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Ganadera Salmantina.
Que dos palabras ganadera y salmantina
casi nada. Mucho se ha escrito sobre estas dos palabras
pero nunca reflejaron juntas tan bien a una persona.
Deberíamos añadir además,
aficionada, mujer con clase y toda una leyenda del campo
charro en particular y del mundo del toro en general.
No llegue a conocerla pero en todas
las conversaciones y tertulias sale a relucir algunos
nombres míticos ganaderos de Salamanca. Pilarin
Coquilla es uno de ellos. Nacida en el seno de una familia
de ganaderos toda su vida la dedico al toro.
No se perdía ninguna de las faenas
del campo en casa, como tampoco faltaba a un solo tentadero.
Amiga y seguidora de las grandes figuras de la historia
crítica y dura con los saltimbanquis y figurines
como Manolete y el Cordobés. Es decir además
de una buena ganadera una enamorada del toro y del que
toreo bueno y de verdad. Gran tertuliana, conversadora
amable y simpática.
El pasado 23 de Mayo del 2005 moría
en su Salamanca querida, a los 98 años de edad.
Con ella se va mucho de la historia del toreo y sobre
todo una forma de vida y una manera de vivir el Toro.
Traemos a estas páginas una serie
de artículos en honor de esta mujer charra que
dejo una gran huella en todos aquellos que la trataron
y la conocieron.
Empezamos con una breve reseña
biográfica y una entrevista de Paco Cañamero.
Continuamos con extraordinario articulo
de Jorge Montero. La interviú que nunca hice.
También publicamos un articulo
de Vicente Sánchez López. La Niña
guapa de Coquilla
Y para terminar traemos a este pequeño
homenaje una entrevista aparecida en el Semanal El ruedo
de D. Francisco Coquilla en el año 1946
Después de leer estos trabajos
seguro que a muchos nos quedará mucho mas claro
lo que era un ganader@ del campo Charro. Una forma de
ser y entender tanto el toro como la vida, algo que sin
duda alguna se ha perdido por aquello de que hay que vender,
del mercantilismo, de la falta de cariño al toro,
de la falta de romanticismo.
Adiós a una ganadera de leyenda
La Salamanca campera está de luto,
tras la muerte, en la madrugada de ayer, de Pilarín
Coquilla, la ganadera más conocida del Campo Charro,
la que marcó una etapa que se inició mucho
antes de la Guerra Civil y se acaba de cerrar ahora, en
este mes de mayo, tan seco y poco 'florido', cuando ha
emprendido el camino del más allá.
Paco Cañamero
Pilarín Coquilla contaba con 98
años y durante su vida se codeó con lo más
granado de la sociedad española, hasta el punto
de ser una de las mujeres más relevantes durante
varias décadas. Siempre tuvo tratamiento de ganadera
y como tal se le respetó, siendo su opinión
recogida por todos como una sentencia, a pesar de que
desde 1936, su familia perdió todas sus propiedades,
entre ellas la finca y la ganadería, con lo que
ella inició otras actividades, como dependienta
de una joyería, aunque jamás fue apeada
de su tratamiento, pues seguía al corriente de
todo cuanto sucedía en la Tauromaquia.
Mujer singular
Fue una mujer singular, muy adelantada a su tiempo, que
no tuvo reparos en manifestar la admiración -más
allá del aspecto profesional- que sentía
por el torero gitano Joaquín Rodríguez 'Cagancho',
que sería el gran amor de su vida.
Rompió con todas las normas sociales
de la época ya que, en aquellos tiempos, era una
mujer moderna que, como ejemplos, conducía, fumaba,
cazaba y mantenía estrechos vínculos de
amistad con los principales referentes del mundo taurino
y de la cultura.
Testigo privilegiado de una época
dorada del mundo del toro, Pilarín Coquilla fue
todo un referente en el Campo Charro y era una mujer querida
y apreciada por todo el mundo taurino salmantino con el
que, pese a su edad, mantenía un contacto casi
diario estando al día de toda la actualidad.
Ahora, para siempre quedará el
recuerdo de esta ganadera, una mujer genial que, en su
casa del doctor Piñuela, cada día recibía
numerosas visitas de amigos. Así, hasta la tarde
del jueves 19 de mayo, cuando tanto disfrutó con
los toros de El Pilar. Aquel día, tras despedir
a los amigos, lentamente comenzó a apagarse la
llama de su vida. También de la última superviviente
de la etapa más importante y glamurosa que vivió
la Salamanca ganadera.
