La palabra poética de Luis López Álvarez (La Barosa, León, 1930) es particularmente original dentro del marco de los poetas de los 50. Con su tercer poemario, Las Querencias (1969), hace entrega de un total de treinta y siete sonetos de impecable factura clásica. Con el romance Los comuneros (1972) logra un insospechado aliento épico.


RUEDO


Recorro sin cesar, registro el ruedo,
sin encontrar salida a la existencia;
y si busco detrás mi procedencia,
contra la puerta del toril me quedo.

Al acercarme a mí fingen denuedo,
miden mi arranque, espían mi querencia,
si en las puyas se crece mi potencia,
si al provocarme me hundiré en su enredo.

Sin dejarme castrar dejé el rebaño,
en las tablas topé, a por la carne iba,
embestí hacia el color, hallé el engaño.

Mas toro soy y seré, mientras que viva,
y asumo ese destino, aunque algún año,
creyendo dar la muerte, la reciba.

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