UN POQUITO DE REFLEXIÓN.

Eneko Andueza.

Los taurinos han conseguido que la fiesta de los toros sea un espectáculo matemático y vulgar donde cualquier aficionado puede hacer cábalas sobre lo que va a suceder sin tener un mínimo margen de equivocación.

San Sebastián ha vuelto a caer en su eterno error: disfrazar de éxito una feria anodina donde el desencanto es el único beneficio de cada tarde.

Y no será porque la afición no advierta a la empresa de las posibles consecuencias de sus gestiones. Sino, hagan memoria y recapitulen posturas sobre lo que hemos venido afirmando a lo largo de estos meses desde estas páginas.

Está claro que el "nivel" de la plaza es el que es. El nivel lo marcan esos abonados para quince años que se hacen cruces cada tarde, cuando topan con el saldo ganadero de turno y se chocan frontalmente con su desgraciada realidad: poseen acciones muy caras de un negocio que no satisface a casi nadie.

No voy a realizar el eterno ejercicio de analizar tarde tras tarde, torero por torero ni circunstancia por circunstancia lo que ha sido la última semana grande, porque, ni merece la pena, ni les iba descubrir nada.

El caso es que el tiempo nos vuelva a dar la razón, y ni los nuevos aires ni las ganaderías de tanto prestigio que nos vendía Pablo Chopera en su entrevista a El Diario Vasco han sido capaces de enmendar nuestros vaticinios. De las tres tardes de no hay billetes que auguraba el empresario ni hablamos.

El caso es que los fracasos ganaderos han sido la constante, y por salvar, salvaremos, con toda justicia una corrida de Victorino con marcado acento comercial.

Por cierto, todavía no hemos tenido noticia de qué le pasaba al primer toro de Jandilla, aquel que fue devuelto tras salir de la tasca. Aquí nadie da explicaciones, porque según el presidente del festejo mandó hacer análisis a la res y estos no han sido publicados en la página oficial del departamento de Juegos y Espectáculos del Gobierno Vasco. ¿Será porque el Lehendakari no acude a los toros en Donosti?. Quizá.

El caso es que después de muchas tardes de escándalo han sabido maquillar el estrepitoso fracaso con un indulto de pena que ha sabido a gloria a la empresa y que ha cubierto de réditos a un Padilla al que le llueven favores por el norte siendo el torero más soez y vulgar del momento. Una pena.

El caso es que todos debemos reflexionar. Los aficionados sobre nuestra continua desgracia, los ganaderos sobre su eterno fracaso, los matadores su eterno descaro, pero sobre todo la empresa, que debería reflexionar, y mucho, sobre el rumbo de una plaza desorientada marcada por la vulgaridad donde la eterna afirmación seguirá siendo "el año que viene no cojo el abono".

   

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