A DIOS ROGANDO....

La conferencia episcopal sale a la palestra para “exigir”, una vez, cordura y moralidad a la clase política nacional. Salen a cuento de las intenciones socialistas de regular el matrimonio entre parejas homosexuales. Y Digo yo, ¿porqué no van a tener el mismo derechos que tenemos los heterosexuales a contraer matrimonio?.

Ciertamente, la iglesia católica, por mucho que se quiera pensar, será muy difícil que avance intelectual y temporalmente, sencillamente, porque posee tremendos prejuicios que le impiden ver más allá de sus narices.

Uno, que cursó estudios en colegio católico, siempre pensó que la iglesia transmite un discurso que difiere totalmente de sus actos.

Es muy complicado que uno interiorice el discurso del bien al prójimo, de la solidaridad, de la pobreza y de la castidad viendo como está la iglesia hoy en día. Y es que ya no cuentan con el amparo de ninguna dictadura que tape todas su miserias, la gente opina y obra con total libertad sin tener que rendir ninguna cuenta ante los representantes de dios en la tierra.

El negocio Vaticano ve como poco a poco se le agota la credibilidad, observa como las masas ya no pueden ser “abducidas”, engañadas, de forma tan pueril y sencilla como cuando campaban a sus anchas entre analfabetos y gente amedrentada por el poder político que amparaban a los del alzacuellos.

La condición humana es tremendamente plural, y aunque lo más común sea lo corriente, bien es cierto que no por obrar, pensar o tener gustos distintos se es diferente.

“Hay que preservar la institución del matrimonio”, y la familia con todos los hijos que dios ha deseado darles, y todas las monsergas obsoletas que hacen que la iglesia quede como una orden anclada en lo más profundo del pasado, que de la imagen de lo que es: una institución retrógrada que intenta preservar un orden que ha pasado hace mucho a la historia.

Siempre han querido dar ejemplo de moralidad y rectitud cuando todo el mundo sabe que en todas las casas cuecen habas, cuando todos sabemos que su conciencia ante dios y ante la iglesia misma queda dañada cada dos por tres por la cantidad de escándalos que les salpica.

Temen que la institución matrimonial quede dañada permitiendo a los homosexuales disfrutar de un derecho legítimo donde los haya. Personalmente solo hay una diferencia entre los que somos heterosexuales y los que son homosexuales: nosotros gozamos de unos derechos que a ellos se les niega por el mero hecho de tener gustos diferentes, por el mero hecho de relacionarse sentimentalmente con personas de su mismo sexo. ¿Donde está el mensaje de amor entre prójimos? ¿Dónde está el respeto hacia las personas?, en la doctrina de la iglesia, por mucho que se empeñen en maquillarla, desde luego que no.

Me hubiera gustado que hubiera salido a defender la postura de su papa con respecto a la guerra de Iraq, pero mucho me temo que el dar la callada por respuesta atendía a su fiel servicio a la derecha, que ha sido la constante histórica de una iglesia que siempre basó su poder en una bien ganada posición de mando y apoyo tácito a los pensamientos más reaccionarios, autoritarios y antidemocráticos de la historia.

Me hubiese gustado que hubieran puesto es grito en el cielo y hubiesen reconocido sus errores cada vez que se veían salpicados por todos los curas y hermanos de sus congregaciones que se veían salpicados por escándalos sexuales, violaciones, casos de pederastia y cuestiones propias de enfermos sexuales o de reprimidos morales, según se mire.

No deben ocultarse tras el armario ya que nunca podrán engañar a una sociedad que sabe más que de sobra que los seminarios y conventos siempre fueron el lugar idóneo para tapar las “vergüenzas y deshonras” de muchas familias, para tapar la homosexualidad de sus prójimos y “servir” a la iglesia. Siempre fueron un hervidero de Homosexuales cobardes que no tuvieron el valor de reconocer lo que eran. Y ahora rechazan de plano a los que honradamente reclaman y reivindican un derecho que les corresponde.

La iglesia jamás supo dar al que se lo merecía, es el ejemplo del que tiene sin ser y quita sin merecer.


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