seguidos y ahora el que no lo hace no llega al público.
La cuestión está en los gustos dé
cada cual. A mi me gustaría ver el trapío
del toro actual con la casta del de los años cincuenta
y sesenta. Aquellos novillos-toros daban espectáculo
y emoción. Imaginémonos como sería
con el toro de hoy La repera amigos.
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