CON LA PENA A CUESTAS.

Eneko Andueza. 18-03-04.

      Después de siete días me sigo levantando con la pena a cuestas. El recuerdo es imborrable y la sombra de la tragedia es una prolongación demasiado larga, macabra, lúgubre.....
Me aventuro a pensar que la magnitud de los acontecimientos no serán asimilados por la ciudadanía hasta dentro de un tiempo prudencial. Los cambios que han abierto un nuevo horizonte para todos (o casi todos) se han producido por un devenir demasiado caro.

      Reflexionaba yo el domingo por la noche. La cabeza me daba vueltas y entre esa euforia de satisfacción que nos invadió a todos, solo conseguía acordarme de todo el sufrimiento que había hecho falta para llegar a abrir los ojos de un electorado que depositó su confianza en un partido tremendamente cambiado tras cuatro años de renovación.

      A nadie se le puede olvidar que el Partido Socialista estaba en total desahucio hace cuatro años, cuando las generales del 2000 lo relegaron al sufrimiento mientras la derecha más rancia se hacía dueña y señora del mando político nacional.

      El efecto ZP es el efecto de un partido nuevo que ha necesitado del impulso de la tragedia para producir un vuelco electoral. Y eso, sinceramente, no se si es bueno o malo. Claro está que el cambio ha venido producido por unas tristes circunstancias, por un duro palo que, por fin, ha abierto los ojos de mucho que no daban crédito al hecho de que estaban siendo gobernados por una partido de rancia escuela, de macabra tradición, y de tradicionalista educación. No tenían que haber hecho falta esos 200 muertos para que se hubiera producido este vuelco electoral, sencillamente, porque había otros tantos motivos para que el electorado castigase a un partido con dos caras, la amable que estuvo obligada a pactar con otras fuerzas políticas y la auténtica, la de la derecha más feroz que tomó España como tierra conquistada.

      El pueblo no perdonó la falsedad, la mentira, la utilización de la información como arma electoral, el ataque a las demás fuerzas democráticas, la dureza de su discurso cuando atacaba a los demás, la intolerancia de un partido fracasado, la prepotencia de la sordera cuando la sociedad dio la espalda a una guerra que nos ha arrojado tan dolorosa factura.

      Todo ha sido demasiado duro, demasiado fuerte como para poder analizar fríamente todo lo acontecido. Jamás se había dado el hecho de guardar un minuto de silencio, de rogar una celebración moderada y triste de una victoria electoral que anhelaba una gran mayoría de ciudadanos.

      El recuerdo entrecorta cualquier pensamiento, el corazón se encoge cuando uno recuerda lo sucedido y tiene unas palabras de recuerdo mientras observa una estación de Atocha convertida en santuario. Más de 200 muertos, más de mil heridos y millones de ciudadanos rotos por el dolor. Vamos a seguir viviendo con la pena a cuesta demasiado tiempo.......

      Después de una semana solo pienso en volver a vivir en paz, en democracia, en libertad, solo sueño volver a vivir la vida sin tener que llorar por nadie, disfrutando de mi juventud sin tener que vivir otra tragedia igual......Pero mi pena solo me deja seguir pensando en lo sucedido, y vuelve la pregunta de siempre, ¿porqué han hecho falta estos 200 muertos para que los ciudadanos diesen una respuesta semejante en las urnas a un partido que ya de antes se lo merecía?.


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