Nieta de Andrés Sánchez,
su padre Francisco Sánchez de Coquilla y Gracialiano
Pérez Tabernero compraron a principios del pasado
siglo, sobre el año 1910, la mitad de la ganadería
del Conde Santa Coloma. Inmediatamente, la ganadería
de "Coquilla" se convirtió en el hierro
de moda de las figuras de los años 20 y 30. Décadas
en las que la finca salmantina se convirtió en
el centro del panorama taurino y social de la época,
pasando por ella nombres tan destacados como Marcial,
Cagancho, Antonio Márquez, GItanillo de Triana
o Concha Piquer que dedicó a Pilarín la
canción "Ganadera salmantina".
PILARÍN COQUILLA: "AÑORO LA FIESTA
DE MI JUVENTUD"
Entrevista publicada en TRIBUNA el 5 de febrero de 2003
Paco Cañamero
Es la única superviviente de una
generación de ganaderos históricos que llevaron
el nombre de Salamanca a lo más alto. Personaje
de leyenda y charra universal, Pilarín Coquilla
pasea sus recuerdos desde la atalaya de casi un siglo
de señorío.
Por las ventanas de su casa de doctor
Peñuela entran unos luminosos rayos de luz que
son el contraste de una gélida mañana. Allí,
sentada en su sofá se encuentra Pilarín
Coquilla, con una energía y facultades impropias
de quien está a punto de alcanzar el siglo, sobre
todo al hablar tanto de sus recuerdos como de la pasión
por el toro y el toreo: "Lo más grande que
me ha pasado es haber sido ganadera".
A la hora acordada llegamos a su casa,
que es todo un museo; enseguida el crítico le comenta
la ilusión que le embarga al conocer a una charra
de leyenda como ella; entonces, con serenidad contesta:
"Bueno, lo importante es la amistad y ser querida.
Por cierto, que yo también tenía ganas de
conocerte, he oído hablar de ti y desde hace tiempo
que leo tus artículos".
Tras los saludos iniciales visitamos la
vivienda, en cuyas estanterías se acumulan infinidad
de recuerdos. En el pasillo sobresale la descomunal cabeza
disecada de un buey y del que Pilarín se emociona
al recordarlo. Hay también una preciosa escultura
del Toro de Oro que ganó en la Semana
Grande de San Sebastián de 1931 el toro Madroñito,
del que existen fotografías repartidas por las
paredes; así como del semental Jabato, que
hizo su ganadería.
De ayer a hoy
Enseguida sale a relucir el actual estado de la Fiesta
y para Pilarín, "nada tiene que ver ni
el toro ni el toreo de ahora con el de mi época,
pues antes de la Guerra se toreaba con una variedad y
verdad como no la ha habido nunca. Por si fuera poco,
el toro de ahora está fuera de tipo y no tiene
casta, ni fuerza. A mí me gusta el toro bravo,
que se arranque de largo, que no se caiga y transmita
emoción".
No tiene reparos al decir quién
fue su torero preferido: "el gitano Cagancho,
con diferencia; además de la clase que tenía
era buena persona. A mí, los toreros gitanos me
han gustado mucho, por eso no olvido tampoco a Gitanillo
de Triana. Y de esa época, aunque éste sea
payo, Fernando Domínguez, que toreaba muy bien
y era muy amigo, como sucedía con Antonio Márquez,
Vicente Barrera y no te digo nada del dominio de Domingo
Ortega o de Marcial...".
Sorprende la lucidez de Pilarín
al analizar tiempos tan lejanos: "Luego, tras
la Guerra llegó Manolete y él tuvo la culpa
de los males que llegaron a la Fiesta. Yo era muy amiga
suya, pero las cosas hay que decirlas como son".
Añora su juventud: "Claro,
porque Coquilla era un finca modelo, allí si había
diez maletillas en la tapia toreaban todos y si, por ejemplo
estaban Marcial y Barrera en el tentadero, al final les
decía yo que les dieran ¡20 duros! de entonces
a los muchachos para que pudiesen comer caliente. Ahora,
todo eso se ha perdido. Como también el estilo
de los antiguos mayorales y los vaqueros, que querían
a la ganadería como propia y nada tienen que ver
con los de hoy".
