DEL MITO A LA CRUDA REALIDAD.

  

Siento mucho discrepar de las voces oficiales ahora que tanto está de moda aquello de ser de José Tomás.  Y lo siento de verdad, porque más me hubiera gustado que la realidad fuera otra bien distinta a la que es.

Un regreso vestido de acontecimiento, el regreso de un torero que, un día nos hizo levantarnos de los asientos, admirarlo, incluso confiar en que aquel torero podría poner el toreo boca abajo.

Marketing, puro marketing, cruda propaganda para vestir la necesidad de un reclamo en la fiesta que volviera a llenar arcas. No me extraña que la prensa oficial derrochara espacio para la buena nueva. No es de extrañar, pues a la vista está que ningún miembro de los poderes fácticos de la fiesta ha salido perjudicado con tan sonado regreso.

Han querido vestirlo de mito, de leyenda, lo han rodeado de un halo de misterio más propio de un ser bíblico que de un torero, han sabido orquestar una campaña de publicidad y marketing que bien merece un sobresaliente. Un exceso, un claro exceso de maquillaje que oculta una cruda realidad.

“José Tomás Tour”, “nace la leyenda en Linares”, “Ha vuelto la resurrección de Manolete” (sic).... señores, ¿qué fiesta están vendiendo?.

Indudablemente, más vale llenar las plazas de adocenados espectadores abrumados por al expectación y el morbo de un producto de marketing que llenarla de aficionados cabales que en ningún caso permitirían verse atropellados de semejante manera cuando acuden a una corrida de toros y sale lo que sale por chiqueros.

¿Qué vuelve el mito?, pues que vuelva, pero que vuelva de verdad, que vuelva con el toro de verdad y ante la afición de verdad. Ya lo dije en su día, que bienvenido era si volvía como debe... nada más lejos.

Dónde está Madrid, donde está Bilbao, dónde está Sevilla, incluso Pamplona... ¿dónde está el toro señores?. De momento desaparecido del “tour”.

Es indudable que las empresas se frotan las manos, pues a la vista están los llenos. No les puede ir mejor económicamente. Para colmo, esa fructífera campaña de marketing les llena los coso de gente conformista que acude a la plaza al reclamo de un mito alimentado por los medios de comunicación. Y vuelvo a repetir, ¿dónde está el toro?. El toro no está, entre otras cosas porque la masa adocenada que acude a los coso no lo exige, sencillamente, porque no sabe lo que es un toro.

Y no quiero decir con esto que quiero ver a José Tomas jugarse las femorales con uno del Cura de Valverde. Ni mucho menos. Cuando menos, quiero verlo con un toro serio, con trapío, con casta, un toro bravo, sea del encaste que sea, un toro íntegro que imponga respeto y que no salga al ruedo abriendo la boca.

No justifiquen sus cornadas, señores, pues, generalmente, éstas se producen por errores del propio matador. O, ¿es que por dejarse coger más veces, es mejor torero?.

Lo ocurrido ayer en Salamanca es el claro exponente de una cruda realidad. Una plaza que antaño fue puntal de categoría cae en manos de un presidente que no supo imponer criterio de mediana categoría. Una plaza que se convirtió en una tómbola atrapada por las redes del marketing.

Semejante es el descaro que una página de internet “mutiló” párrafos enteros en los que el de Galapagar no quedaba tan bien parado como ellos deseaban. Y me pregunto yo, ¿que intereses tienen para que en menos de media hora “maquillen” una crónica de forma tan descarada y no se les caiga la cara de vergüenza?

Yo quiero ver a José Tomás, quiero verle tal y como fue, quiero verle en figura, en franca competencia con aquellos que dicen serlo, y verles jugarse la vida ante un toro de verdad para demostrar que la fiesta de los toros es algo más que un acto premeditado donde el final está siempre escrito.

Los mitos nacen en el ruedo, y algunos mueren en él, no nacen de la pluma de ningún servicial periodista, ni mucho menos de un profesional de la publicidad.

Demuestra lo que eres, no vendas ese producto que en nada se parece a lo que en realidad, puede parecerse a un mito.

 

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