EUSKADI, TIERRA DE TOROS.

Eneko Andueza

Muy al contrario de lo que se pudiera pensar la vinculación del País Vasco con el mundo de los toros además de ser directa se remonta a muchos siglos atrás.
No me gustaría entrar en la siempre polémica discusión de la procedencia del toro, o por extensión de los orígenes de la fiesta, pero, dejando a un lado semejante cuestión, si podríamos realizar una severa afirmación de la preservación de la casta brava, y más aún del origen de muchos festejos populares relacionados con el juego del toro.

La cercanía con la hermana Navarra, esa identidad tan propia de dos pueblos semejantes ha hecho posible que aún hoy podamos seguir hablando de una casta brava autóctona, de la existencia de un toro de la tierra, del marcado carácter de un toro bravo que a pesar de los siglos se ha seguido manteniendo.
En navarra con el toro de casta Navarra, en Euskadi el llamado Betizu.

El siempre presente cariz político ha traído también a la fiesta de los toros en el país vasco el rechazo de gentes poco ilustradas al respecto. El rechazo a la fiesta no es mas que el rechazo a algo desconocido que precisamente surge del pueblo, del pueblo vasco, del pueblo norteño, de la multiplicidad de pastores que auspiciados por la necesidad de salvaguardar su integridad física poseían esa técnica, hoy convertida en arte, que es el recorte.

Sería innegable hablar toros sin tener presente a una afición de tan marcado carácter como la nuestra. Plazas como Bilbao, San Sebastián con el viejo “Chofre”, Vitoria, Eibar, Azpeitia, Tolosa,.......han mantenido viva la llama de su afición porque ésta vivió y nació de entre sus gentes, y por ser suya se lleva dentro, se mantiene, se cultiva y se venera.

El País Vasco ha sido cuna de ganaderos de renombre, pues de la zona provienen familias como Miura, Murube, Urquijo, Ibarra, Olea......aquí nacieron matadores como Martincho, Cocherito de Bilbao, Mazantinni, Pedrucho, Agüero, Fortuna, Chacarte, Recondo y un largo etcétera que pondría de manifiesto que la fiesta de los toros tiene una línea directa en sus raíces enterradas en esta tierra.

El carácter de nuestra afición se basa en la defensa del toro, en su integridad, en la comprensión de que el toro es el principal eje de la fiesta, y sobre todo, en el respeto y la exigencia de ese toro como principal valuarte del espectáculo.

Nadie negará la seriedad del toro de Bilbao, nadie dejará en el tintero las tardes para el recuerdo en el viejo Chofre donostiarra, y ningún torero de los de entonces torearía en esas ferias sin pasar por esa llave del norte que era Vitoria.

Lo popular mezclado con la liturgia taurina. El presente ligado con el futuro. Existen documentos que acreditan que, caso con toda la probabilidad, la primera corrida reglada de la historia se celebró junto al pago de Irure, rayando al pueblo de Eibar, donde el príncipe de viaja mataba su gusanillo en las corridas que en la villa armera se celebraban cada vez que él la visitaba.

Siempre fuimos gente del toro, porque además de respetarlo, lo criamos, nos enfrentamos a él, y año tras año seguimos manteniendo el rito con la muerte como si en ello nos fuese la vida, porque si algo no puede perder un pueblo es su identidad y en identidad de los vascos también se encuentra enterrada las raíces del toro bravo.

Sigamos defendiendo la integridad, la pureza y al verdadero protagonista de la fiesta que es el toro bravo.

   

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