Llegó 1936, el padre de Pilarín
debe desprenderse de su ganadería: "Fueron
momentos durísimos, España estaba en guerra,
llegó la ruina y perdí lo que tanto quería.
Toda mi infancia y juventud fue en Coquilla. A raíz
de aquello nunca más volví; ahora me han
dicho que la casa se ha caído y es algo que no
podría ver".
A lo largo de la entrevista recuerda infinidad
de anécdotas, como una tarde que su padre Paco
Coquilla lidiaba en Madrid, recién estrenada Las
Ventas, Pilarín vio cómo a un toro le daban
dos vueltas al ruedo y a otro, una. Al finalizar el festejo
y antes de abandonar su localidad, toda la plaza le recibió
con una larga ovación, ella se emocionó
ante aquel espontáneo arranque de cariño
y al día siguiente, Corrochano tituló la
crónica: Las lágrimas de Pilarín.
Como tampoco olvida la tarde que Álvaro
Domecq, en Jandilla la invitó a montar la famosa
jaca Espléndida. Son, sin duda, algunas anécdotas
de las muchas que jalonan la biografía de esta
salmantina universal, la misma que habla con la experiencia
de un siglo de señorío.
La interviú que nunca hice
Jorge Montero
Recientemente falleció a sus 98
años Pilarín Coquilla, el amor de la Salamanca
del toro. Y cuando lo leí en esas letras con olor
a tinta y madrugada en el periódico, volví
la cara con resignación intentando olvidarme que
era la segunda persona que dejaba de conocer con la excusa
de entrevistarle.
La primera era Julio Robles. Ese torero
que me impactó en mi infancia, y aún continua
haciéndolo desde el recuerdo más intimo.
Precisamente porque desprendía aroma a torero con
sus zahones y traje corto entre las dehesas de bravo cercanas
a Vecinos y La Fuente de San Esteban, como vestido de
azabache en Salamanca o Madrid.
A Pilarín me hubiera gustado escucharla
al calor de la lumbre en enero, cuando las vacas embastecen
el pelo y buscan la brigada de la alquería o de
las pizarras que asoman en la Sierra como "garras
de diablo".
No le habría preguntado, ni conducido
a mi terreno. Simplemente hubiera disfrutado al entregarle
mi confianza, para que una persona con su intensa y larga
vida me condujese en ese viaje en el tiempo hacia ayer.
Seguramente, me habría contado
sus éxitos como ganadera hasta que le expropiaron
la finca en el 36, la manera en como siguió siempre
seducida por la pureza de la Fiesta que aniquiló
Manolete. También, me hablaría de su predilección
por los toreros gitano y aquellos grandes capoteadotes
de los 40.
Incluso desde la seguridad de la franqueza
me podría haber confesado como conoció a
Cagancho, su gran amor. Aquel gitano de ojos verdes con
torería para encumbrar a 20 trabajadores del derechazo
de los de ahora.
Pilarín habría mirado más
allá del horizonte, en un intento vano de buscarlo
en un disimulado vistazo. Acariciando en su memoria los
días en que se enamoraron en el bullicio de la
cocina de su finca después de una tienta. Y cuando
estuvieron solos, se dijeron aquellas palabras que ambos
esperaban mientras se abrazaban con lo ojos.
Y probablemente se le habría escapado
alguna lágrima al acordarse de aquellos tiempos.
Lágrimas como aquellas que propiciaron la crónica
de Corrochano "Las lágrimas de Pilarín",
tras la ovación de toda la plaza de Madrid al terminar,
aquella tarde, la solemne apoteosis que resultó
ser su corrida.
Se nos ha ido aquella belleza universal
tan querida, la honra y orgullo de haber sido una ganadera
de rancio abolengo del campo charro.
La niña guapa de Coquilla
por Vicente Sánchez López.
Seguro que tu entrada a La Gloria ha sido
más multitudinaria que tu despedida en la tierra.
Me imagino tu recibimiento allí arriba. Seguro
que en primera línea se encontraban tus padres,
tus abuelos, toda tu familia, alegres porque volvían
a ver a la niña guapa de Coquilla.
Los ganaderos que pasearon el nombre de
Salamanca por toda España te habrán besado
la mano. El primero D. Graciliano Pérez-Tabernero
Sanchón, gran amigo de tu padre, junto al que compró
la mitad de la ganadería del Conde de Santa Coloma.
