|
Mucho se ha escrito sobre las escuelas
taurinas. A falta de figuras y toreros parece ser que
todo el mal estriba en estas, pero ¿es así
o por el contrario es algo a lo que el aficionado se aferra
para justificar la falta de toreros con verdadero interés?.
De siempre, los toreros han tenido en
mayor o menor mediad maestros que les han instruido en
el arte del toreo, ahora bien estos maestros solían
apuntarse al carro cuando ya los muchachos habían
recorrido muchas ganaderías y capeas para hacerse
toreros y habían sufrido infinidad de revolcones
y percances, incluso mas de uno dejándose la vida.
Y solía ser el ganadero el que recomendaba a algún
maestro retirado al muchacho que ya apuntaba detalles
después de muchos tentaderos y muchas horas de
tapia.
Antes los chavales salían de casa
con el altillo y recorrían todas las ganaderías
y capeas en las que había un novillo que tentar.
Pasaban horas días y semanas frío, hambre
y un sin fin de calamidades. Unos a otros se iban informando
en que ganadería se celebraba algún tentadero
o en que pueblo se celebraban las fiestas patronales y
se daba suelta a algún utrero para que los mozos
del pueblo se sintieran toreros por un día. El
aspirante a novillero salía a parar los novillos
de los mozos y cuando estos se cansaban o habían
recibido ya la suficientes palizas por parte del novillo,
entonces podían darle algunos muletazos.
Así mismo, en las ganaderías
se iba ha hacer tapia, sentados en los muros que rodean
la plaza de tientas de la ganadería, a la vez que
esperaban estaban recibiendo las clases practicas de los
diversos matadores que tentaban ese dia, por otro lado,
esperaban a que el maestro de turno terminara de tentar
la becerra y cuando el ganadero lo indicaba era el turno
de los maletillas. Era aquí donde verdaderamente
se cogía la experiencia, no solo práctica,
si no en esas meriendas que el ganadero preparaba para
los matadores que iban a tentar, siempre se invitaba también
a algún maletilla adelantado, con lo cual por un
lado llenaba la barriga y por otro participaba en esas
interminables charlas entre maestros y ganaderos de cómo
había ido el tentadero. Es decir que cuando se
hacia tapia se estaba sistiendo a innumerables clases
teoricas y practicas.
Cuando un maletilla
pillaba a alguien que se hiciera cargo de su carrera,
ya tenia media profesión aprendida. Tenia su estilo
definido, había aprendido a darle las distancias
que cada vaca o novillo pedía, porque si no era
así el revolcón era seguro, y par mí
lo más importante, había aprendido parte
de la profesión no con un carretón, si no
con un verdadero animal, con todas las complicaciones
y las bondades que estos desarrollaban.
No es lo mismo aprender con un carretón
que con un animal.
Y es aquí donde para mí
está el punto negativo de las escuelas, primero
los niños van cómodos, duermen en camas,
comen caliente, la mama les tiene la ropita limpia y en
perfecto estado, sin pasar ninguna necesidad para que
el niño vaya a la escuela. De las capeas y los
tentaderos se encarga el profesor o director de la escuela,
no hay necesidad de hacer tapias, salvo aquellos que tienen
verdadero interés o el director de la escuela los
mide con distinto rasero que a los demás.
Antes de debutar con caballos ya tienen
apoderado, o mejor dicho, ponedor para que el muchacho
no tenga que ir por esos pueblos matando novillos moruchos
y descastados, que era donde verdaderamente se aprendía
la practica del oficio, y el respeto a la profesión.
Este apoderado o ponedor, se encarga que en vez de dormir
en pajares, chozas del camino, o simplemente detrás
de una tapia, tapados con los capotes que al día
siguiente ban a utilizar en alguna becerrada, duerman
en los mejores hoteles de los pueblos donde les ha arreglado
alguna novillada y además, se encarga también
que no se canse mucho andando o haciendo autoesptop, nada
más hacerse cargo le pone un buen coche o una buena
furgoneta para los desplazamientos. 
Se da la paradoja que en el encuentro
mundial de novilleros de San Sebastián y donde
todos los participantes en las cuatro ediciones que se
ha celebrado han cobrado, todos sin excepciones, han venido
con sus grandes y caras furgonetas y ni uno solo ha ido
a un pensión, todos se han hospedado en los buenos
y caros hoteles de la ciudad, la mayoría de ellos
en el mismo que lo hacen los toreros que vienen a la Semana
Grande.
No cabe duda que todas estas ventajas
se convierten en inconvenientes para un profesión
donde la capacidad de sufrimiento juega un papel fundamental,
no es lo mismo las ganas de triunfar de una persona que
ha pasado calamidades y necesidades para sacarse una carrera
que al que se la han reglado por ser hijo de papá.
No es lo mismo las ganas de triunfar de un muchacho que
lo tiene absolutamente todo, que el que le esta costando
sudores el llegar.
Pero para mi el mal de las escuelas no
es que salen todos a troquel, como se dice normalmente,
por que no es verdad, no tiene absolutamente nada que
ver Valverde o Gallo, Abellán o José Tomás,
Encabo o el Juli o cualquiera de ellos entre sí,
pongan las combinaciones que quieran. Lo que si tienen
en común todos son las trampas, y esto no quiere
decir que todos las hagan al torear, lo que si es seguro
es que todos saben en todo momento como alibiarse.
Lo que sí hacen en las escuelas
es aprender con el carretón, y ya me contarán
que tiene que ver este con una becerra, además
siempre es dirigido por otro alumno de la escuela, he
pasado varias veces por algunas de ellas y siempre veo
lo mismo, jugar con este artilugio. No hay distancias,
ni se puede templar, ni se puede mandar y sobre todo,
las reacciones normalmente siempre son las mismas, si
hay fallos nunca te cogen.
Insisto este es el mayor problema
de las escuelas, los cientos y cientos de horas que pasan
los muchachos con el carretón y por otro lado sin
que nadie les corrija, ni le indique al del carretón
que cambie de actitud y sea lo más parecido a un
toro. Pero claro, como el que lo lleva tampoco ha hecho
tapias ni becerradas, nunca podrán aprender la
lidia.
Luego cuando empiezan con novillos apenas
si han toreado animales, con lo cual como estos no son
carretones una de dos, o buscamos toros carretones, o
no toreamos los que no lo sean, o al final si sale alguno
complicado todo son precauciones y malas lidias.
En definitiva, mientras en las escuelas
lo fundamental sea la enseñanza con el carretón,
mientras no se aprenda con todos los encastes y mientras
no se vea a todos los maestros del momento y solo tengan
la visión de uno, como ocurre con la mayoria de
las escuelas, no volveremos a ver esas grades figuras
hechas con la practica que dan los animales. No volveremos
a ver a los figurines lidiando todo tipo de encastes,
como ocurría en otras épocas que los becerristas
iban a todas las ganaderías y dominaban a todos
los toros. El local de la escuela a lo sumo para lo que
debería valer es para el toreo de salón,
que es el que da el temple, el carretón salvo los
primeros meses y para los niños que empiezan, ni
tocarlo.
|