Después seguirán sus hermanos Antonio, Alipio
y Argimiro, también D. Manuel Arranz, los de Carreros,
los de Terrones, los de Terrubias, los de Campocerrado,
ninguno girará la cabeza para negar el saludo a
la niña guapa de Coquilla.
¡ Y cómo no iban a inclinarse
ante tí los grandes toreros que te conocieron!.
¡ Y qué TOREROS!. Belmonte, El Gallo, Marcial,
Márquez, Gitanillo, los Bienvenida, y para el final
el que más ganas tienes de besar, esos ojos verdes
que te cautivaron: Cagancho.
Mientras todos te saludan, Concha Piquer
te cantará esa copla tan hermosa que te dedicó.
Y volverás a ver a tus queridos toritos de casta
brava, tus "coquillas", y seguro volverás
a llorar como cuando en la primera plaza del mundo te
aplaudieron a ti, la niña guapa de Coquilla, después
de dar la vuelta al ruedo a dos de tus toros, a Tramillero
le dieron incluso dos.
Disfrute Doña Mª del Pilar
Sánchez Hernández, mientras nosotros seguimos
añorando(aunque no la viviésemos) la época
de mayor resplandor de la Salamanca ganadera y taurina,
de la que usted, la niña guapa de Coquilla, fue
protagonista principal.
Disfrute señora ganadera de lo
que hay allí arriba, mientras nosotros sufrimos
lo que hay aquí abajo.
Paco Coquilla.... Ganadero
Entrevista publicada en el
semanario El Ruedo el 15 de agosto de 1946.
Hubo una época que los toros de
Coquilla eran muy solicitados por las Empresas y los toreros,
y don Paco Coquilla gozaba de un gran prestigio como inteligente
y escrupuloso ganadero. Su casa de Coquilla estaba siempre
abierta para todo el mundo porque don paco era el señor,
el caballero de Castilla. Cuando un mal día se
presentó en Coquilla la adversidad, alguien le
insinuó a don Paco cierta formula de arreglo que
no respondía a la verdad. "Yo no puedo mentir"
respondió serenamente el caballero. Y si la hacienda
y la vida hubieran dependido de aquella mentira don Paco
Coquilla no sabia ¡no podía mentir!... Esta
es la contextura moral del caballero que ahora dialoga
conmigo en Salamanca.
--En aquella época-me dice-cuando
yo tenia mi ganadería, hubiera sido interesante,
pero hoy, desgraciadamente...
--Hoy, como ayer, representa usted
la honradez y la caballerosidad, y como ganadero tiene
usted una historia y ha figurado preponderantemente.
Y le pregunto al prestigioso ex ganadero:
--¿Heredó usted la ganadería de sus
padres?
--Pero la vendí mas tarde y
compré el año 17, cien vacas de desecho
procedentes de Albaserrada y Santa Coloma, y trabajando
con gran entusiasmo conseguí un toro de tiro uniforme
que, creado por mi, respondió a mis mayores esperanzas.
Un tipo de toro que, sin ser grande, llegaba a los 280
ó 300 kilos con las cabezas bien hechas y tan iguales
que apenas se distinguían unos de otros.
--En aquella época su ganadería
gozaba de gran fama y se lidiaban mucho sus toros.
--Hubo temporadas en que solo Marcial
Lalanda toreó unas catorce corridas de mi ganadería;
unos cien toros. Y hubo un año que en todas las
corridas cortó orejas. El año 26, en la
corrida del Montepío de Toreros de Madrid, actuando
como espadas Marcial, Valencia II, Antonio Márquez,
y el Niño de la Palma, se lidió una corrida
mía de ocho toros que me dio gran fama. Durante
cinco años seguidos he enviado corridas para el
Montepío. En el Sanatorio, hay una lápida
de azulejos que lleva mi nombre, como prueba de gratitud.
Siempre tenia yo una corrida a disposición de los
toreros, que disponían de ella a su antojo y marcaban
ellos mismos el precio. Tengo también gran motivo
de agradecimiento de todos los toreros.
--Alguno de los que fueron mas tarde celebres,
tal vez empezaría a torear en su finca.
--Recuerdo perfectamente a Granero
cuando llegó a Salamanca con su visera a cuadros
y nadie le hacia caso; a mi me pareció un muchacho
muy educado y me lo llevé a la finca, llegando
a ser considerado luego como de la familia. Por mi casa
han desfilado todos los toreros de esa época incluyendo
también a los mejicanos. Todos...A Joselito no
alcancé yo a conocerle. En cambio, Belmonte toreó
la primera corrida de mi ganadería en Salamanca
el año 21, en la que torearon también Sánchez
Mejías y Granero. Recuerdo también a Gitanillo
de Triana, Curro Puya, pues a éste de ahora, a
Rafael Vega, no lo he conocido... Lo pasábamos
muy bien. De día se toreaba, se cazaba, y por la
noche, para distraernos, cada uno lucia sus habilidades.
Como yo tenia prohibido que se jugara dinero, aprovechaban
el momento que yo me iba a la cama y se quedaban jugando,
¡quien sabe hasta que hora! Lo cierto es que como
no había calefacción eléctrica, había
noches en que se consumía una encina entera, pues
había que preparar también braseros para
todas las habitaciones.
--Alguna vez también acostumbraban
a gastar bromas ¿no es cierto?
--La broma de los gamusinos.
--¿En que consistía?
--Al incauto a quien se le va a aplicar
la broma se le hace creer que se va a cazar gamusinos
y que este es un animal que posee una piel muy bonita
y de gran valor; cuando más confiado está
esperando la presa, se le suelta un manso a un novillo
y el susto que se lleva se lo puede usted figurar.
--¿Y que otras personas iban a
la finca además de los relacionados con la fiesta?
--Un día se presento Fleta,
y estuvo cantando después de haber toreado también.
Aquella vez se reunieron en la finca cerca de doscientos
coches.
--¿Y gente del extranjero?
--Venían algunos franceses empresarios
y aficionados, pues yo mandaba a Francia todos los años
dos o tres corridas.
--¿Cuándo cree usted que
ha habido más afición a los toros?
--Afición lo que se llama afición,
creo que cuando más ha existido ha sido desde la
época de Joselito y Belmonte, hasta el año
36, que ha sido la época de oro del toreo. Ahora
van muchos a la Plaza porque tiene dinero y van como irían
a otro sitio.
--En aquella época ¿qué
otros ganaderos estaban en boga?
--Muy en boga Santa Coloma, Parladé,
empezaba con buen éxito el conde de la Corte, Murube,
Miura, Pablo Romero, Saltillo... Aquí en Salamanca
los hermanos Pérez Tabernero: Graciliano, Antonio,
Alipio, Argimiro, que éramos los que copábamos
el abono de Madrid y todas las extraordinarias. Ibarra
era ya de Parladé.
--¿Y los toros de entonces?
Me gustaba más que el de ahora
aquel tipo seleccionado de toro de 280 a 300 kilos. El
ganadero, entonces, lo era por afición, no por
mercantilismo, como el de ahora; por eso, como no era
negocio, tenia más escrúpulo en el desecho
y era más consciente de su responsabilidad y se
llevaba el reglamento a rajatabla, y no se daba el caso
que se desechara ningún toro.
--Pero también había multas.
--Existía la multa, pero se
daba muy pocas veces el caso de que esta tuviera que aplicarse.
Hoy el toro parece mas bien un juguete que el publico
acepta; pero si no tratan de arreglar esta acaban con
la fiesta, pues el verdadero aficionado empieza a quedarse
en el café para no tener que pasar berrinches.
--¿Y en usted perdura la afición?
--La misma afición corregida
y aumentada, y si me fuera posible volvería enseguida
al palenque. También por Pilarin, mi hija, que
no puede vivir sin el campo: acaba de venir estos días
y ya está preparando los cartuchos para irse de
caza.
--¿Cuánto cobraba usted
por una corrida don Paco?
--Una corrida de seis toros, para plazas
de primera 18.000 pesetas, y más arreglada, de
12 a 15.000 en plazas de segundo orden.
--¿Qué opina usted de la
suerte de varas?
La suerte de varas, aunque parezca
un poco bárbara, está bien hecha para ver
si el toro es bravo y para que acuda a la muleta, pero
con toros que se pueden picar, ya ahora es un crimen,
pues el ochenta por ciento de los toros de hay son más
propios para novilladas sin picadores.
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